top of page

Joaquín Giannuzzi

Foto del escritor: poesiaon
poesiaon
hace 3 días
38 min de lectura

Antología poética


 

De Nuestros días mortales (1958)

 

UVAS ROSADAS

 

Ese breve racimo

de uvas rosadas pertenece

a otro reino.

ace, sobre mi mesa,

en la fría integridad de su peso terrestre

mientras yo permanezco silencioso

imposibilitado

de oponer mi vida a su carnal exuberancia.

Casi con horror admiro allí

la dura tensión del agua

hacia la piel mortal

como una realidad insoportable.

He aquí un remoto acontecer:

todo transcurre del otro lado, fuera

del rumor insensato

de la existencia humana.

Comprendo que hay un límite

cuyo pasado en el tiempo

me está vedado

de modo que el puro conocimiento

sólo cabe en la mera travesura de la mente.

Más allá está la misma tierra

a la que regresamos como extraños;

en el racimo de uvas rosadas yace

la imagen de otro regreso

y este enigmático existir

dulcemente en el rosa

tiende a cumplir el ciclo

que comenzó, radiante, en el verde lejano.

Otros días transcurren

aquí, en otro espacio

que colmó la inutilidad

de una vida ocupada. Ajeno

a la región de las uvas permanece

mi estupor desalentado;

pero nunca la esperanza

tuvo mejor imagen que esto:

la travesía del límite

que da a lo secreto vendrá

de la misma costumbre de la luz

con que las uvas rosadas

van a entrar en la muerte.

 

 

A UN MONTONERO

 

Tenaces como piojos, en la tiniebla

de las bibliotecas públicas

suele haber hombres inclinados

hurgando en papeles antiguos;

rastrean allí algunos de tus días

que permanecen a oscuras, insolente

silencio en medio de la historia.

¿Qué hacías, por ejemplo,

el 13 de noviembre de 1821?

Oh, aquellos hombrecillos

emprenderían la fuga, en el terror,

si te hubieran visto al amanecer brumoso

junto al alarido de la batalla

o masticando la galleta

bajo la lluvia, en la noche.

Pero ellos no buscan imágenes

como si fueran al cine. Por lo demás

la palabra héroe ha terminado

precipitándose en el error.

Lo más importante es saber

por qué requerimientos

hundías hasta la sangre

las espuelas en tu caballo, qué remotas

justificaciones hacían

avanzar tus días feroces

entre nubes de polvo.

¿Son antiguas acaso

o extrañas las razones

del impetuoso desorden, el pavor primordial,

la liberación de tus huesos,

tu rotosa chaqueta azul, el hierro

de la tacuara o tu pólvora torpe?

Sin duda te fue concedido

lo justo, en abiertas y vastas

materialidades, donde la crueldad,

la costumbre del desierto y el cielo

te hicieron señor de tus propios

aconteceres. Después,

muerte con cara al barro

o el delirio en el catre, la fiebre

que te introdujo la bala, también estaban

en el seno de un orden

que ha resistido al tiempo

y a la falaz abominación de sí mismo.

Tus batallas giraron

hacia un silencio anchuroso

donde aún prosigue el sentido

que inició el galope de tus caballos,

y el aire también y las hojas

olorosas de América

que torna a mover el viento;

he aquí la abierta eternidad

en poder de tus huesos,

donde es vana la miseria

de toda interrogación: ¿qué sentido tuvo

para ti, para el mundo,

por ejemplo, la tarde

 del 6 de julio de 1820?

 

 

EL SAPO

 

Al pie del agua de un verde inmóvil

había un sapo que dulcemente vi

hace tiempo, en un verano,

y su forma contenía un posible mundo

desconocido, quizás semejante

a los vastos cielos de diciembre.

Pero el cielo mismo no se comprende en absoluto.

Estaba allí, reposado en la placidez

de su propia y espesa materia palpitante,

sensato como todas las cosas

que desde su centro aguardan

la disolución de sí mismas.

Me detuve y logré

alcanzar sus ojos con los míos

y pensé que, sin duda,

la perplejidad de ser estaba superada.

Consideré inútil otro

conocimiento. El sapo alcanzaba

una región más vasta,

no extraña precisamente sino

ajena, una manera

de sobrevivir lo exactamente necesario.

Precipitado, aventurado a la existencia,

como un sapo simplemente, más allá

de la belleza

que da paz y enloquece a los hombres

el único significado de todo eso

era la tranquila complacencia

de la húmeda piel verdosa,

vistiendo a un dios obstinado

en la razón secreta de sí mismo.

Me inundó un colmado sosiego

y desmentí

la náusea y la muchedumbre de sabios

que desde Thales de Mileto

inclinan hacia el error

el tumulto precipitado bajo la frente.

Ante esa vana fatiga

permanecía idéntico a sí mismo

e infatigable además

el sapo que dulcemente vi

hace tiempo, en un verano.

 

 

De Contemporáneo del mundo (1962)

 

 

E = M C ²

 

Einstein abrió la ventana

hacia la noche clara de verano.

El universo era demasiado

aún para un hombre como él.

Qué difícil meterlo en el cerebro;

los delicados muros

del cráneo le rompía, estremeciendo

los agudos, dramáticas finales

de los restantes huesos.

Extrañamente en ese andar había leyes,

pero la Ley era un escándalo secreto

una remota lucidez

cuyo sentido estaba huyendo

desde cualquier lugar hacia ninguno.

Se reveló, no obstante,

por gracia de este hombre

que abría su ventana hacia la noche,

una posible síntesis terrestre:

cabía en cuatro cifras tan culpables

que hacían sospechosa la inasible

profundidad del cielo: la muerte

quedaba desde entonces liberada

como esencial finalidad del cosmos.

 

 

EN LA MITAD DEL SIGLO

 

I

 

Cuando en 1950 cumplía treinta años

el poeta buscó el tema de su tiempo,

la palabra de hierro en la mitad del siglo

que diera testimonio de ese momento extraño

y ruidoso en la edad de sus huesos y el mundo.

Treinta años en 1950:

pero esa conjunción de objetivos y abiertas

responsabilidades nada significaba;

era como el casual encuentro de dos hojas

barridas por el viento distraído hacia el fondo

de una calle cortada por un muro casual.

Pero un hombre no puede, sin decepción, situarse

en el rito azaroso de días y de cosas

como en un movimiento que apenas le concierne.

Por consiguiente había una finalidad

en ese encuentro, una indefensa verdad

que el poeta asumía en un callado instante

de la noche y al margen del sueño de los otros.

Una cierta agonía debajo de la frente

daba un sentido irreal al hecho de estar vivo

en una especial concentración del mundo

encarnado en un sitio, un tiempo, una conciencia.

Fue necesario entonces, en mitad de ese año,

superar el bochorno de la mente, librarse

de la traición que daba un motivo engañoso

al paisaje de todo lo ocurrido y presente

corroído, enturbiado por el error y el miedo.

Para hallar la palabra que diera la medida

exacta de su tiempo, vio que correspondía

definir la tarea de tocar la secreta

coherencia que sin duda existía en el fondo

de todo esto, en la constante destrucción

y vuelta a la primera imagen de las cosas

fijadas en un cielo perpetuo de estaciones.

 

[...]

 

IV

 

Hubo un instante a ciegas cuando entendió la falta

de un punto estable donde dirigir con certeza

su visión disolvente. Sin embargo, ensayó

nuevos vasos y esquemas que asumieran el cambio

e incluyeran palabras en distorsión, mezcladas

de un modo deslumbrante como por vez primera

ultimando ejercicios poéticos caducos.

Fue una agonía nueva: el verbo de los años

pasados resistía como un diamante negro

los golpes y las uñas. ¿Donde estaba

la palabra de hierro, la palabra presente

testigo de la época en el centro del siglo?

Vio un linaje difuso, caído, terminado:

la raza de los suyos; sin salida y sin nombre,

girando en el vacío de un orden destripado,

sin nada que ofrecer a cambio de su tiempo.

Vio que no le incumbía obtener conclusiones;

la aventura del mundo se resolvía andando

sin otra explicación que su propio camino

que optando por el sol era a la vez principio

y regreso al motivo de sus operaciones.

