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Martín Adán

  • Foto del escritor: poesiaon
    poesiaon
  • 17 abr
  • 23 Min. de lectura

Antología poética


De La casa de cartón, Lima, Perú, 1928

 

Poemas Underwood


Prosa dura y magnífica de las calles de la ciudad

sin inquietudes estéticas.

Por ellas se va con la policía a la felicidad.

La poesía gafa de las ventanas es un secreto de costureras.

No hay más alegría que la de ser un hombre bien vestido.

Tu corazón es una bocina prohibida por las ordenanzas

de tráfico.

Las casas rumian sus paces de buey.

Si dejaras saber que eres un poeta, irías a la comisaría.

Límpiate de entusiasmos los ojos.

Los automóviles te soban las caderas, volviendo la cabeza.

Cree tú que son mujeres viciosas. Así tendrás tu aventura y

tu sonrisa para después de la cena.

Los hombres que tropiezan tienen la carne encallecida de

oficina.

El amor está en cualquier parte, pero en ninguna está

de otro modo.

Pasaban obreros con los ojos resentidos con la tarde, con la

ciudad y con los hombres.

¿Por qué había de fusilarte la Checa? Tú no has acaparado sino

tu alma.

La ciudad lame la noche como una gata famélica.

Y tú eres un hombre feliz, quizá el único hombre feliz.

Tienes camisa y no tienes grandes pensamientos de ninguna

clase.

Ahora siento cólera contra los acusadores y los consoladores.

Spengler es un tío asmático, y Pirandello es un viejo estúpido,

casi un personaje suyo.

Pero no he de enfurecerme por pequeñeces.

Mil cosas han hecho los hombres peores que sus culturas:

las novelas de Víctor Hugo, la democracia, la instrucción primaria,

etcétera, etcétera, etcétera, etcétera.

Pero los hombres se empeñan en amarse los unos a los otros.

Y, como no lo consiguen, acaban por odiarse.

Porque no quieren creer que todo es irremediable.

La polis griega sospecho que fue un lupanar al que había que

ir con revólver.

Y los griegos, a pesar de su cultura, fueron hombres felices.

Yo no he pecado mucho, pero ya sé de estas cosas.

Bertoldo diría estas cosas mejor, pero Bertoldo no las diría

nunca. Él no se mete en honduras -y está viejo, quiere paz y hasta

apoya a los moderados.

El mundo no está precisamente loco, pero sí demasiado

decente. No hay manera de hacerle hablar cuando está borracho.

Cuando no lo está, abomina de la borrachera o ama a su prójimo.

Pero yo no sé sinceramente qué es el mundo ni qué son los

hombres.

Sólo sé que debo ser justo y honrado y amar a mi prójimo.

Y amo a los mil hombres que hay en mí, que nacen y mueren a

cada instante y no viven nada.

He aquí mis prójimos.

La justicia es unas estatuas feas en las plazas de las ciudades.

Ninguna de ellas me gusta ni poco ni mucho -no son diosas

ni mujeres.

Yo amo la justicia de las mujeres sin túnica y sin divinidad.

En punto a honradez, no soy de los peores.

Como mi pan a solas, sin dar envidia a mi prójimo.

Nací en una ciudad, y no sé ver el campo.

Me he ahorrado el pecado de desear que fuera mío.

En cambio deseo el cielo.

Casi soy un hombre virtuoso, casi un místico.

Me gustan los colores del cielo porque es seguro que no son

tintes alemanes.

Me gusta andar por las calles algo perro, algo máquina, casi

nada hombre.

No estoy muy convencido de mi humanidad; no quiero ser

como los otros. No quiero ser feliz con permiso de la policía.

Ahora en las calles hay un poco de sol.

No sé quién se lo ha llevado, qué mal hombre, dejando

manchas en el suelo como un animal degollado.

Pasa un perrito cojo -he aquí la única compasión, la única

caridad, el único amor de que soy capaz.

Los perros no tienen Lenin, y esto les garantiza una vida humana

pero verdadera.

Andar por las calles como los hombres de Pío Baroja -(todos

un poco perros)-.

Mascar huesos como los poetas de Murger, pero con

serenidad.

Pero los hombres tienen posvida.

Por eso dedican su vida al amor del prójimo.

