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Cristián Gómez O.

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Actualizado: hace 2 días

POÉTICA DEL PRISIONERO

MÁS UNA CITA DE GASTÓN AGURTO


 

Les aseguro que el próximo poema

lame su pelaje como un minino

que ignora por completo que lo estamos

observando hace más de una hora.

Les aseguro que el próximo poema

hace el mismo tipo de ruido blanco

que el refrigerador a punto de echarse

a perder. Les aseguro que el próximo poema

se apareció un día en medio de las montañas

para que la gente quemando incienso a su alrededor

lo adoraran como si mereciera que lo adoraran.

Les aseguro que el próximo poema

todavía sabe poner el mantel sobre la mesa

y doblar las servilletas como lo indican los manuales

que uno aprende de memoria antes de tomar el control

de un avión que se estrella todos los días.

Les aseguro que si estuviera en mis manos

el próximo poema tendría un aire de confesión murmurada

al oído de quien no esperaba enterarse, al menos

no de esa manera, de que el oleaje imita

aunque no se atreva a confesarlo

el ir y venir de los brazos de una madre

meciendo a un hijo que no quiere

pero que de todos modos tiene que dormir.

Los estudiantes y las estudiantes de las instituciones

de educación superior ingresarán decididos a conocer

cuál era el seudónimo que usaba Gabriel Mistral. Los doctores

y las doctoras que van a visitar a los enfermos, cargarán

un maletín donde todos los instrumentos para medir la temperatura

llegarán siempre al mismo resultado y los que pregunten

por el nombre de la bailarina delante de sus ojos

tendrán que conformarse con la cerveza

delante de sus labios: no es un camino a seguir

ni tampoco un enigma a descifrar,

pero no cualquiera acepta el mediodía

encerrado en la canícula del patio:

los guardias te apuntan por costumbre.

Y el sol imperdonable tampoco

te perdona.

 

 

 

DISCURSO FINAL SOBRE LAS ARMAS Y LAS LETRAS

 

 

  

Ofrece la otra mejilla aunque nadie

lo haya ofendido, bíblico sin que sea

necesario multiplicar esos peces

 

porque fiestas hubo y fiestas habrá

donde la escasez sea motivo

de orgullo y coherencia

 

            ante los embates que la realidad

no pone delante de nosotros, aunque

sí los disfrace de postes del alumbrado público

 

dispuestos a ser apedreados.

Y camine sobre las aguas sin invitar

 

a ninguno de sus seguidores a que lo imiten,

no hace falta el modelo para que se derrumbe

 

            el camino que sinuoso lleva hasta él,

 

la trampa eran las ricas herederas

sobre las cuales leímos decimonónicos

novelones pero nunca nunca nunca

 

                        llegamos a toparnos con ellas,

 

a lo sumo en el Estadio Nacional la noche

en que vino el Papa, un número de teléfono

 

de alguien cuya situación sospechosamente

era idéntica a la de nosotros, un examen

 

objetivo de las fuerzas reunidas

concluiría que la once en esas casas

 

era el primero paso para forjar el universo

& gazmoños concluir que alguna oportunidad

 

            tendríamos si aprobada por el comité

nuestra petición de sentarnos juntos en el sofá/

            resultaba: pero algún día

 

la poesía será escrita por todos

predijo y más que nada nos inculcó

 

aquel que no llevaba un diario de vida

sino que tomaba apuntes en las servilletas

 

            con las cuales limpiarse el hocico

            porque sería muy feo hacerlo con el mantel:

 

villancicos en memoria de un futbolista muerto,

tempestades a la hora de la cena y una música de cámara

sometida a esas pruebas de la blancura

 

que de racistas lo tenían todo, aunque no era

llegar y confesarlo, primero había que dar un contexto,

 

primero hay que hablar delante de un auditorio

saltando sobre las brasas esparcidas en el suelo.

No recuerdo en cuál libro de la Biblia

 

esta parábola era el viento que soplaba,

pero también lo que arrastraba el viento,

 

pero si tú no la recuerdas

debe ser un problema de la traducción:

 

donde decía banderas ondeando en el horizonte

ahora se lee lavasecos operados por inmigrantes sin papeles,

 

donde decía que el agua de los lagos reflejaba esas banderas

ahora se lee una historia llena de personajes secundarios

 

sin que nadie se atreva a contarla. El significado es el mismo,

pero el camino es más largo. El autor no es anónimo

 

ni tampoco tiene nombre y en vez de bañarse en una alberca

levanta la tapa del motor para comenzar desde cero.

 

Y no sabes si ese papel delante tuyo te recuerda

los poemas de Safo o los endecasílabos modernistas

 

que todavía intentas imitar cuando sales al campo de batalla

premunido de un mapa y un tesoro

 

para que salgamos a buscar, como de costumbre,

lo que tenemos en la mano: prende un crucifijo

 

o una metralleta, pero no te dirijas al enfrentamiento

sin haber inscrito sobre tu escudo

 

el nombre de quien tienes en la lengua

y ojalá, algún día, en la memoria.   