El único entre todos entregado a su gracia

y librado a su suerte, su elección y sus huesos

era este poeta que asumía

la discontinuidad de una tierra triunfante

 

 

ESTE MUNDO, MUCHACHOS

 

Este mundo, muchachos, ¿no lo oyen?

reclama otra especie de poesía.

Remitirse a su injuria, incorporarla

al estupor particular de ustedes

no cuenta. El tema

del cuerpo propio, confesional,

y de la seca conciencia de sus parientes

 apenas tiene que ver

consigo mismo. El mundo

reclama dura claridad conjunta;

su mísera, su extraña, su ilegible

comedia al descubierto está pidiendo

objetivos avances de palabras

que superen, mutilen en el escándalo,

la neurosis del átomo de arcilla.

Porque es difícil; poco

puede adaptarse el mundo

a las curvas secretas de cada uno:

si las abres se aleja como un perro

sorprendido en la puerta; si las cierras

te golpea en la frente siendo ajeno

y a ti el error te pertenece siempre.

Este mundo, muchachos, quiere otra

especie de poesía. La estética

desde adentro hacia afuera

triste, podrida, incierta, tambalea

y en dirección contraria

vive ardiendo y camina la cuestión

el gran problema.

 

De Las condiciones de la época (1968)

 

FÁBULA

 

Abrumado por el tabaco y la cultura

y convertido en un engaño por su propia clase

estaba esperando la revolución

por la desnuda, terrible acción de los otros en la calle.

Pero detrás de los cristales

a cubierto del viento social donde toda culpa

entra en crisis con sus razones podridas,

resolvió que el cambio acontecía en las pequeñas mutaciones

permanentes del cielo y el polvo,

en el giro de la cuchara en la taza de té,

en las decepciones periódicas del hígado,

en la muerte de papá y de las moscas.

Inventó un poema con todo eso

y el resultado es una estafa a la vieja forma,

una lejanía cada vez más vergonzante

de un nuevo lenguaje que puede estallar en cualquier momento

 

LA HISTORIA EN LA CAMA

 

El súbito hallazgo de un verso

lo hizo saltar de la cama y salir disparando

a poner un huevo en la eternidad.

Eso creemos, mientras afuera, en la calle,

estallan como petardos las batallas temporales.

Después le fue difícil volver al dormitorio

donde la infinita posibilidad de la penumbra matrimonial

se había hecho remota.

Así alimenta el espíritu sus errores.

El espíritu busca, en círculos perfectos,

algo busca, girando

en medio de la alcoba. Pero un acto

no es una conclusión sino un origen:

un acto con materia, en sí mismo perfecto,

que engendra una música carnal y hace que usted,

regresando de la calle, traiga la historia consigo,

la introduzca en la cama y la haga marchar.

Pensé en Homero, Shakespeare, todos esos,

avaros, durmiendo solos

para apartar la belleza del tiempo.

 

 

ASTROLOGÍA

 

En un punto del universo ha estallado una estrella

y simultáneamente el equilibrio químico

se turba desconcertado en una célula de mi vecino.

De este modo el cáncer se instala del otro lado de la pared.

Si tengo una estrella para mí, por el momento

brilla estáticamente sostenida,

hasta que alguna mutación en su vientre llameante

determine un coágulo en mi historia personal.

No es que crea mucho en estas relaciones,

en el lenguaje prefigurado que torna dramáticas las constelaciones.

Creo sí en el deterioro universal,

en las fallas del mecanismo que no entraron en la cabeza de Kepler,

en el movimiento falso del músculo

en la cláusula ambigua del tratado de paz:

Dones de un mismo reino donde las proporciones son apenas un accidente

y la falta de sentido y de fidelidad lo único serio;

piedras en la vesícula, explosiones en el sol,

una chinche aplastada y una clamorosa colisión en la cabellera de Andrómeda.

 

 

 

ESCUCHANDO EL LAÚD

 

Escuchando en el laúd la nota antigua

uno ve poetas en el pasado pero no asesinos.

Ve la ingrávida sustancia incorporada

a la calamitosa energía de la historia

y esta confusión no termina de aclararse.

Increíbles poetas entre nubes de sangre

salvando a medias la verdad, dejando el resto

a la convicción del crimen general

como un error que debe soslayarse. Cómo

consiguió la belleza aislar las rosas,

construir un recluso jardín incorrupto

y dar materia a este cantor eterno.

Pero la estúpida crueldad y el martirio

no fueron cosas transitorias ni objetos irreales

que pueden apartarse como una falla terrestre,

una fractura en la roca, un paso en falso en el mundo.

Aquí están todavía, no en el mito

y a su manera se empeñan en dar música.

Las cuerdas siguen sonando en medio de la masacre;

la vida corporal de esta madera finamente curvada

es aceptada como un triste conocimiento.

El laúd rescata un engaño hasta el fin de los tiempos.

 

 

De Señales de una causa personal (1977)

 

 

ENSAYO DE LAMENTO INDIVIDUAL

 

Observando la indiferencia de este atardecer

sin duda hermoso pero demasiado impersonal para mí,

la cara solitaria se me entristeció

y nadie tuvo la culpa.

Y no tuve valor para salir

Y gritar a cualquier parte: ¡aquí estoy yo!

¡tengo un nombre, un apellido, un domicilio!

¡quiero una oportunidad, un destino para mí exclusivamente!

Nadie habría acudido, por supuesto.

Total, hace muchos años que no me ahorco

y a nadie le llama la atención.

Mi tragedia es tan poco decisiva

-un síncope entre dos bostezos,

un cólico no resuelto en el vientre-

que si me comprara un revólver fracasaría.

De manera que antes de estar técnicamente muerto

mi ideal sería convertirme

en un perro rabioso suelto en la calle principal.

Algo se pondría en marcha a mi alrededor,

una mutación en las cosas humanas por mi causa

y hasta el mismo atardecer

no desdeñaría mi persona como punto de referencia.

 

PAISAJE URBANO

 

Con mis piernas surcadas

por una especie de fracaso placentero

y una perspectiva de huesos lentos,

desde la ventana del bar contemplo esta furiosa esquina

donde los átomos se han enloquecido

y se cruzan interminables ríos de motores.

He aquí el mundo

componiendo una música tan excesivamente humana

que un accidente no modificaría la situación.

Yo bebo una cerveza y me pregunto

si valía la pena, si necesitábamos este tumulto,

si este vértigo de la materia triturada es digno de nuestra fe.

Me pregunto también

si está incubando un orden distinto, una desconocida naturaleza,

donde puedan instalarse los jardines

que giran prisioneros por mi cerebro irritado.

 

MEDITACIÓN DETRÁS DE LOS CRISTALES

 

Cuando mueves la cola

aplaudo públicamente, pero en privado

escucho una nostalgia

que nada puede decidir. Tú

en la unánime calle, yo

detrás del vidrio de la ventana

y de mis anteojos. Cada vida en su lugar

y todo el mundo en el mundo.

Tú andas

felino libre viento joven

en plena oportunidad carnal de la luz

entre la gente que silba y entusiasmas

con tanto porvenir. Yo

en mi rincón tabacoso,

repasando mis pulgares, con cierta

inteligencia práctica respecto al pasado

y mi presente reumatismo especulativo.

 

 

FRANZ KAFKA EN EL SANATORIO

 

El mundo parecía en orden fuera de su cabeza,

el cuarto del sanatorio, la vana imprecación

de las pócimas, el vaso con flores desoladas.

El médico, de pronto, se volvió absurdo

al insistir mecánicamente hacia su pecho

buscando un latido perdido, un lenguaje en la oscuridad.

Entonces lo apartó con una cólera triste,

la sombría fatiga que siempre había ordenado

ademanes tan delicados para amparar su destierro.

Todos los que lo amaban estaban allí

moviéndose detrás de la puerta

o precipitándose en oleadas hacia el remoto rostro

parloteando preguntas sin salida,

en el mejor estilo judío.

Pero allí se limitaba el mundo

a encarnar los intensos silogismos de sus textos

y al mismo tiempo confirmaba su poesía

en un código monótono y fragmentario de marionetas.

Toda esa agitación ¿quién la necesitaba

sino la voracidad de vivir al precio de cualquier vergüenza?

Un moribundo muy especial, hermoso como un condenado,

quizás con abundantes pruebas acerca de lo secreto,

desapareciendo, contra toda lógica, en un cuerpo pequeño.