El dinero lo hacen para matar el tiempo inútil, el tiempo

vacío…

Diógenes es un mito -la humanización del perro.

El anhelo que tienen los grandes hombres de ser

completamente perros. Los pequeños hombres quieren ser

completamente grandes hombres, millonarios, a veces dioses.

Pero estas cosas deben decirse en voz baja -siento miedo de

oírme a mí mismo.

Yo no soy un gran hombre -yo soy un hombre cualquiera que

ensaya las grandes felicidades.

Pero la felicidad no basta a ser feliz.

El mundo está demasiado feo, y no hay manera de

embellecerlo.

Sólo puedo imaginarlo como una ciudad de burdeles y

fábricas bajo un aletazo de banderas rojas.

Yo me siento las manos delicadas.

¿Qué soy, qué quiero? Soy un hombre y no quiero nada.

O, tal vez, ser un hombre como los toros o como los otros.

Tú no tienes las ojeras demasiado grandes.

Yo quiero ser feliz de una manera pequeña. Con dulzura, con

esperanza, con insatisfacción, con limitación, con tiempo, con

perfección.

Ahora puedo embarcarme en un trasatlántico. E ir pescando

durante la travesía aventuras como peces.

Pero ¿a dónde iría yo?

El mundo me es insuficiente.

Es demasiado grande, y no puedo desmenuzarlo en pequeñas

satisfacciones como yo quiero.

La muerte es sólo un pensamiento, nada más, nada más…

Y yo quiero que sea un largo deleite con su fin, con su calidad.

El puerto, lleno de niebla, está demasiado romántico.

Citeres es un balneario norteamericano.

Los yanquis tienen la carne demasiado fresca, casi fría, casi

muerta.

El panorama cambia como una película desde todas las

esquinas.

El beso final ya suena en la sombra de la sala llena de candelas

de cigarrillos. Pero ésta no es la escena final. Pero ello es por lo que

el beso suena.

Nada me basta, ni siquiera la muerte; quiero medida, perfección,

satisfacción, deleite.

¿Cómo he venido a parar en este cinema perdido y humoso?

La tarde ya se habría acabado en la ciudad. Y yo todavía me

siento la tarde.

Ahora recuerdo perfectamente mis años inocentes. Y todos los

malos pensamientos se me borran del alma. Me siento un hombre

que no ha pecado nunca.

Estoy sin pasado, con un futuro excesivo.

A casa…

 

De La rosa de la espinela, Lima, 1939

 

Cauce

 

Dans le grand ciel, plein de silence

Coppee

 

 

Heme triste de belleza,

Dios ciego que haces la rosa,

Con mano que no reposa

Y de humano que no besa.

Adonde la rosa empieza,

Curso en la substancia misma,

Corro: ella en mí se abisma:

Yo en ella: entramos en pasmo

De dios que cayó en orgasmo

Haciéndolo para cisma.

 

 

Bala

 

¡Ven a gritar, el Poeta,

A claridad horrorosa,

Gritando como la rosa

Mirada de anacoreta!

Esa faz, lívida, quieta,

Es, a raíz del respiro,

La que mira, la que miro,

Mirándote, muda, mala,

Dios vivo, que cayó un ala,

Y no adivina del tiro.

 

 

Aguijón

 

Ella no sigue por él,

Sino a sí misma, virtual...

A la agonía infernal,

En la rosa de papel.

Y mana, amarga, la miel

El duro dardo de ardor;

Cursa entrañable labor,

Por restañar el herir,

Y jamás para a morir

La abeja del sinsabor.

 

Punto

 

At length the man percives it dieb away

And fades into the ligth of common day

Wordsworth

                                

Pues la rosa venidera,

Próspero seno errabundo,

Fruto y flor y amante y mundo,

Lírica, acoge si espera.

Punto en que pulula esfera

De épico tacto, futura,

La facción de la Hermosura

Va, derechera y estable,

Derrota inconmensurable

De celestial singlatura.

 

 

Cincel

 

El pétalo, que palpita,

Entallando intensidad,

Tiró a brío y brevedad

La materia hermafrodita.

Sexo de forma infinita,

En un ejemplo que crece,

Va a perecer do perece:

Con millonésimo escorzo,

Curvo y crispado en un torso,

Mútilo de belvedere.

