Alejandra Boero (Rafaela, Santa Fe)
- poesiaon

- 9 abr
- 7 Min. de lectura
Por Catalina Boccardo
Los viajes escriturales de Alejandra Boero
Alejandra es poeta. Desde su ciudad natal lleva adelante la edición digital Gilgamesh, un gran archivo de poesía argentina contemporánea. Y basta conocer el espacio de su biblioteca privada, para entender su pormenorizada y amorosa tarea de lectora de distintos géneros literarios. Allí nos vamos cruzando algunos poetas que viajamos cada tanto, debido a la movida literaria rafaelina, con la cual la autora está comprometida. Boero ha publicado tres títulos de poesía, no hace tanto, en el 2025: Desarmadero, Saudade y Otomana.
Vamos a hablar.
De poética.
Digo.
Hablar.
Del tratamiento directo.
De la cosa.
La miel, por ejemplo.
de la importancia,
o no,
de la flor.
Quién recibe el perfume.
El néctar del elogio,
a quién se entrega.
¿Por qué la poesía en tu vida (de formas distintas)? Cuánto tiempo investigativo lleva la edición de la página de Gilgamesh (que, ahora, coordinas sola). Cómo te involucraste en este proyecto. Y a partir de qué pautas seleccionas a los, las, les poetas invitados. Tus cuestionarios son detallistas, informados.
A. B.: La poesía me acompaña desde las nanas de mis abuelos piamonteses, los kamishibai de la señorita Alda en el preescolar y los recorridos que, en mi época de estudiante secundaria, me propusieron mis profesoras de literatura. Ese fue el comienzo de esta obsesión que continuó con búsquedas compartidas y que se fueron amplificando y complejizando. El por qué está en las palabras-ritmo-sentido que me sostienen ante las preguntas sin respuestas frente al absurdo de este mundo y ante el contrapoder de la lengua. La literatura y la poesía en particular han sido siempre el refugio y la mano tendida ante la fragilidad y el desconcierto de esta vida, otra vez esa pregunta-puente-fuente. Siempre, siempre lo que la palabra puede y mucho más lo que no y aun así lo que surge, lo que habilita. Gilgamesh nace del amor. En 2020 nos encontramos con Alejandro Michel y él me propone hacer realidad uno de sus sueños: otro espacio para reflexionar sobre la poesía y visibilizar a sus artífices. Fue una sinergia de lecturas, de inquietudes, de maneras de conectarnos con la escritura y con los poetas que estaban en nuestras bibliotecas y en nuestros contactos en las redes. Gilgamesh nació como un anhelo en nuestros primeros Messengers (desde Rafaela a San Telmo y viceversa). Y empezó a tomar forma el 7 de diciembre de 2020, el día en que nos conocimos personalmente y supimos que muchos sueños y anhelos podíamos hacerlos realidad. Fueron meses de discusiones, de listas y lecturas y mails a quienes sabíamos iban a ser nuestros primeros convocados: poetas cuya trayectoria veníamos prestándole atención. Un punto fue claro: no solo iban a primar nuestros gustos personales, sino las voces que nos desafiaban a abrir el horizonte lector y cuyas búsquedas dijeran sobre el trabajo con nuestra lengua, con nuestro tiempo, con nuestro territorio. Este trabajo amoroso, aunque suene cursi, ocupó mucho de nuestro tiempo y sigue ocupando mucho del mío. Incluso del tiempo que debiera dedicar al trabajo que paga mis cuentas mensuales. Gilgamesh al igual que mi otra escritura se siguen gestionando en mi lugar de trabajo: el comercio familiar de venta de hierros. Recuerdo que Matías Aimino y Javier Galarza, poetas queridos, me decían un poco en broma, un poco en serio: ¨pasás de la Biblioteca de Babel a la Forja de Vulcano abriendo una puerta¨. Así continúa…
A partir de lo anterior, me surge la pregunta de tus preferencias autorales, inspiradoras de tu escritura…
A.B.: Si bien al momento de escribir no hay lecturas en las que me apoyo (y soy consciente que todas mis lecturas trabajan a mi favor), hay escritores (no solo poetas) que me son afines a la hora de pensar el trabajo poético. Pienso, como ejemplos, en Hermann Broch y su lirismo filosófico, en las ¨acuarelas poéticas¨ de Basho, en Javier Galarza y su poética de la intemperie, en la falsa sencillez de Carlos Battilana, en la radicalidad y crudeza de Annie Ernaux, Ana Arzoumanian ante lo femenino, y en la poética del duelo de Joan Didion o Heléne Cixous.
Pasemos a tus libros publicados: sus ediciones son artesanales, bellamente fabricados. ¿Importa la estética, cómo llegás a esas editoriales? Contame sobre esta selección.
A.B.: Llegaron a esa instancia de publicación, como todo lo importante en mi vida, a través del afecto. Conozco a Emanuel Marty y a Inés Roldán como amigos que venían a perderse y a compartir en mi biblioteca personal. Emanuel estaba trabajando en su editorial independiente «Un Budha» y me propone llevar mis pdfs al papel. Inés es la artista detrás de las portadas y contraportadas. Me importa lo bello y la estética es parte. Parte también del sentido de esos textos que se venían escribiendo desde 2017 de manera consciente, porque todo lector escribe desde que comprende qué es leer, lo que eso implica en lo personal, en lo vital y esta escritura lleva décadas.