 

 

LLUVIA EN EL JARDÍN

 

He observado el comportamiento de las mariposas

sorprendidas por la lluvia en el jardín.

En vano buscaron refugio bajo las hojas

y en la profundidad de las flores.

Pero una de ellas se elevó

hacia las nubes sombrías

y eligió la muerte en el rayo

perdida la memoria de la especie.

Yo fumaba en la galería, tendido de espaldas;

yo sobrevivía tranquilamente, ensayando

mi oficio de holgazán, mis vacaciones metafísicas,

aunque también pensando

qué clase de muerte, qué modelo de sepulcro

podría convenir a mi exclusiva historia personal,

la especie de pena que me correspondía.

 

 

NOTICIAS

 

Cuando la comedia humana se pone movida

los periódicos

abundan en golpes de estado, huelgas generales,

crímenes, bodas, insurrecciones y muertes terribles.

Del basurero de la historia no colman la medida.

Sin embargo,

¿quién consagró estos hechos?

 

Esta mañana el viento

golpeó en algunas ventanas.

Un hombre y un perro cruzaron la calle.

María reclinó la cabeza a las tres de la tarde.

Nadie contó estas verdades.

 

No hay sucesos pequeños.

En el taller de mi esquina, cuando amanecía,

un obrero puso en marcha un motor.

Nadie habló de ese gesto oscuro.

Pero a partir de entonces

infinitas cosas se pusieron a funcionar a causa suya.

Así, de simple y rico,

y tan fecundo hacia distintas direcciones

el menor movimiento de tu mano.

 

 

LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS

 

A medianoche mi oreja de intelectual

giró hacia un rincón de la cocina

donde una rata aplicaba a un hueso

un trabajo tenaz de músculos y dientes.

Nada tuve que agregar sino un saludo respetuoso

a ese obrero que sabe lo que quiere.

Todo lo justificaba, todas las obras del mundo

seguían despiertas como un día inacabable,

mientras el deber de estar vivo continuaba

en mis uñas, mi cerebro,

por encima y debajo de las tumbas,

en los océanos y en las constelaciones.

 

APUNTES DE ÉPOCA

 

Frecuencia de tiroteos

en las inmediaciones de nuestro cuerpo.

Las noches llegan como amenazas secretas.

Explosiones, aullidos de ambulancias y neumáticos,

pasos que se precipitan.

Espasmos de una gestación avanzada.

La vieja época

pierde el ritmo cardíaco, boquea

en el estanque seco de su propia historia.

Detrás de las puertas

cerradas a doble llave, pasador y moral sin dientes

todo el mundo conteniendo el aliento.

 

Timbales y música a volumen crítico.

El baile de los muchachos

del otro lado de la pared.

Desde aquí no hay mucho que explicar:

acumulo muecas, examino ideologías

pero en conjunto ignoro

si son libres o felices,

qué heroísmo reclaman, qué sueños conciben.

A veces hay un accidente en el tocadiscos

y entonces los muchachos

con puños y pies golpean las paredes

para escapar de estos tiempos difíciles y oscuros.

Con la rabiosa fe sin porvenir

de la mosca luchando en la mermelada.

La calle, esta mañana,

sólo ofrecía opciones mortales.

De los edificios descendían

entre bocanadas de humo y odio

sufrimientos de hombres, de mujeres y de objetos manufacturados.

Morir sin esperanza era el único credo

y el mundo terminaba en los tachos de basura.

No era un momento surrealista, pueden creerme.

Y juro que los automóviles revelaban

su verdadera naturaleza criminal.

 

 

LA NOCHE DESCIENDE

 

 

La noche desciende. Puedo abrir la ventana,

aullar políticamente

sobre la multitud que ocupa la calle

y pedir por todo el mundo

una respuesta a las estrellas.

Pero el rumor es triste y monótono allá abajo.

Debo suponer, sin embargo,

que en cada rostro hay una razón

para seguir andando y a su modo

cada uno canta en la jaula de sus pulmones.

Atorado de materia convencional

yo también necesito de la poesía

mientras espero un dios

que acaso ya está aquí, pisoteado,

bajo la suela de mis zapatos.

 

 

DIAGNÓSTICO

 

Le diagnosticaron una esquizofrenia orgánicamente terrestre

síntomas subjetivos y objetivos

un síndrome disociador porciones sueltas de la realidad

cavidad mental poblada de fantasías

alucinaciones fuertemente impolíticas

emociones sin fundamento fobias de perro azul

comportamiento simiesco muecas lenguaje primitivo.

Todo por haber estado mirando

demasiado tiempo objetos sin importancia,

por haber desplazado las varias y ordenadas conjeturas del intelecto

por descansar nomás de tanta vida.

 

 

MUERTE EN EL SANATORIO

 

Los médicos se han ido cerrando la puerta

y mi última oportunidad ha partido con ellos.

Desde este momento todo es asunto mío.

Se han llevado las medicinas y la radio portátil,

el mundo retira sus puntos de referencia

y aquí termino solo: cuatro paredes y una cama de sanatorio.

Lo admito. Siempre tuve conciencia de condenado,

ráfagas de terror al despertarme vivo,

y si este final nació conmigo

incrustado como una decepción en la pared del cerebro

¿por qué confié en la esperanza

o en la música de Mozart entrevista

como una eternidad triunfante que no podía excluirme?

Debí saberlo, ahora que mi única certeza es la química

y no la vida perdurable

ahora que la enfermera llega trayendo la última aguja

para borrarme suavemente y darle las gracias por todo.

 

POR ALGUNA RAZÓN

 

Compré café, cigarrillos, fósforos.

Fumé, bebí

y fiel a mi retórica particular

puse los pies sobre la mesa.

Cincuenta años y una certeza de condenado.

Como casi todo el mundo fracasé sin hacer ruido;

Bostezando al caer la noche murmuré mis decepciones,

escupí sobre mi sombra antes de ir a la cama.

Esta fue toda la respuesta que pude ofrecer a un mundo

que reclamaba de mí un estilo que posiblemente no me

correspondía.

O puede ser que se trate de otra cosa. Quizás

hubo un proyecto distinto para mí

en alguna probable lotería

y mi número no salió.

Quizá nadie resuelva un destino estrictamente privado.

Quizás la marea histórica lo resuelva por uno y por todos.

Me queda esto.

Una porción de vida que me cansó de antemano,

Un poema paralizado en mitad de camino

hacia una conclusión desconocida;

un resto de café en la taza

que por alguna razón

nunca me atreví a apurar hasta el fondo.

 

TEMA POÉTICO

 

Parece que no me creyeran del todo

cuando hablo de fracasos en mis poemas.

Suponen exigencias de estilo o temperamento

o en el peor de los casos un fraude de la escritura.

Realmente es lo mismo, existencia y lenguaje.

Si se toma una vida en su conjunto

-aquí me pongo sentencioso y cadavérico-

no es difícil comprobar

tangibles temas que conducen al desastre común.

Es verdad que hay poesía indiscutible

en el derrumbe de cada cosa.

(La retórica abusa de los acordes finales,

odas a la muerte, discursos en los cementerios.)

Pero también es verdad que fumo como por última vez

lo cual está significando un naufragio en alguna parte.

 

 

POÉTICA

 

La poesía no nace.

Está allí, al alcance

de toda boca

para ser doblada, repetida, citada

total y textualmente.

Usted, al despertarse esta mañana,

vio cosas, aquí y allá,

objetos, por ejemplo.

Sobre su mesa de luz

digamos que vio una lámpara,

una radio portátil, una taza azul.

Vio cada cosa solitaria

y vio su conjunto.

Todo eso ya tenía nombre.

Lo hubiera escrito así.

¿Necesitaba otro lenguaje,

otra mano, otro par de ojos, otra flauta?

No agregue. No distorsione.

No cambie

la música de lugar.

Poesía

es lo que se está viendo.

 

 

De Principios de incertidumbre (1981)

 

 

CRIMEN PERFECTO

 

En mis fantasías nocturnas

un cisne blanco

es perpetuamente degollado

por un solo de hacha, exacto.

La operación es pulcra y esquemática,

un modelo de silencio

e instantánea guillotina horizontal

que corta el cuello idealmente

en mitad de la curva inferior.