 

 

De Travesía de extramares, Lima, 1950

 

 

Calmato

 

 

                                                       Él es tan cuerdo y sabido,

                                                       que no esperaba esperanza

                                                                     Ximénez de Urrea

 

 

                                                       ¿Sin la virtud y la ironía,

                                                       Qué pensaría?

                                                                                                    Eguren

 

 

 

    ‒¡Enséñeme a posarme en mi pasado,

Y a reflejar el sino en mi persona,

Paloma real que, lúcida raleona.

Pica y peina el astil desaliñado!

 

    (‒ ¡Dúo y fuego se apagó a su costado:

Mas viso atiza, incierto, que blasona:

A ciprés de acullá, como la Monna,

Sonríe, esmalte de tornasolado!...

 

    ‒¡Tal, Alma Mía, la desesperada,

Con córnea cruel mullendo la tersura,

Tan dispuesta la sola: para nada...)

 

    (‒La Vida, repasa tus poemas;

La barba gris, abrásese a tu cura!...

¡Ya, Muerte Mía, ven, y no me temas!

 

 

Pianissimo

(III op. 28)

 

 

(Cortot: “Chopin: Troisième Prélude: Le chant du ruisseau”)

Quien este consejo quisiera fazer non avrá

miedo jamás de morir, más traspasará de muerte

a bevir vida por siempre sin le fallescer

Sánchez Calavera

 

Par délicatesse J’ai perdu ma vie

Rimbaud

 

 

((‒Cuando nació la diosa, de la mano

Del hombre, con ombligo y con natura,

En mí vino a mirarse la Hermosura...

Y yo, su sombra, me hui... humano.))

 

((‒La fuente aún mana de donde dimano,

La vez sedienta de mi coyuntura;

Empero sigo en trazo y estrechura,

Como riego de lloro y caz de piano.))

 

((‒Corrí a espuma de Venus Verdadera,

Y no quiero que agobie mi destino

Flor u hojarasca, otoño, primavera...))

 

((‒Quiero irme lustral hasta mi sino!!...

¡¡Que mi copia enjugúese en la vera!!...

¡¡Que mi curso desagüe en lo divino!!...))

 

 

Allegro vivace

(Op. 51)

 

 

Aus tiefem Traum bin ich erwacht.

Die Lust wil Ewigkeit!

Nietzsche

 

...mais rendre la lumière

Suppose d’ombre une morne mottié

Valéry

 

 

    ‒Ninguno aspira más que a noche y fuego;

Que el Poeta se engañaba o te mentía;

No quiere ser eterna tu alegría,

Sino besar la boca, y nada luego.

 

    ‒Es por tiniebla y tino de tu ciego...

Ninguna luz y dios... y así echa el día,

Cual vitre que refracta en la ardentía,

O ríe que refringe en el aniego.

 

    ‒Tiento y tierra... no neón que el mundo labra

De eterna luz... ni pasmo ni palabra

Es... medido marfil, mujer o piano...

 

    ‒Es pos, noctívaga, de temple a sueño,

Y en tu solera, soledad de humano

Combusto, enciende de hembra, lar y leño...

 

 

Volta subito

 

 

¡Oh muerte que das vida!

Fray Luis de León

 

Now more than ever seems it rich to die

Keats

 

 

    ‒¡Compás de la Bogada de Caronte,

Tú libérame ya de sutileza,

Madre y caudal de lágrima que empieza

En mí y no para ni en el horizonte!

 

    ‒¡Dame tu ceguedad con qué yo afronte

Rumbo infinible de vida y belleza!...

¡Y la mudez con que el eterno expresa!...

¡Y el mi cadáver la tu boza apronte!

 

    ‒¡Más no discurra yo sobre la linfa,

Ni rebusque ni finja, en haz o seno

De insondable hora, nenúfar o ninfa!

 

    ‒¡De los ojos del muerto, mi mirada

Paire en faceta a luz cristalizada

Y yo mire belleza así sereno!

 

 

Prima ripresa


(- Heme así... mi sangre sobre el ara

De la rosa, de muerte concebida,

Que, de arduo nombre sombra

esclarecida,

Palio de luz, de mi sombra me ampara.)