Una pregunta con varias partes: ¿Cómo es el público lector de poesía en Rafaela? ¿Ávido, selectivo, buscador de poetas rafaelinos, de otros lares? ¿Es Rafaela, con una movida cultural muy interesante (me consta), una ciudad alejada de los grandes centros del país de alguna forma? ¿O la ves como parte integrante del complejo literario de nuestro país, por lo que la geografía sería un dato menor, más en tiempos digitalizados? Pienso que siempre hay alguna singularidad regional, hemos charlado, pero quisiera que vos, con tu trayectoria, te explayes sobre las particularidades que consideres.
A.B.: En el este público lector, dentro del cual me incluyo, hay avidez y hay ganas de ir más allá de la lectura en solitario. De estos modos aparecieron colectivos de lecturas y escrituras compartidas, los ciclos de poesía y narrativas, el festival de literatura que se discontinuaron a raíz de la pandemia. Y grupos de escritores, editores, lectores (que como en todos los rincones del país generan preferencias, disidencias y guetos) que arman «su cuarto propio» desde la autogestión y en no pocos casos con el apoyo de La Comisión para la Promoción de la Cultura de la Municipalidad. Gracias a esta comisión hemos podido ofrecer propuestas literarias y no solo (es muy reconocido el Festival de Teatro de nuestra ciudad, la Bienal de Arte) que están a la altura de lo que vemos en los centros “¿hegemónicos?”. Además de lo literario tenemos un Centro de Artistas que promueve las actividades de los artistas plásticos locales y dan cabida a lo literario. Y centros culturales públicos y privados que trascienden los límites citadinos. A pesar de las contingencias socio-políticas, por todos conocidas y sufridas, los actores no dejamos de generar proyectos y subirnos a la palestra a decir nuestra palabra. En ¨tiempos de intemperie¨ las ganas no merman. Lo vemos a nivel ciudad y a nivel país.
Soy el cortafuego,
la aguafiestas,
lengua de serpiente
bífida lengua
que como látigo
amansa
y enloquece
al ángulo recto
a la circunferencia,
la hectárea
de tierra
en disputa,
la lengua de tierra
que abona
la rabia
en días de fiestas
y de guardar,
la letra en la hoja
que cae
tan cerca del árbol.
(Inédito)
Desarmadero, qué podrías decir al respecto del poema que abre el libro.
A.B.: Desarmadero abre con el primer poema con el cual sentí que allí había una escritura a recorrer y a trabajar. También el primer poema que hace que Alejandro Michel se acerque a mi poesía y a mi vida. Yo venía intentando el camino de la escritura desde 2017, con mucha cautela y sin pensar en obra, libro o ediciones, solo poner en acto un deseo postergado muchos años. Aquí se juegan muchos planos de armado y desarmado vital, intelectual, un inicio y un tropiezo con un material en el que necesito insistir.
Otomana implica una investigación particular, ¿cómo surgió? Tuve que ir por las referencias que aparecen en los títulos, meterme en el mundo que proponés.
A.B.: Otomana fue un viaje literal antes de ser escritural. Como todos los de mi generación fui educada desde el eurocentrismo y cuando tuve la posibilidad de conocer lugares que se desmarcaban de ese paradigma quedé fascinada por su cultura refinada, hospitalaria, ritual. Conocer ciudades como Estambul, Bursa, Konya, en Turquía, fue una epifanía. Allí entendí los porqués de mi identificación por culturas tan lejanas a mi clan de origen piamontés (Al Ándalus, el Magreb, Sicilia, Egipto, ¡Persia!), de mis lecturas de adolescencia, de mi deseo de recorrer esas geografías, algunas de ellas pendientes al día de hoy. Otomana es un homenaje a una ciudad en particular, a una cultura otra que siento propia, y lo más importante, la posibilidad de encarnar y trabajar una voz poética nueva. Los títulos fueron parte de ese trabajo con la lengua, de ese poner al lector en un lugar de búsqueda y de apropiación de lo desconocido.
Pacto
Habré de recomponer el mundo.
Tomar, una vez más,
Los atajos que cruzan
y sostienen
los jardines de mi ciudad.
Llamar a la otra,
a la alfarera.
Dar paso a la escriba.
Entro al silencio.
Oigo el ajetreo, las puertas,
los cuerpos a ras del suelo.
La tela, escucho,
el hilo por el ojo de la aguja.
Los trazos de otro
en mí
destejen
en el antiguo telar
callado.
Cómo van tus nuevos proyectos de escritura. ¿Podés contar algo sobre estos intereses?
A.B.: Estoy con un nuevo poemario que va más atrás en el tiempo, más hondo en mi historia familiar y con un trabajo del lenguaje más crudo, más visceral. Pero al igual que en mis libros anteriores, cuando llego a la hoja en blanco hay una invitación a dejar que la lengua insista, resista y fracase mejor. Acepto que lo que escribo venga más de lo inconsciente, me gusta este viaje, lo disfruto muchísimo. Ojalá lo esté logrando.
Alejandra Boero: (Rafaela, Santa Fe, 1968). Prof. de Lengua, Literatura y Com. Social; poeta; editora de Gilgamesh: poesía y poéticas. Libros editados: Desarmadero, Otomana, Saudade (todos en Unbudha ediciones). Colaboradora en revistas Cine y literatura, Santiago de Chile, eXtramuros Uruguay, entre otras. Muchos de sus poemas están pendientes de publicación.