El agua está inmóvil; el cisne

indiferente al jadeo inmediato del asesino.

Partido en dos, se disuelve fríamente

como un puñado de nieve, sin rastros

de muerte individual,

Ni una sola gota de sangre mancha el sueño

y es la ruptura del despertar

lo que me convierte en destructor especulativo

impune y vestido de correcto azul.

 

Alto pájaro cazado

Uno solo entre los perdigones instantáneos

inundó su blanco cerebro aéreo.

El plumaje se concentró, aspirando

una oscuridad artificial bajo las alas.

Una brusca asfixia

en la línea de vuelo determinó

esta caída libre fuera de la existencia

y del espacio injustificado.

Pero antes hubo el rastro azul

de una resolución

que la cacería quebró

en la plenitud de su parábola.

 

 

MI HIJA CONTEMPLA MI PERFIL

 

Teóricamente libre, en el presente,

mi cabeza giró, de condenado,

congelando el perfil ante sus ojos.

Ella miró profundamente azul

para fijar la imagen, despojarla

de sombrías y próximas mudanzas.

¿Qué consistencia merece, en tu memoria,

la lluviosa arquitectura

de mi rastro? Esto

desaparecerá porque acumulas

días y espacios que vienen a negarme.

Y habrá abundante mundo,

habrá espacio, sol e historia suficiente

para precipitar al fondo,

despedir de tus ojos ocupados

esta existencia en bruto, su difícil

respiración al borde de la mesa.

 

 

AHORA, NUESTRO ESPACIO CERRADO

 

¿Recuerdas aquella retórica azul,

el agua interrumpida por la arena,

bebidas frías bajo el sol y alimentos soberbios

mordidos entre destellos dentales?

Decíamos que a cierta hora dorada

se instalaba una secreta correspondencia

entre elementos que de pronto coincidían

en una gran faena corporal.

Toda la libertad en todo el espacio joven.

Ahora, acortado nuestro campo carnal,

la hora del té y los discos en un cuarto pequeño

buscamos coincidencias tangibles

con nuestra fatiga y sólo palparnos

cuerpos y objetos fugaces que se niegan

a nuestro confinamiento alimentado

con tostadas y música de cámara.

 

 

MOMENTO DE PROUST

 

Sueles mojar la lengua en la gelatina de Proust

y rescatas algunas líneas soñadas

para tu cuarto maloliente. Así que instalas

un soleado aposento cuyos cristales

se abren a un jardín otoñal. Hay flores

en casas doradas. Una niña que ondula

en pálida muselina flotante

se sienta al piano y lo más suave de Chopin

organiza un universo azul equilibrado.

Si ese mundo existió, como la dulce

superficie de un lago sobre alimañas

en gestación, has llegado tarde.

La fractura de aquel espejo te condujo

a este cuarto frío, con escarcha sangrienta

en el vidrio de la ventana,

esta cólera prendida como una sombra seca

en el fondo de la garganta

y que no puedes escupir ni devorar.

 

 

SOBRE EL MUERTO CONSIDERADO COMO UN CREADOR IMPERSONAL

 

El muerto no es capaz de su propia poesía;

jamás está a la altura de sí mismo.

A su alrededor se ha organizado

un silencio de vacía materia mental.

La fiebre terminó, la familia abre las ventanas

y en la cocina lavan la vajilla.

Él no es él, sino un creador impersonal

confiado en el peso de su papel protagónico.

Hasta que lo despide un alarido

cuando ya se ha vuelto absolutamente ajeno

a su propia importancia

y a la carga poética que ha impuesto a la escena.

 

 

MI HIJA SE VISTE Y SALE

 

El perfume nocturno instala su cuerpo

en una segunda perfección de lo natural.

Por la gracia de su vida

la noche comienza azul y el cuarto iluminado

es una palpitación de joven felino.

Ahora se pone el vestido

con una fe que no puedo imaginar

y un susurro de seda la recorre hasta los pies.

Entonces gira

sobre el eje del espejo, sometida

a la contemplación de un presente absoluto.

El instante se desplaza hacia otro,

un dulce desorden se inmoviliza en torno

hasta que un chasquido de pulseras al cerrarse

anuncia que todas mis opciones están resueltas.

Ella sale del cuarto, ingresa

a una víspera de música incesante

y todo lo que yo no soy la acompaña.

 

 

EL GALGO

 

Vi la carrera de un galgo filmada en cámara lenta.

Era como soñarlo. El mecanismo del movimiento

diseñaba una coreografía

de ondulantes miembros articulados

para mínimos puntos de apoyo. Blanca

la estirada estructura moteada, sobre finas columnas

que extendían tensiones dilatadas

hasta límites regidos

por una pulsación aérea de velocidad.

Un foco de energía estallando hacia la gracia

de un orden sano bajo el sol,

mientras hacia atrás corrían

confusamente, nubes, árboles y vientos.

Y yo sentado

aplastando al planeta con excesiva grasa

y mi torpe universo dislocado.

Equivocado y discontinuo,

una distorsión oscura

que jadeaba ante el galgo, su decisiva claridad.

 

 

DESAYUNO

 

La primera línea de sol divide la mesa del desayuno.

Hay una especie de porvenir en el fulgor de la mermelada

una convicción todavía incompleta entre las tazas

y en el entusiasmo del perro

lamiendo cada cosa que empieza a moverse.

Lo soñado se disuelve

en la profundidad burocrática de la vida real.

El tintineo de la vajilla ¿es una buena señal

para aceptarlo todo nuevamente?

Si todo está bien, si el día vuelve a tragarme,

¿por qué busco un motivo para salir a la calle

y alcanzar sin morirme la esquina próxima?

Posible desatino de la creación

¿soy algo más digno que el perro de la familia

para negar esta nueva oportunidad, un alimento

donde todos van a morder por una ciega razón?

 

 

De Violín Obligado (1984)

 

 

CUANDO EL MUNDO ES PUESTO EN DUDA

 

Entre verso y verso se instala una pausa

donde el mundo es puesto en duda: entonces

pongo mi amarga cabeza a circular por el jardín.

Busco un rumor terrenal

a un costado de la escritura consciente.

Palpo un hígado maduro, una dalia inclinada

por el peso del agua

hacia este oscuro planeta. No residen aquí,

en estos suaves acuerdos, las negaciones

de la existencia, su sonido negro. Al pie del muro

un susurro de violetas, la humedad feliz

de la vida individual. Del otro lado

los días de la muchedumbre que alza los puños

poseída por un conocimiento decisivo. Estas cosas

han optado por sí mismas. Toman la tierra

por asalto, la fecundan con un sentido

que me estoy debiendo. Ahora suena un disparo:

¿debo elegir? ¿Mentir en la oscuridad de mi habitación?

¿Cómo ser exacto? La época apresura su pánico

dentro de mi cabeza, allí

donde un aullido oscila oscuramente

de un extremo a otro de lo desconocido.

 

 

TEÓLOGO EN LA VENTANA

 

Este cerrado dolor de cabeza

causado por la presión del mundo visible

reclama un significado.

Pero la visión de la calle desde mi ventana

sólo ofrece alternativas a una apariencia dislocada

hecha de fragmentos trémulos, colores dudosos

y un sufrimiento de cosa oscuramente mezclada consigo misma.

¿Qué materia desean los ojos y que no pueden ver?

No esta especie de traición a lo largo del pavimento,

la naturaleza criminal que revelan los automóviles,

el taciturno rumor de los objetos manufacturados,

la vacilante verdad de la muchedumbre hacia el ocaso,

los asuntos de esta terrible sociedad que se aplasta al planeta.

¿Cuál es la relación de esta escena con el otro orden?

La divinidad está aquí por delegación sombría.

Hay un millón de ventanas y cada una padece

su teólogo fracasado ante la única realidad posible

con su correspondiente dolor de cabeza al anochecer.

 

 

SUEÑO DEL NADADOR

 

El nadador ha pulido

su artesanía de joven felino

para corresponder

a los principios míticos del agua.

La coreografía empieza desde un punto

aéreo, elastizado,

donde el filo del trampolín revela

la soledad de una energía

concentrada en suspenso y en el cielo.

El conjunto se afina hasta crear

una mínima carne liberada

de carga emocional. Ahora solo basta

el pulmón feliz. Suelta su amarra

la tensionada fibra, se desprende, salta

y en rápida parábola

entra como un cuchillo en un reinado lento.