 

(-Heme así... de ciego que llameara,

Al acecho de aurora prevenida,

Desbocando la cuenca traslucida,

Porque sea la noche mi flor clara.)

 

(-Abrumado de él, sordo por quedo,

He de poder así, en la noche obscura,

Ya con cada yo mismo de mi miedo.)

 

(-Despertaré a divina incontinencia,

Rendido de medida sin mesura,

Abandonado hasta de mi presencia...)

 

De Escrito a ciegas, Lima, 1961

 

Escrito a ciegas

 

(Carta a Cecilia Paschero)

 

 

 

¿Quieres tú saber de mi vida?

Yo sólo sé de mi paso,

De mi peso,

De mi tristeza y de mi zapato.

¿Por qué preguntas quién soy,

Adónde voy?... Porque sabes harto

Lo del Poeta, el duro

y sensible volumen de ser mi humano,

Que es cuerpo y vocación,

Sin embargo.

 

Si nací, lo recuerda el Año

Aquel de quien no me acuerdo,

Por que vivo, porque me mato.

 

Mi Ángel no es el de la Guarda.

Mi Ángel es del Hartazgo y Retazo,

Que me lleva sin término,

Tropezando, siempre tropezando,

En esta sombra deslumbrante

Que es la Vida, y su engaño y su encanto.

 

Cuando lo sepas todo...

Cuando sepas no preguntar...

Sino roerte la uña de mortal.

Entonces te diré mi vida,

Que no es más que una palabra más...

La toda tuya vida es como cada ola:

Saber matar.

Saber morir.

Y no saber retener su caudal,

Y no saber discurrir y volver a su principio,

Y no saber contenerse en su afán...

 

Si quieres saber de mi vida,

Vete a mirar al Mar.

¿Por qué me la pides, Literata?

¿Ignoras acaso que en el Mundo,

Todo de nadas acumuladas,

 

De desengrandar infinitudes,

No si no un trasgo

Eterno, sombra apenas de apetito de algo?

 

La cosa real, si la pretendes,

No es aprehenderla sino imaginarla.

Lo real no se le coge: se le sigue,

Y para eso son el sueño y la palabra.

¡Cuídate de su atajo!

¡Cuídate de su distancia!

¡Cuídate de su despeñadero!

¡Cuídate de su cabaña!

 

¿Quién soy? Soy mi qué,

Inefable e innumerable

Figura y alma de la ira.

No, eso fue al fin... y era el principio,

Antes de donde el principio principia.

Soy un cuerpo de espíritu de furia

Asentada de aceda ironía.

No, no soy el que busca

El poema, ni siquiera la vida...

Soy un animal acosado por su ser

Que es una verdad y una mentira.

 

¡Es tan simple mi ser, y tal ahogo,

Con punzada de nervio y carne!...

Yo buscaba otro ser,

Y ése ha sido mi buscarme.

Yo no quería ni quiero ya ser yo,

Sino otro que se salvara o que se salve,

No el del Instinto, que se pierde,

Ni el del Entendimiento, que se retrae.

 

Mi día es otro día,

Algún no sé dónde estarme,

A dónde no sé ir en mi selva

Entre mis reptiles y mis árboles,

Libros y cementos

Y estrellas de neón,

Mujeres que se me juntan como la pared

    y como nadie... o como madre,

Y el recién nacido que sobre mí llora,

Y por la calle

Toda las ruedas

Reales y originales.

Así es mi vida cabal,

Hasta la última tarde.

 

El Otro, el Prójimo, es un fantasma.

¿Existe el aire,

Donde te asfixias y recreas

Respirando, tu cuerpo inane?

¡No, nada es sino la sorpresa

Eterna de tu mismo reencontrarte

Siempre tú los mismos entre los mismos muros.

 

De las distancias y de las calles!

¡Y de los cielos estos techos

Que nunca me ultiman porque nunca caen!

 

Y no alcancé al furor de lo divino,

Ni a la simpatía de lo humano.

Lo soy y no lo siento ni así me siento.

 

Soy en el Día el Solitario

Y el absoluto en la Zoología si pienso,

O como carnívoro feroz si agarro.

¿Soy la Creatura o el Creador?

¿Soy la Materia o el Milagro?

