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Gabriela Troiano

  • Foto del escritor: poesiaon
    poesiaon
  • 31 mar
  • 6 Min. de lectura

Antología poética


Aibreán: abril

 

17

Escribo para soportar la sombra de otros

La hoja en blanco será mi más sincera escritura

 

20

Cuando mis padres se instalaron en Galway

viajaba hacia las ruinas.

Hay quienes ven en el pasado bandadas de pájaros

pulverizando el horizonte.

Pero yo las dibujo una y otra vez flameando

como banderas después de la victoria.

 

¿eran pájaros o el eco de un pueblo dormido?

*

Mi na Bealtaine: mayo

 

27

Entre roca y agua llevamos celosos la herencia del bardo.

No soportamos tantos poemas diluviando

en nosotros

y los lanzamos a la garganta de Lir.

*

Meitheamh: Junio

 

5

Me despierto con el único propósito de escribir este diario.

El granjero mira unas gotas de lluvia golpear contra la

hojarasca y sopla esa ventisca semejante al olvido.

Tal vez esté cayendo para dejar un rastro que se evapora

 

Debo cuidar mis pensamientos como una reliquia,

Debo imprimir un sello sobre la historia.

 

6

Conozco la densidad inhóspita de su nombre, esa suerte

del zorro que ya no verá el día, el crepitar de la madera

que está por arder.

Quisiera penetrar en aromas de este suelo profundo,

pero la vida es un espasmo entre luz y tormenta.

La neblina me susurra

Yo guardo los secretos

y no deja de expandirse en el bosque de avellanos.

 

22

 “Y yo que muerdo la frontera de la seda y la espina.

A veces entiendo el sentido de la fortaleza y el despojo

y tengo esa esperanza del viajero

su finitud siempre con alas abiertas

entre el amanecer y el ocaso.”

*

 

Mi Iúil: Julio

 

9

Una vez me vi morir. Imaginé mi cuerpo cayendo desde

los acantilados de Moher.

Sentí la adrenalina de toda la vida en un segundo.

Capté, en ese instante, millones de espíritus lanzándose

al abismo.

 

12

Nací herida por una espada, de un fragmento inusual

emergido de la historia.

Pero ahí estaban, zurcidas con hierbas lejanas, las manos

de mi madre, desprendidas de la noche para aquietar las

estrellas dolorosas de mi piel.

 

Mí Eanáir: enero

 

1 (Recuerdo de 1846)

 

El hambre camina a rostro descubierto sobre el campo

toca las siembras con su dedo negro

sonríe entre las tumbas

quién llora

quién vio la expresión más desnuda del hambre

por qué gritan esos niños

Los hambrientos tienen frío

como un perro que bajo la tormenta

cava un hoyo en busca de refugio,

destroza el cuerpecito de una laucha

y continúa lleno de vacío

Digo

el hambre arranca de cuajo los sueños

no deja ni la raíz

y ya nada te cubre de nuevo

Qué música suena en todas las casas

...

si afino el oído ahora

llega hasta mí un himno metálico

resonando en lujosos salones

pero los señores sonríen

 

-en su mundo la cortesía distingue realidades-

cierran las puertas

 

y permiten que Ella haga su trabajo.

 

22

Vivo en un mundo donde los objetos pertenecen a otro

tiempo.

¿Hay una ley natural que transforme lo que vive en la

memoria?

Acudo siempre al recuerdo de una niña que adelanta su

carrera hacia el muelle.

Algo me espera allí: ¿la corriente del río en mis ojos?

¿Una barca vacía?

¿o esos peces que nunca serán del fuego?

Éire, Al filo ediciones, Buenos Aires, 2018

 

 

Canto al sueño I

 

Afuera quema el sol.

Eterno mediodía sobre el mundo. Eterna la luz

sobre los pájaros que caminan hacia el fuego.

Y en el sueño, hondos mares.

Detrás de estos ojos, las ciénagas,

su flora acuática. Lo que sucede en la quietud.


La sombra de la lluvia ofreciéndome reparo. 


-------- 


Dentro del sueño, otro sueño es la llama:

el objeto y su existencia elemental.

Todo parece sosiego allí,

reducirse al esqueleto de las flores. 


Carbonilla que deja el instante.


 -------- 


¿Qué furia del rayo no ingresa

sino con su golpe?

No es suave lo que expulsa la carga.

Una tormenta cae porque es aliento,

sigue un curso nuevo, si encuentra cauce.

La lluvia destierra un rayo breve entre sus gotas.

Apenas logra un roce con la carne,

ese temblor original ante el peligro.


Canto al sueño III

Para encender el fuego, no talarás el bosque.

¿Cuál?, ¿el que simula un verano constante?

¿dónde la vista se desoja para encontrar la llave?

Sí, ese, el de la razón.

En el sueño, su madera no está muerta,

pero no canta. Se vuelve inútil.

 

-----------------------------


La vista es el sentido del sueño.

Para habitarlo, debe cerrarse al día,

abrirse a la noche.


-----------------------------------------


Veo el despliegue de mi ruina.

Vastísimo es lo que transcurre bajo

esta siembra.

Imposible arrancar el tallo

de lo que extiende su semilla.

-------------------- 

Puedo ver el río más veloz que cualquier otro.

Sumergirme y repeler todas sus gotas.

El agua, en el sueño, no es como aquí; 

puede ser un abrigo, aun en su disfraz de sombra.