El agua vibra al sol como estrellada.

Convertida en mujer

con un baile en su seno se incorpora

una segunda alegría. El huésped cae

y largamente se demora abajo

como probando

la impune gracia de permanecer

para siempre en la azul profundidad,

palpando sus opciones

y sus posibles sueños venideros.

Pero aquí vuelve, sacudiendo un resto

de ensoñación goteada

a su estado mortal, con paso herido,

al triste error, vacilando

entre rígidos objetos aplastados

y su cuadrado peso.

 

 

MOMENTO INVERNAL

 

¿Qué haremos con esta escena accidental

-hojas reunidas por el viento del sur hacia la puerta sino

aislarla como un conocimiento ilusorio?

Todo movimiento es circular

en el rincón del muro, allí

donde las hojas corren para girar sobre sí mismas

al aullido de una ráfaga fría y discontinua.

Lugares comunes de la materia invernal.

¿Debemos otorgarles

una intención de belleza y resurrección

a partir de la confusión del polvo estacional?

Tal es nuestro posible conocimiento: un anhelo

susurrando en las hojas secas, una horrible

tristeza en una tarde de nuestro tiempo.

Y en el rincón del muro la certeza y el residuo

de una disolución universal.

 

 

SOLO EN ESCENA

 

Solo en la casa, entre bestias

de frío centro coagulado

y perpetuo invierno apacible,

objetos nacidos

del deleite y la idea. Girando

mis ojos discontinuos

entre la mesa y las sillas,

de vidrios a maderas curvadas

por una voluntad de belleza y resurrección,

muescas en metales, señales heladas

de una mano mortal. Y esta melodramática

conciencia, del otro lado,

tratando de decir algo ilimitado,

proponer en vano una rivalidad sanguínea,

una tristeza, una culpa, un estilo soñador

entre estas ciegas consistencias que me dejan solo.

 

ANEMONAS DE MATISSE

 

Qué materia ligera para el ojo

sometido a presión. Girando

sobre cada eje verde, se agrupan

en explosiones suaves

de rojo, violeta y blanco totalmente recientes

hacia un centro de ingrávidos objetos.

Dominación frontal, casi con nada y al descuido

en la hora indistinta, cuando todo

está bien. Alegrías

de agua liviana en un solo plano. La gracia más

conforme

de estar allí como en el campo

de una dulce costumbre. Un poco ebria

la perspectiva segura

la inestable sociedad de las cosas.

Pero amar el mundo, su abundante presente,

es obtener más luz:

esta celebración de la apariencia

que sin embargo se sostiene hasta el fin.

 

 

VIOLÍN OBLIGADO

              Obligado - Mús. Un obligado de tenor, trompa, violín,

              clarinete, etc., se entiende un pasaje destinado

              expresamente a tal voz o a tales instrumentos

              y que ninguno otro dice (Enciclopedia Espasa. V. 39).

 

 

En tu cerebro harapiento entró Mozart:

una ética absoluta, fresco y antiguo.

Cuántas cosas desde el mundo lo ocupaban,

pesadas. Puertas, caminos,

y montañas de polvo que reclamaban

un orden para un significado.

Pero el violín circuló

y todas las desesperaciones lo seguían

en círculos, como perros que no alcanzan

el tema central, la intensidad secreta,

el solo de Mozart en su cielo obligado.

 

De Cabeza final (1991)

 

LA DALIA ROJA

 

La dalia roja, este año

de azul raspada

tiende a girar cada tarde

como un pensamiento retórico

sobre el tallo doblado.

Masa atrapada en su propio resplandor,

gravitación carnal,

peso de agua y viento

todo es la misma vida unificada

frente a estas manos que oscurecen

al borde de la ventana, unidas para salvarse,

con aguda conciencia de su movimiento libre

y del desvanecimiento universal.

 

 

TIROTEO EN LA NOCHE

 

Una caliente contracción en el indefenso espacio

y los fogonazos en la oscuridad

nos arrojan a una épica impura.

Cada cosa es un blanco paralizado

bajo el ojo instantáneo del cazador. No es ésta

nuestra última cena, pero en las habitaciones

la época introduce más muertos

de los que merecemos. En el silencio que sigue

no hay ninguna explicación

sino una brusca asfixia en medio de la comida.

La mesa familiar es ahora

un centro fracturado. Nadie quiere la historia

en su plato de sopa, el síncope

detrás de la puerta. Pero el error

nos acerca a un combate donde arder a fondo:

ningún crimen es una verdad aislada.

La noche nos incluye y hay todavía un último disparo

distanciado e irónico: allá afuera

alguien se ha tomado su tiempo

para liberar nuestro juicio atascado.

Lo que ha sucedido busca equilibrio

en el cerebro. Un escalofrío en la vajilla

le pertenece y su bala final

ha definido la situación: un sitio para nosotros

en la ardiente comunidad de la cacería.

 

 

PERPLEJIDADES AL AMANECER

 

I

Un minuto de fe para buscar a tientas

la camisa más despierta. Una especie

de convicción para sentirme apto.

En la oscuridad menguante, el dormitorio

huele a existencia en bruto,

a ropa fría, a zapatos caídos

con toda la neura encima. Esto insiste

en tener algo que ver contigo.

Desde la calle

los ruidos ciegos y la jadeante

respiración de la materia manufacturada

suben con sus propias razones para vivir.

He allí lo espumoso, la tierra triunfante

que apenas me concierne. Pero la camisa

ya pierde su inocencia, reclama relaciones

y el perpetuo fracaso de la identidad

en el amanecer de este día laborable.

 

II

Desamparo ideológico del lunes:

en la madrugada invernal ha concluido

el aplazamiento. Perplejo

y desdichado a su manera, el pie

con que bajamos de la cama se detiene

a medio camino. En ese titubeo prenatal

también vacilan

el resto del cuerpo

y el ser en general con su condena.

La realidad privada paraliza su regreso

al viejo desastre, a la recurrente

y oscura oportunidad. ¿Qué clase de verdad

hay en esa negación? ¿Qué mano de la época

pone las opciones individuales en punto muerto?

En el cerebro cerrado circula

un gemido que nos detiene al borde

de la respiración universal del día.

Y entre la historia a punto de caer

en la taza de café y la vuelta del rostro

a la dorada aniquilación personal

comienza el lunes en todo el país

 

 

CONOCIMIENTO DEL INSECTO

 

La mosca explora el borde de los objetos

en rápidos giros discontinuos.

Una pizca nerviosa de vida individual, aplicada

a este momento convencional de las cosas.

Pero en alguna parte

estalla una puerta y en súbita parálisis

la mosca se entrega a la sospecha

de un doloroso conocimiento:

sabe que estoy allí y que no puedo

apagar mi conciencia, su amenaza de caos.

Una vigilia de universos separados

que no pueden ignorarse.

En dos cuerpos tensados, una astucia

de condenados, a la espera

de algo que pueda definirse todavía.

Y el salto en que se pierde

por el mundo ilegible

es una desierta aventura

hacia un orden ajeno a mi visión.

 

 

DALIA INCLINADA HACIA MI VENTANA

 

Celebro que no seas

una efusión de mi cabeza calcinada

sino la aventura de una vida individual

que me busca en la tarde lluviosa.

Mi apuesta es dedicarte

lo que puede salvarse un fracaso

ahora que inclinas hacia mi ventana

tu pesado estallido purpúreo, por líneas

de azul raspado y gotas que se demoran.

Desalojo el humo y la negación

de mis pulmones. Suavizo

el crujido estacional de mis articulaciones.

Puesto que no obtuve

una respuesta consistente en mi agujero mental,

sino abstracciones monstruosas

y una certeza de condenado por la época

entro en tu frío peso con mi última edad.

Ensayadas mentiras huyen por la ventana

y oscurece a mis espaldas. Pero tú salvas

mis porciones secretas: ahora que compartimos

un naufragio carnal

que parece tan lento y justo bajo la lluvia.

 

 

LLUVIA NOCTURNA DETRÁS DE LA ESTACIÓN DE SERVICIO

 

Bajo la lluvia nocturna, una tumba caótica

de cosas abandonadas a sí mismas

que demora en cerrarse. Pero todavía el conjunto

puede volverse creador sobre su propio sueño.