¡Qué mía y qué ajena tu pregunta!...

¿Quién soy? ¿Lo sé yo acaso?

 

¡Pero no, el Otro no es!

¡Sólo yo en mi terror o en mi orgasmo!

 

¡Y con todos mis sueños resoñados,

Y con toda la moneda recogida,

Y con todo mi cuerpo, resurrecto

Tras cada coito, ciego, vano, sin pupila!...

 

¡Cuando no seas nada más que ser,

Si llegas a la edad de la agonía!...

¡Cuando sepas, verdaderamente,

Que es ayuntamiento de muerte y vida!...

¡Entonces te diré quién soy,

Seguro, sí, que ya sin voz, Amiga!

 

Que se curan con hierbas eficaces

Los puros animales que te hablan

Allá, entre piedras inmateriales

El mundo real y la ciencia humana,

Donde, con una pelota

Los muchachos aparentes hediondos gozaban.

Sí, la vida es un delirio así, y sin embargo,

En esa vida no estuvo mi nada,

Ninguna, pero real, pero celeste o volcánica.

 

¡Qué tarde llega el Tiempo

A su punto de olvido o de sensibilidad!

Viene arrastrando, como el aluvión,

De cúmulo, de suelo, de humanidad.

 

Que se curan con hierbas eficaces

¡Cuán inesperado y desesperado cualquier ya,

Todo yo que cae con el Tiempo

Desde nunca siempre y para siempre jamás!

¡Qué madrugada eterna no dormida

Lo del revolverme en el hacer y en el pensar!

 

La Soledad es una roca dura

Contra la que arroja el Aire.

Está en cada pared de la Ciudad,

Cómplice, disimulándose.

Me arrojo o me arrojo, sin cesar

Yo soy mi impedimento y mi crearme.

 

La Poesía es, Amiga,

Inagotable, incorregible, ínsita.

Es el río infinito

Todo de sangre,

Todo de meandro, todo de ruina y

    arrastre de vivido...

¿Qué es la Palabra

Sino vario y vano grito?

¿Qué es la imagen de la Poética

Sino un veloz leño bajo un gato írrito?

Todo es aluvión. Si no lo fuera,

Nada sería lo real, lo mismo.

 

El Amor no sabía

Sino tragarse su substancia

 

Y así la Creación se renovaba.

Todo me era de ayer, pero yo vivo;

Y a veces creo, y a la Vez me amamanta.

 

No soy ninguno que sabe.

Soy el uno que ya no cree

Ni en el hombre,

Ni en la mujer,

Ni en la casa de un solo piso,

Ni en el panqueque con miel.

 

No soy más que una palabra

Volada de la sien,

Y que procura compadecerse

Y anidar en algún alto tal vez

 

De la primavera lóbrega

Del Ser

No me preguntes más,

Que ya no sé...

 

Supe que no era lo que no era, no sé cómo,

    y toda era

Hasta la cosa de mi nada.

Y fui uno no sé cuándo,

Persiguiendo, por entre numen y maraña

Dentro de ella, yo, nacido y flaco, ya con

    todas las armas,

Yo por todo paso que me hacía,

A ello persiguiendo... a la palabra

A cualquiera,

A la madriguera o a la que salta.

 

Si mi vida no es esto

¿Qué será la vida?... ¿Adivinanza?...

Que me dé tiempo el Tiempo, a más del suyo,

Y yo me reharé mi eternidad;

Lo que me falta,

Porque la eché... me estuvo un momento demás.

¿Sabes de los puertos encallados,

Del furor y del desembarcar,

Y del cetáceo con mojadísimo uniforme,

Que no nada y cae ya?

¿Sabes de la ciudad tanta,

Que no parece ciudad,

Sino cadáver disgregado,

Innumerable e infinitesimal?

 

Tú no sabes nada;

Tú no sabes sino preguntar,

Tú no sabes sino sabiduría

Pero sabiduría no.es estar

Sin noción de nada, sino proseguir o seguir

A pie hacia el ya.

 

 

 

De La mano desasida. Canto a Machu Pichu, Lima, 1964

 

 

La presencia

(Fragmento)

 

 

¿Qué es la presencia, Machu Picchu?

¿Eres la roca o el aluvión?

¿Eres el tejado o el gato?