 

--------------------------


¿Habrá un descanso para los ojos?

En el sueño, quien se tapa los ojos

también ve. *


----------------

Todo se agita allí, dentro.

Se desliza en túneles cavados

por un principio inmemorial.


-----------

 No hay aciertos ni errores.

Sólo una danza sin tiempo

¿El lodo?


 --------  


¿Debo ser una ermitaña?

¿Morir entre pájaros y ciervos?

¿No ser cantada por nadie? 


--------


 No ser cantada por nadie

¿es no haber existido?

 

 

Para encender el fuego, no talarás el bosque.

¿Cuál?, ¿el que simula un verano constante?

¿dónde la vista se desoja para encontrar la llave?

Sí, ese, el de la razón.

En el sueño, su madera no está muerta,

pero no canta. Se vuelve inútil.

 

-----------------------------------------

 

 

Volátiles hojas, selladas hasta en el barro.

Todo es ágil

cuando le debemos nuestra imaginación al silencio.

 

-----------------------------------------

 

 

La marca invisible es la que permanece.

Su brizna nada tiene que ver con la brizna,

tensa como una espina que no ha rozado el mundo.

 

 

Canto al cuerpo solar, Barnacle, Buenos Aires, 2021

 

Espalda contra espalda, el durmiente y el despierto.

Una franja de infinito es el soñante. Orilla de tierrazul.

Y el poniente que nunca alcanza.

Médanos de luz sobre los ojos.

Médanos de luz para un animal de sueño

 

+++

 

Darle la espalda al sueño. Caer como infinita hoja del infinito

otoño. Verse tierra y bostezar el polvo que, en supuesto

camino, nos llevaría al sueño.

 

+++

 

Ojo que sigue el curso de un río desconocido. Borroso camino

para el soñante. Blandísima existencia de tu pensamiento. Y el

ojo que sigue su curso: neblina, campos deforestados. ¿Por qué

la casa ya no es nuestra? Tan bello el paisaje.

Ciudades de hadas en ruinas. Huecos altares sin mundo debajo.

 

+++

 

El durmiente se dispone a crear en la supuesta nada de sí.

Surgen seres de agua. No es posible otro elemento, otro

devenir. No es posible habitar la bondad de la sombra bajo

el sol de la vigilia.

 

+++

 

Dentro del cuerpo hay una nota primordial. Alarido que la

noche engendra. Aire y bienvenida para las aves del durmiente.

Primavera en el desierto y lo subterráneo. Primavera de la

música. Glaciar de dioses. Río estrepitoso. Cima.

 

+++

 

¿Y si el despierto quisiera lamer con su lengua de sol el pelaje

de la noche? Su yo animal es frágil ante los ojos abiertos. Su yo

animal se deshace como tierra seca en el vórtice del día. Ay, el

metal filoso atraviesa una sombra a la hora del alba. Búsqueda

del yo animal con palabras solares.

Comienzo y fin de la cacería es despertar.

 

+++

 

Cerrar el ojo es lamer tu yo animal. Saliva del sueño sobre la

herida. Oleaje rompiente contra los ojos. Lamer tu yo animal

hasta que brille como sombra. Lamer tu yo animal hasta hacer

visible el camino. Cierta distancia protege al durmiente.

Ah, escapa de la luz, yo animal. Salta de tu cuerpo-barca.

Tierra sin aire en tu pecho.

 

+++

 

Corazón peregrino del durmiente. Corazón, piel arrugada de

tanto sueño. ¿Has olvidado la piedra acaso? Caparazón para

flotar en la sombra. ¿Has olvidado la piedra?

Ah, vulnerado cuerpo-barca, cristal oprimido entre tu yo

soñante y tu yo despierto.

 

+++

 

Cuerpo en el alba del despierto. El nuevo sol desconoce tu

sombra. Sombra de los soñantes en la tierra. Sombra del

océano entonando su canto de abundancia. Este sol ignora y se

acerca a las almas moribundas, al yo animal que cazan las

oraciones, al yo animal de primigenia semilla. Cuerpo

moribundo y su devenir: ceniza dorada.

 

+++

 

Es el alma, acaso, quien despliega su cuerpo. Cuerpo reptil.

Cuerpo de ave. ¿Es el alma o su sombra? Su canto inmaterial

posado en la ventana del durmiente. Su ojo rodante entre la

sábana. Su ojo que asciende las paredes hasta el giro final.

Vagabundo ojo sin vías de escape.

¿Es el alma, acaso, ventana del durmiente

ojo-reptil-canto-cuerpo rodante?

 

¿Vagabunda sobra es el alma?

 

+++

 

Sonidos de la Gran Noche. Tono cenizazul encumbrado hacia

el olvido. Canta tu yo animal en el ocaso del soñante. Canta,

estampida animal, en el oído del durmiente. Contrabajo en la

orquesta del sueño. Umbral sonoro antes del alba.

 

Primera bondad de la sombra, Barnacle, Buenos Aires, 2023


Gabriela Troiano (Buenos Aires, 1980). Docente y narradora oral. Publicó Éire (Al Filo de la Palabra Ediciones, 2018), Canto al cuerpo solar (Barnacle, 2021) y Primera bondad de la sombra (Barnacle, 2023). Formó parte de la antología Poetas reptantes (Textos Intrusos, 2015) y El silencio organizado: poesía argentina contemporánea y sus consecuencias prácticas (Colección Sur, La Habana, Cuba, 2024)



 
 
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