En esta decantación del desorden

una fría suciedad pegajosa, un estado de frontera

de objetos a punto de perder su identidad.

En la inmóvil confusión gotea el agua

silenciosa. Envuelve llantas reventadas,

botellas astilladas, ruina de plástico, recipientes chupados,

cajones despanzurrados, metales llevados

a un límite de torsión, quebraduras,

andrajos no identificados, asimetrías tornasoladas

por la grasa negra. He aquí una crisis de negación

en esta abandonada degradación intelectual

de criaturas seriadas, nacidas a partir

de la materia martirizada, la idea y el deleite

y que fueron manipuladas, raspadas, roídas, girando

sobre chapas rígidas y correas de transmisión

y en definitiva condenadas por lo monótono.

Pero en aquella derrota humana de las cosas,

en los desperdicios mojados podían descubrirse

figuras creadas a partir de la mezcla,

diseños irreales arrebatos a lo fortuito:

y entre gotas de lluvia y aceite quemado

una intención de belleza y de formas cumplidas

bajo la maloliente oscuridad.

 

 

MOSCA FINAL

 

Tiesa en el vidrio y su engaño, todavía

se aferra a un resto de luz menguante.

Calmada forma final

ya no tiene razón contra el invierno.

Un fracaso a la vista del cielo:

veo la dignidad

de concluir con la tarde, en un gris moribundo

aplastado a lo traslúcido. Una pizca

de frío residuo planetario

hacia abajo chupado, a lo indistinto.

En su descenso cumple

una certeza de orden, mientras ignoro

la ley de mi propia disolución.

La muerte

no me reserva esa lógica suave,

su tranquila mecánica

sino un final inexacto, sometido

a un desesperado anhelo personal.

 

 

FINAL DE ÉPOCA

 

He llevado oscuramente en el bolsillo

un pequeño proyecto de muerte personal

en un país humillado. Los nervios principales

se inclinan hacia la mesa y mi cobarde cabeza cae

a la penumbra de la vida interior. La historia

tira de las piernas y finalmente me expulsa

a puntapiés del planeta, acompañado

de otros cadáveres

igualmente insufribles e hinchados

de informaciones falsas. Qué vergüenza

en la voluntad de lo viviente. Otros optaron

hasta la aniquilación

por indefensas verdades y otros por el dormitorio.

Acorralado por todas las incertidumbres

nada quedó resuelto. En mi bolsillo resta

una sola y fatigada desesperación.

 

 

EPIGRAMA

 

La mosca se ha posado en el borde del plato

para lavarse las manos a orillas de mi sopa dorada.

En circunstancias como estas

lo mejor es disponer de una conciencia neutra.

Después se frota las manos con íntima complacencia

y tras una desaparición instantánea

abandona un puntito oscuro en la loza blanca.

El mundo está en orden en las inmediaciones.

Cada cosa persiste en su convicción. De modo

que la mosca no ha sido enjuiciada. Y en mi asco

cabe todo su posible paraíso.

 

 

CABEZA FINAL

 

Todas las ideologías le dieron de palos.

La humillaron la historia del mundo

y la vergüenza de su país,

la calvicie, los dientes perdidos,

una oscuridad excavada bajo los ojos,

el fracaso personal de su lenguaje.

El obrero que respiró en su interior

ávido de oxígeno y universo continuo

dejó caer el martillo. Fue la razón

quien cegó sus propias ventanas. Pero tampoco

encontró en el delirio conclusión alguna.

Por eso, quizás no fue tan descortés

esa manera de negar el mundo al despedirse.

Sucedió así:

reposando sobre la última almohada

volvió hacia la pared

lo poco que quedaba de su rostro.

 

 

De Apuestas en lo oscuro (1991)

 

 

AMANTES EN LA NOCHE

 

Nos amamos y apagamos el televisor

como negando la realidad. Pero el mundo

insiste en sus convicciones o las busca

por motivos que ignoramos o acaso

porque el crimen debe seguir su curso.

Desde afuera, sus figuras insomnes

presionan contras las paredes que nos refugian.

Se encarnan en el viento, aullidos

de neumáticos y en las inmediaciones

de todas las cosas, tiroteos

que no resuelven la discordia general.

Ahora acumula hojas secas

al pie de las ventanas y desliza

una carta de origen desconocido

por debajo de la puerta.

Pero florecemos desnudos en medio de la noche

donde el amor decide en su propia voluntad

y por él sabemos cómo hacer de la historia

un rumoroso escándalo que no nos concierne.

 

 

ORQUESTA DEGOLLADA

 

El poema que cada uno

va masticando como un chicle de idiota

es poca cosa. Una preocupación ridícula

de la vida individual, guitarrita de bolsillo,

cantito de rana en los pulmons contaminados

cuando la calle abunda de gente en todas direcciones.

Sólo Dios sabe adónde va cada uno,

Pero el Estado sabe

dónde van todos con su pequeña música entre los dientes.

Traslado a mi oído el verso mascado

para probar su sonido: un fracaso que no resuelve

esta muchedumbre sentimental hacia el ocaso

con su rumor de orquesta degollada.

 

 

CULTIVOS

 

Arrojé hacia la tierra del jardín

un hueso de durazno: que los elementos

te sean propicios, y que la naturaleza

no pierda su oportunidad. Espero

que el todo sea fiel a sus certezas

y cada cosa produzca su joven árbol.

Y aquí estoy cultivando lo que sucede

con mi propia fe. Pero necesito

conjunciones favorables, agua y temperatura

para encuentros decisivos

y convicciones que maduran

una fermentación feliz. Cuerpo y palabra

para el brote dorado en la rama desnuda.

 

 

 

CUMPLEAÑOS

 

He cerrado la puerta de mi padre.

Finalmente lo supe, al amanecer

de este cumpleaños en que te sobrevivo.

Pero aún con la difícil respiración

al borde de la cama y sombrías

opciones por delante, puedo entender

que tú y todos los muertos han perdido

y que vivir es el único prestigio que cubre la tierra.

Entonces, todo lo que es está bien.

Por alguna razón me incorporo; jadeando,

vacío tu rostro hacia la pesada oscuridad

y tengo tu misma manera de torcer la boca

al paso de la puntada por el pecho anginoso.

 

LA DESAPARICIÓN

 

Con un par de convicciones

y algunas blasfemias

violaron la cerradura a tiros.

Animales de caza nocturna

lo sacaron de la cama. La presa

no alcanzó a despedir su rostro

ni poner a salvo su nervio principal.

En la vejación, el mundo

perdía su nombre y sospechó

no más poemas después de eso.

En nombre de un orden

que despuebla la vida, lo condujeron

en un coche cerrado como un ataúd

hurtando la vergüenza al exterior.

Entonces atravesaron

la vasta oscuridad sin jueces

de una ciudad en la que desapareció

y en cuyos jardines había amado

con un cuerpo visible tendido al sol.

 

 

LA BATALLA

 

La manada policial había bloqueado

las calles laterales. Una operación mental

tácticamente correcta y fría. Pero en el tumulto

vibraba un núcleo incandescente

donde se decidían las cosas con puños alzados,

alaridos, blasfemias y razones coléricas.

Volaron llamas, escupitajos, mamposterías,

vidrios pulverizados, bulones: el lenguaje

encarnado de gente que sabe lo que quiere

en tiempos miserables. La multitud onduló

jadeante y ciega al estallido del gas

y aunque condenada a una asfixia de lágrimas

perforó por un instante

el cerco de escudos y plástico reforzado.

Silbaron balas y el aire humoso

se astilló en la dispersión. La furia general

se concentró, vaciada en las tensadas cavidades

de cada rostro. En la cabeza de la nación

hubo un leve crujido, como si allá afuera

hubiera sucedido algo todavía desconocido.

Las pantallas de la televisión

dieron por apagada la escena. Había otros temas

que atender y desmentir el desorden:

allí donde al amor sólo le quedaban

falsas definiciones, pero también sospechando

cuántas mutaciones llegarían

a depender de aquella batalla perdida

en el recodo de una guerra interminable.

Después, montado en un aullido de sirenas,

llegó el Estado perfecto en auxilio de los muertos.

 

CICLO DIURNO

 

El día comienza y avanza

en un punto de sol por el borde de su vaso.