¿Eres mi cuerpo o mi amor?

Cuando yo baje por tu madre sabida,

¿Quién seré yo?

 

Sí, toda era como entonces,

Todavía antes del principio

Eran roca y ser, de donde aún nace

Y sangra el deliberado sacrificio.

 

Todo eres

Como el labio del recién nacido,

Desdentado o como el del viejo

De la parábola del cigarrillo.

 

¿Cuándo y cómo eres humano,

Yo el solo humano, y tú hermano y mío?

¿Y qué diré si la palabra

que pesa y pasa tan poco como tu equilibrio?

¿Qué diré sobre tu edad?

¿Qué diré sobre tu río?

¿Qué diré de la indiecita adolescente

Que se baña en chorro, planta de alarde sin sentido,

Desnudez sin amor y sin odio,

Exacto y superfluo y hediondo y oscuro río?

Pero tú estás, piedra de cerco

De todo, límite inmerso y exiguo,

Palabra precisa,

La que yo rehúyo y persigo,

Celestía concreta, duro abatimiento,

 

Signo...

Carne fétida que dice que es la vida,

Y la vida eres tú, piedra sucia e inodora

Y en tu modo de mirarme, bruta y lírica;

Piedra humana, tremendamente humana,

Toda de terror y de delicia...

¡Tú que bajas del piso quincuagésimo,

Tú, par de ojos de estupor y de malicia,

Tú que traes en el maletín,

Tu muerte y tu vida,

Y tu imagen y tu kodak,

Y tu verdad y tu mentira!...

¡Tú, manera de ser ante lo eterno,

Fotograbado y melancolía,

Y enteramente de aquello de que dudo,

Y seguir adelante con el guía!...

¿Cuándo, Machu Picchu, cuándo

Montaña, llegaré a la orilla?

 

Pero cuando tú mueras, Machu Picchu,

Dónde me iré, con qué iré, con mi sonrisa

Y con mi carne y con mi hueso y con mi casa

Y con mi herejía,

Y con mi traducir lo del latín gorrión,

Y con mi misa,

Y con no sé qué porque me llegó tarde el ser

Al no ser la hora

Al caerse de abajo la vida.

¡Y este no ser nada sino hablar ante el verso!...

¡Y este temblar ante Dios que es la vida!

¡Y este mirarte y muerte, Piedra

De allá arriba!...

¡Este sentirse uno Dios ante la propia conciencia

Y ante la propia herejía!...

¡Este haberte hecho un humano como yo,

Que no era el Profeta de la Biblia,

Ni el Hombre de las Nieves,

Ni el Gorila!...

 

¡Este tu ser a mi medida humana,

Sin suelo, sin habitantes y con sola tu agonía!

 

 

 

De Piedra absoluta, Lima, 1966

 

 

La piedra absoluta (fragmento)

 

Poesía se está defuera:

Poesía es una quimera

Que oye ya a la vez y al dios.

Poesía no dice nada:

Poesía se está callada,

Escuchando su propia voz.

 

Como se va vida,

O como crece pelo de cadáver,

Estás tú, piedra eviternísima, piedra ilusa,

Entre las cosas reales.

Eternidad haraposa,

Firmeza sin edades,

Y un cordero de debajo que bebe el agua,

Y los cielos infinitos y con hambre...

Todo lo humano lo vi en ti,

Bestia mía y lejana, abiertas las fauces...

Todo el acto cumplido,

Y acesante...

 

Para cuando te estés muerto todavía,

Yo Mismo, aún eres la Muerte.

Eres yo mismo alguna vez

Entre las veces,

Entre las cosas,

Entre los quiénes...

Pero tú, piedra enquistada,

¿Quién eres?

¿A qué voy en soledad?

¿A quién soy entre los seres?

¿A qué tiempo, a qué futuro

Iré con mis pies y mis desdenes

Y con mis piedras recónditas,

Yo mismo, nube de mí mismo, celeste?

 

La Desesperación es una playa,

Sábelo, recóndita, alta piedra.

La Desesperación está contigo

Como tu piel o la miel de la abeja.

La Desesperación es un cielo

O una hembra o una piedra o una yedra.

La Desesperación no tiene otro

Límite que tu invocarla a ciegas.