 

 

 

EXTRAVÍOS

 

 

 

 

Todavía sigue en pie

el hotel de París donde Vallejo

vivió una temporada con Georgette.

Las arañas de rincón representan la nostalgia de infinito.

Mis amigas ya son abuelas, pero mis amigos

siguen haciendo el mismo tipo de comentarios

que hacían después de levantarse del suelo,

jurando que no volverían a tomar.

La nieve cubre nuevamente la cordillera,

y me pareció que a alguien podría interesarle:

los gatos se escuchan por la noche

cuando uno espera la llegada de los malandras

de los que es imposible seguir culpando al régimen.

Los fuegos artificiales ya no son juegos de niños.

La medicina es un campo minado, pero el paisaje no

tiene la culpa de los adjetivos que sus fanáticos

le cuelgan, tal vez lo que quiero decir no sea más

que esto: haría falta un soneto a la luna,

un auto de fe para enjuiciar a los que intentan

respirar bajo el agua, a los intentan apoyarse en el viento,

permítanme elogiar a los que ven en el humo de las fábricas

el nombre de los que las mantienen funcionando:

las espléndidas ciudades son una farsa

cuando sólo se respira con los pies.

Hay que pagar el arriendo, hay que dejar

escrita la tragedia de estas hojas.

La gramática no guarda ninguna relación

con que hayamos mirado las estrellas.

Los que saben lo que quieren

van al quiosco y lo piden con buenas

o malas palabras, los que a orillas del mar

dejan que las olas toquen sus pies

y conducen mirando por el espejo retrovisor

para entrar a su manera en el porvenir

aparecen en una añeja fotografía

asaltando el Palacio de Invierno: la compré

en una feria de antigüedades que es donde se

consiguen ese tipo de documentos.

También encontré: el acta de matrimonio

del modernismo con las vanguardias,

la dirección del Zambo Verástegui en el cielo

y la receta para transformar

el agua en vino tinto. Pero créanme:

a nadie le he lavado los pies

después de escuchar mi condena. 

Ni he tirado del mantel con los cubiertos encima.

Ni me dejé castigar por los que deberían haberme castigado:

mojé las estampillas, envié las cartas.

Y ante la llama encendida recordé que toda ley es severa.

Y sólo piedra entre las ruinas, jeroglífic0s

en lugar de señales de tránsito:

banderas negras flameando de noche.

Pedí tregua y me dieron agua.

Pedí agua y se ofendieron.

Pido perdón pero no me escuchan.

La cordillera permanece impertérrita.

Con un poco más de nieve o tal vez con un poco menos

la cordillera de Los Andes permanece impertérrita. 

 

 

 

Cristián Gómez O. (Santiago de Chile, 1971). Poeta y traductor. Ha publicado, entre otros títulos, Alfabeto para nadie (Ediciones Fuga, Santiago, 2008), La casa de Trotsky (La isla de Siltolá ediciones, Sevilla, 2011), La nieve es nuestra (Ediciones Liliputienses, Cáceres, 2012, Ediciones Luces de Gálibo, Málaga, 2015), El hombre de acero (Ediciones Liliputienses, Cáceres, 2020), El libro rojo (Ediciones Aparte, Arica, 2023), Yo, Norma Desmond (Editorial Deriva, Santiago, 2024) y El incendio del Reichstag/Burning of Reichstag (Editorial Ultramarina, Madrid/NY, 2024). 

Tradujo los libros Cosmopolita (Ediciones Liliputienses, Cáceres, 2014) y Ciudad modelo (Ediciones Liliputienses, Cáceres, 2018), de Donna Stonecipher, además de la antología Una vida nueva detrás de los andamios (Editorial Descontxt, Santiago, 2024), Yo solía decir su nombre, antología de la obra de Carl Phillips (Editorial Aparte, Arica, 2022) y de Mónica de La Torre compiló y tradujo Feliz año nuevo (Ediciones Luces de Gálibo, Málaga, 2017). Junto a esta última, publicó la antología Malditos latinos, malditos sudacas. Poesía hispanoamericana made in USA (Ediciones El Billar de Lucrecia, D.F., 2009). También es autor del libro de ensayos La poesía al poder: de Casa de Las Américas a McNally Jackson (Editorial Cuarto Propio, Santiago, 2018) y editor, junto a Luis Arturo Guichard y Jannine Montauban de Lecturas del Equilibrista. Reflexiones en torno a la obra de Eduardo Chirinos (Renacimiento, Sevilla, 2024). 

Fue miembro del International Writing Program, de la Universidad de Iowa, y Writer in Residence en el Banff Center for the Arts, en Alberta, Canadá. Recibió el Premio Municipal de Literatura 2025, de la Municipalidad de Santiago, por su libro Yo, Norma Desmond

Es profesor de literatura latinoamericana en Case Western Reserve University, en Cleveland, EE.UU., donde también reside. Co-dirige, junto a Edgardo Mantra, la editorial de poesía en traducción 51GLO V51NT1Dó5, de México. Es Associate Editor de Cardboard House Press.



 

 

 
 
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