Nada perturba la escena, y el equilibrio

de la habitación es inmutable.

La luz ingresa abiertamente

por el ventanal, un acto decisivo

sin desmentida posible. Pero he ahí el tiempo

fríamente encarnado: el brillo

recorre el círculo completo del vaso

para que el sol vaya justificando

su giro por el cielo sin nubes

y el día concluya

con la llegada de alguien y su mortecina fatiga.

 

 

De ¿Hay alguien ahí? (2003)

 

MUCHACHA EN UNA FOTOGRAFÍA

 

Parece domingo en el jardín y en todo el mundo.

La escena ha demandado

mucho cielo para mi gusto, pero la causa

es tal vez una convicción secreta del fotógrafo.

En el fondo, una vibración moteada

de sol, con flores y hojas que se acumulan

hasta obtener una alegría

que no necesita explicación.

De modo que ella está de pie,

sonriendo enteramente, con un resto

de viento en los cabellos.

Pero mira hacia adentro y se complace

en su anónima carne y supone que la imagen

retiene algo más que su parte mortal.

Si en eso se equivoca es asunto suyo

y nada puedo hacer al respecto. O quizás tenga razón

y de este lado

la superficie de la existencia

me despedaza y devora por dentro y por fuera.

 

 

SCHUMANN

 

Lo habían declarado

financieramente irresponsable,

imposible para el mundo y el matrimonio

 

Todo parecía

demasiado brutal para su exilio

pero oponía sin tregua

la respuesta de una música extrema.

De modo que en 1840

el Gran Año de la Canción,

casado con Clara se oyeron dos pianos

a través de un solo destino.

Júbilo, desesperación, pobreza

y una urgencia de melodías

inundaron incesantes sus neuronas azules

mientras en los oídos de la época

se amasaba una sordera de grasa y humo de cañones.

Desollado hasta el colapso de su red nerviosa

le fueron negando la locura y el suicidio.

Un golpe de delirio sobre las aguas

y rescatado del Rin

hacia el manicomio definitivo.

¿Quién pagará por esto sino un arte en llamas

no saciado en su tortura, el poema sonoro

vuelto una afirmación de estrellas

en el seno de nuestra especie desastrosa?

 

 

ALELUYA DEL ARROYO

 

Felicidad del arroyo que desciende entre las piedras

cuando mi pie desnudo sumerjo en su lenguaje.

Un proceso de la mente que no puedo desdeñar

mientras en la ciudad, bajo este fragmento de verano

reina una inquietud desconocida.

Mi profunda culpabilidad humana

inficiona el agua. Debo comprender

de una vez por todas y aquí

parece el sitio adecuado, el estimulante

arroyo con árboles y la gracia

de la creación en la mañana. Recuerdo,

años que ya no cuento, apostando

a la justicia de un alimento verdadero para todos,

confiando en la historia y en la salida del sol

o en el peor de los casos el encuentro

de un balazo en la noche o la personal

angina de pecho después de los cincuenta.

De confusión en confusión, discusiones

en los edificios, a menudo

un temblor emocional en el cerebro

cuando la realidad estallaba

con signos propios, no previstos,

el entusiasmo y el lamento

y finalmente la fatiga y tanto

amor y tabaco y gritos para encontrar

que el hombre es una bomba para el hombre.

Pero también recuerdo: estaban

las mortales relaciones de producción, presentes

entre mi carne y el planeta, engendrando

contradicciones que impedían amar, pudriendo

los ojos, las manos y sus obras, multiplicando

revólveres y el dolor del laúd y la manzana.

Pero hubo después un giro

del pensamiento. Cuando creí saber

que soy origen y resultado, que sólo por mi causa

el vínculo entre las cosas se volvió terrible,

que con mi sola cara de infeliz fulano

lo hice estallar todo, incluso la fisiología

y que instalé la cólera

en los profundos minerales liberados.

Y más tarde, ayer apenas, la belleza. El asilo perfecto

de una libertad que a sí mismo se bastaba

para tener exclusivas y privadas razones

de vivir. Mi querido Chopin, por ejemplo,

eternamente indemne a sus sombrías hemorragias

-un púrpura estallido en el teclado-

O por ejemplo el suntuoso barbitúrico de Haendel.

Y finalmente aquí, la certeza y la aleluya

de este arroyo que desciende y no puede mentir

y que está inventando, para mi pie desnudo,

la manera más tangible y menos convencional

de no morir.

 

 

EL CARNICERO

.

Ni Rafael modelando

el manto de la Virgen

fue tan feliz como el carnicero de mi calle

cuando esculpe a cuchillo cada fragmento de carne.

Porque adora su oficio, el cuchillo

es un arma de precisión y conocimiento.

Su problema artístico es la repetición

pero tiene derecho

a una noción personal de la belleza.

Su ropaje blanco exhibe sin ostentación

la sangre del sacrificio de un ganado infinito.

Sólo le falta creer

en la gloria y resurrección de los cuerpos

sean de vaca, perro o de señoras y señores.

 

De Un arte callado (2008)

Este volumen de Giannuzzi reúne sus poemas no incluidos en ningún libro y sus poemas póstumos. Su edición es debida a Teresa Leonardi y Jorge Brega, que recopilaron los poemas, algunos de ellos manuscritos.

 

 

 

INVITACIÓN A LA DALIA

 

Querida mía: te propongo

una visión oblicua con relación al universo.

Que tu egoísmo y el mío sean uno

y hagan el amor sin necesitar

que restauren el mundo para nosotros.

¿Es demasiado soberbio

dar la espalda a la calle

donde rugen los automóviles terroristas

y la policía rebosa de actualidad?

Tanto mejor volvernos

con huesos desconocidos. Clausurados,

macho y hembra en época de crisis,

hacia el fondo de la casa

donde hay un jardín creciendo

fuera de la historia,

capaz de barrer la sombra contaminada

entre el deseo y la carne.

He descubierto allí

una planta de dalias con el tallo surcado

por una vena roja

que asciende hasta engendrar

estallidos fríos y violáceos en lo alto.

Que tengamos comunión y bodas

con esa certidumbre vegetal.

 

 

GIRANDO SOBRE EL PRIMERO DE ENERO

 

Este gemido de mis piernas girando

sobre sus goznes como el año irracional

es mi último argumento personal. Ya es tarde

para darle forma, convertirlo

en prosa rimada en medio del vasto deshonor.

Bajo un poco de luz privada,

escamoteando al mundo

la responsabilidad de mi rostro

cuento un resto de dinero solitario. Hasta aquí ha llegado

la única solución. Cada uno

ha rendido a la época su bocanada de sangre.

Desde allá afuera, alguna bala tardía

sigue buscando

una cabeza mal dormida en la oscuridad

para concluir la obra y borrar las ruinas

de un desastre ideológico.

 

 

DESDE LA VENTANA DEL BAR

 

Desde la ventana del bar

contemplaba la calle

hirviendo hasta el cuello de personas

casadas y solteras, automóviles, hojas secas, viento,

objetos sin número ni definición precisa.

Sentí la existencia en fermentación

cuando concebí entonces

una noción de Dios,

simplificada, ambiciosa, provisoria:

Dios era todo lo que veía,

un sistema, un principio absoluto de no vacío.

Y de pronto maldije:

oh, al demonio con este piojo

este Santo Tomás en zapatillas

bebiendo un líquido descafeinado y sin azúcar.

 

 

AQUÍ EL ERROR

 

La escarcha bajo el vidrio de la ventana

se acumula formando una especie de cordillera.

Sin saber por qué, estoy seguro

que no la esculpe el azar

sino la ley del viento invernal: otro secreto

de la naturaleza

cuyo único error es mi propia existencia

 

 

 

EL POETA STANDARD

 

El poeta pequeño

se despierta en estado de alerta:

las palabras que amontonó en la noche

se le hacen imposible de retener

y corre a sentarse a la mesa al amanecer.

Así que a lo largo del día

suelta incesantes imágenes continuas,

olvida el desayuno

y otras necesidades menores del destino.

En resumen, un frenesí creador

pero de resultado artístico dudoso.

¿Pero quién podría decirlo, diseñar lo perdurable,

medir la exacta distancia

entre el entusiasmo y su obra?

¿Por qué el día habría de quedar perdido?