La Desesperación está delante

De ti ahora: ahora es nueva,

Con sus monstruos invisibles de siempre

Y sus abiseles de fuera;

Con sus demonios de debajo, verdes,

Y con su cumbre, desierta.

Entre oleaje de roca, a ti llegué,

Muerto y vivo, con mortaja de yerba.

Y las necesidades y las luces,

De las que no te acuerdas;

Y las libertades emparedadas

Sobre las yerbas,

Que no atinan a irse en cualquier espacio,

Tu finito absurdo de almas circunflejas;

Y el ser que nunca será todavía;

Y el jamás, incorporado, de antes y después, que

    aceza;

Y los puntos y las comas,

Y los cielos y las aguas y las piedras...

Sí, tú eres tú mismo,

Yo alguno, yo cualquiera...

 

 

De Mi Darío, Lima, 1967

 

 

Soneto II

 

Dios es simple… es así. Si tocas las paredes

Allí está Dios, que te hizo muy antes de su idea.

Dios es simple, Amor Mío, como una mujer fea.

La mujer que persigues entre duros ustedes.

 

Dios es simple. Si dudas, es porque no lo puedes.

No hay otro mundo, Amor, sino el que uno se crea.

Dios es tan simple así como el perro que mea,

Como la rosa luce o como cuando hiedes.

 

Dios es simple. Es así. Te hizo las ciudades.

Te hizo los mendigos. Te hizo las caridades.

¡No dudes, Amor Mío, no dudes, que me muero!

 

Dios es simple, Amor Mío. Dios es sin teología.

Es el salir temprano al misterio del día,

Como sale el polluelo de la cáscara, entero.

 

 

De Diario de poeta, Lima, 1975

 

Diario de poeta

 

 

Es trágico porque es... si no fuera, sería

Una puerta de casa que nunca fue golpeada,

Hecha de dios humano por deseo o patada.

Todo es trágico. Amor, todo hasta una alegría.

 

Nietzsche lo supo... el único de la Filosofía

Que miró el frontón griego con primera mirada,

Con sífilis, ignota, con su ciencia asentada.

Con dada eternidad como si fuera mía...

 

Quise morir la vez sobre los espaldares

De los asientos, y era otra vez otra vida,

Quise morir mi vida, ¡y es tantas, y se olvida!...

 

Porque yo soy el Otro cada vez, y me mato

Como a eterno enemigo y me huyo por los mares

Y las tierras y los cielos, sí, de mi arrebato...

 

La vida no se elige: la vida se padece.

¡Ay, cuánto sé que creo!... ¡y el saber se me olvida!

¡Y cada mañana es como a su fin la Vida!

¡Y me estoy esperando al principio que empiece!

 

Y así voy todo tiempo porque la uña crece,

Porque aún soy la sombra de cada escena sida...

Y vivo, porque soy eterno entre la ida

Cosa y la por venir como entre zeta y ese...

 

Dios es tenaz, tenaz como su creatura.

Y la mujer que lava la ropa del esposo

Y el agua que se está contenida e impura...

Y la vida es eterna, aunque yo no lo diga.

Y la vida es lo que soy, en el llanto o el gozo.

Y la vida es cualquier instante que se siga.

 

Dios es uno y no más. Y el uno hace el hijo

Y la mujer, así perfecta la corbata...

Y el Poeta está haciéndose de lo que desbarata.

Y todo fue creado antes de lo prolijo.

 

Y el artista se está con su lente y su alijo

Y alguna florecilla ya se entreabre en la mata.

Dios es uno no más, como es una rata

O una puerta o una muerte, como dicen que dijo...

 

¡Unidad, alma mía, que no toca siquiera!...

¡Que no alcanzo ni pienso con mis filosofías!...

¡Unidad, unidad, para una primavera!...

 

¡Y yo quiero creer, y no creo, Almas mías,

Sujeto a mi camisa, real y verdadera,

Leyendo en calendarios los tiempos y los días!...

 

Y con toda conciencia, rezo mis oraciones.

Y con toda conciencia soy un hombre vestido.

¡Porque mi muerte tarda, porque es poco mi olvido,

porque mi duda no es entre tantas razones!...

 

Y yo he de serme vivo... opinionen, botones,

Una calle sin nombre y otra con él, leído...