Lo que importa es poner huevos

no en eternidad sino en el tiempo:

allí donde los errores, rotas las cáscaras,

deben rendir cuentas a la luz.

 

NI ÁNGEL NI REBELDE

 

No arriesgó nada

no practicó la irreverencia

no mordió el sexo del paraíso

no padeció la pesadilla de vivir

no aulló por falta de demonios en el vientre

no enturbió el agua de ninguna academia

no gozó la locura de la realidad

no destruyó su propia fisiología

no reveló lo insensato de la sensatez

no orinó ni escupió ni eyaculó fuera de foco

no hizo de la palabra la enemiga total

no metió ningún dedo en la llaga

de ninguna cosa hizo destino

no tuvo miedo de sí mismo

no metió mundo ni absoluto en sus venas

no arrulló entre sus brazos una bomba ni siquiera pacífica

no tuvo pensamiento ni ademanes ni colores militantes

no se encamó con el monstruo de sí mismo

no hizo del vacío una utopía

no amó ni para nacer ni para morir

no telefoneó al otro mundo, no arrojó

bocanadas de sangre sobre el orden y el lenguaje.

Fue correcto adecuado municipal y obvio

o sea una buena persona en el peor sentido de la palabra.

 

 

MAGNIFICAT

 

Ven a mí gloria del mundo

y ocupe tu música en mi corazón

el sitio que Dios ha abandonado.

No me dejes a solas

con mi balbuceo terrestre

soplando pequeñas palabras

a través de las cuerdas insípidas

que sólo cuentan conmigo para perdurar.

 

 

LA PAZ DEL TORTURADOR

 

El torturador está cenando

con su sagrada familia.

Todo parece andar bien en este pequeño mundo.

Él está satisfecho con su trabajo

tan gratificante

que con 220 voltios es capaz de hacer maravillas

como arrancar de raíz

el más recóndito secreto de Dios.

La esposa no tiene porqué saber nada

acerca de estos asuntos

que por otra parte no le servirían

para hacer una buena sopa.

Sus dos hijitos admiran a papá

por su generosa manera

de llenar el mundo a su alrededor.

Cuando llega de la calle

el perro mueve felizmente la cola

y a los dos les da lo mismo

cualquier sistema social.

 

 

UN ARTE CALLADO

 

Nuestros pies perfeccionan

el arte de entrelazar los dedos.

Unidas en la almohada

nuestras cabezas apuestan

a una boda perpetua.

Expatriados,

cerradas las puertas y las ventanas,

abrazados al desnudo oponemos

una ideología de lo callado

a la manera en que marcha el mundo

según la pantalla de la televisión.

 

 

 

DALIA EN EL VIENTO

 

Erguida junto al pilar donde acuden

los borrachos y todos los perros del mundo

busca la luz que demanda su juventud.

En la alta profundidad, ordenados

sus pétalos violáceos

en torno a un centro dorado que actúa como un ojo,

oscila sobre un fino tallo articulado.

Hacia un fondo de cielo nuboso y cerros verdiazules

entona una danza circular

hasta que el viento la abandona

y desmayando su cabeza en la piedra

exige un poder imperial sobre el paisaje.

Pero no intenta inyectar su sangre a ese anciano

allí abajo derrumbado en un sillón

con hojas orinadas a sus pies,

obstinado en no abandonar sus huesos

que dentro de sí mismo cavan su propia tumba.

 

VIAJE SUSPENDIDO

 

Un soplo de viento gris en la ventana

te arranca del sueño. Te espera

un avión embargado en el aeropuerto.

Dudosas promesas de una época distinta:

¿te alcanzará la fe para tanto

o te dispones a un viaje de vencido?

Alzás el bolso donde has apilado

ropas y papeles, caminás hacia la puerta

y al aferrar el picaporte tu mano

descubre la náusea del umbral y retrocede.

De pronto se ha inclinado tu espinazo

y la revolución está muerta:

se fue sin despedirse

en un recodo tumefacto de nuestro tiempo

sin saber hacia dónde. Así que volvés

a la misma cama donde la soñaste.

Entonces te aferrás

al cráneo pulido y vacío de Marx

que tantos mártires engendrara

para dar mundo a la justicia. Y vos

tendido, demasiado fatigado

para alcanzar el tren

de aquel enorme pensamiento y su verdad sin tregua

con todo un siglo por delante.

 

 

ZAPATOS

 

He pensado en la poesía

tendido en medio de la noche. No lamento

su juventud perdida. Al pie de la cama

mis zapatos cansados

hacen todo lo posible para perdurar

aplicados con bostezos finales

a una lírica secreta.

 

 

PULITZER

 

Los niños despavoridos

alzan los brazos en la carretera bombardeada.

Hay un cielo humoso que ha resignado su inocencia

sin preguntar qué sucede con las lágrimas

ni si el dolor no tenía ya lenguaje suficiente.

La fotografía planea

hacia el escritorio del presidente como un naipe

y pierde la apuesta: no logra detener la guerra.

Entre la imagen y los ojos

del Gran Magistrado circula una sombra

que de pronto es coagulada

para que el imperio devore su petróleo mortal.

Pulcro y contra natura, tiene ante sí

suficientes razones de estado, su bandera en la luna

y una familia sonriendo detrás del vidrio.

Y no está en sus manos

hacer de la historia un lugar para vivir.

 

 

LA RAMA CAÍDA

 

Una ráfaga de viento ha quebrado

la rama del gladiolo bermejo.

Caída junto a la cerca de alambre

es como un brazo vencido por una brusca fatiga.

En el vasto entorno, el paisaje atiende

a su propio verdor creado por la lluvia.

Ahora, la intensidad del sol

marchita el bermejo hacia un marrón reseco

y el tallo oscurece adherido a la tierra.

Muy vagamente sabemos por qué sucede esto ante nosotros

ebrios de identidad y permanencia:

unos pocos días consumarán la disolución

pero lenta es la muerte

en este final que olvidaremos.

 

 

LA PESTE

 

Estas calles y sus días se alargan con mucho sufrimiento

a total disposición del mal.

Por algún milagro que desconozco

por la ciudad camino todavía.

La época dispara su metralla hacia distintas direcciones

y toda cosa viva se ofrece como un blanco propicio a la peste.

Cómo se entiende esto, la intensidad

con que una mano se justifique

en el aniquilamiento de otra.

Sigo de pie, no destruido sino hecho a un lado,

apartado hasta que se agote la humanidad de mis ojos

y todas sus rotas convicciones.

Antes de caer baleado

–y todo el mundo ignorando en nombre de qué fue mi blanco elegido–

me pregunto si llegaré a tiempo

para morir sin asco ni locura.

 

 

APROXIMACIÓN A UNA ONTOLOGÍA

 

Pero qué es esta descomunal presencia, éste animal espejo,

esta masa pesada y sospechosa

donde el pequeño yo se pierde hasta volverse cero y ciego,

girando entre millones

que quieren comer y entender un poco como él.

Qué es este abundante tejido, esta cosa maciza, empecinada,

que el yo nervioso quiere penetrar como un taladro

para ver qué sucede, si hay alguna

explicación detrás, un lenguaje articulado,

alguna forma claramente organizada.

Qué es esta materia total, esta respiración obligatoria,

esta caliente apariencia iluminada, fisiológica,

que lo hace sospechoso entre millones

que tragan y sollozan como él,

estas tristes porciones de opacidad.

Pero qué es esto, qué es lo que todo esto está tratando de decir.

 

Joaquín O. Giannuzzi, fue un poeta, crítico literario y periodista nacido en Buenos Aires, Argentina, en 1924. En 1962 empezó a colaborar con la revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo. Publicó críticas literarias en los diarios Crítica, Crónica, Clarín y La Nación. Entre sus libros destacan: Nuestros días mortales (1958), Contemporáneo del mundo (1962), Las condiciones de la época (1967), Señales de una causa personal (1977), Principios de incertidumbre (1980), 1984, Violín obligado Cabeza final (1991), ¿Hay alguien ahí? (2005), y el póstumo Un arte callado, (2008). Recibió el Premio Fondo Nacional de las Artes, el Premio Municipal, el Premio Nacional de Poesía y Premio Konex 2004, 1994 y 1984. Murió en enero de 2004.


 

 



 
 
bottom of page