E irme con la mujer de ánimo distraído,

Y ser mañana aquél de sus obligaciones...

 

¡Yo nunca fui Unamuno! ¡Huyo ante lo perfecto

Como huye la liebre del cazador previsto...

El pequeño animal, tan seguro y tan recto!

 

Vivo como Unamuno, que Dios nos hizo a todos:

Mas el sabio no sabe cómo estaba previsto,

Que uno es una miseria de ciudades y codos.

Yo pienso como pide el mendigo: la cosa

Que se da la bendice, con el ceño arrugado;

Que somos carne y hueso de algún yo no arreglado

Según su propio ser y como no es la rosa.

 

Poesía no basta. Nada basta o reposa.

Contra mí, están todos los míos conjugados;

Estos cinco sentidos, estos íntimos lados,

Esta ave que se vuela sobre mí y no se posa...

 

Mi temor de haber sido, y esta mano cualquiera

Que es una mía y yerra como no yerra el tacto...

Y este día y el otro, como si todo fuera...

 

Sin curar de impulsión y sin curar de impacto...

¡Y a cada instante ser sin ser divino el Acto!...

¡Yo, carne que se suda, haciéndome lo exacto!...

 

Esas gitanas, todas, tan hediondas, tan bellas...

En donde está mi vida... la lengua sepultada...

 ¡No sé qué de lascivo de micarne cansada!...

 ¡Y no sé ningún nombre de gitanas aquellas!...

 

¡Porque de real que pasa, nunca quedan ni huellas,

Y los naturalistas redoblan su mirada,

 ¡Ay, porque lo real jamás duró tan nada,

Y yo yazgo en gitana como en todas las Ellas!...

 

¡Sí, por mi oreja absurda, de oído de poeta!...

¡Sí, porque yo no soy sino dedo que escribo!...

¡Sí, porque me enseñaron desde la a a la zeta!

 

¡Y mi gitana hiede, tremendamente pura,

Yaciendo, no conmigo, sino con el que se vive,

metiéndole su lengua y su buenaventura!

 

¡Déjame, Tiempo, ser con mi soy y mi gana!

¡Callando... tan veraz como el niño al dedito!...

¡Déjame ser así como el silencio al grito

Y esperar como el todos que ya sea el mañana!

 

¡Contra toda gramática, como toda flor sana

Que nació de la espora, con saber infinito!...

¡Yo nazco cada vez, y cada vez me agito

Con la torpeza propia de cada dios que emana!

 

¡Déjame, Tiempo, ser, porque tiempo no bastas!...

¡Yo, hacedor de dioses, entre seres iguales!

¡Yo, todo de dios írrito entre las putas... castas!

 

¡Y yo llamado a ser como es mi vecino,

Con su ventana, limpia, de esmerados cristales!...

¡Y yo, llamado a estar como el dios que no vino!...

 

Desvestido, furioso, ya como cuerpo humano,

Como dios con la lágrima gorda, yo repetía.

¡Es tan sin fin vivir un día y otro día

Y aprender la lección y lavarse la mano!...

 

Y no vale el vagar, porque encuentro a Fulano,

Su corbata correcta, que me dice el buendía.

¿Adónde está, Dios Mío, verdadera agonía,

por la que me muera de verdad y no en vano?

 

¡Con este tacto inútil del poeta en el trance!...

¡El párpado vencido y los hijos hediondos,

Todo el prójimo que es hasta donde me alcance!...

 

¡Madre Furia, tú, que eres todo saber de mío!...

¡Tú, río desbordado que haces súbitos fondos!...

¡Tú, Madre, tú no sabes cuánto es el tacto mío!...

 

Yo no sé, porque soy. Si no fuera, sabría

El mi amor con su tacto, el por qué cae pelo

Todo sobre mi frente... el ajeno, el del cielo...

Todo porque no soy, que no soy mi alegría.

 

Y no sé qué soy. Cada filosofía

Me da una duda más de mi persona y celo.

Piensa con gruesos lentes y ningún recelo,

Y soy como cactus en una roca impía.

 

Y yo no sé decir todo lo que me digo.

Yo temo de mi voz, mi constante testigo,

El que me hizo la letra y rehace a cada instante

 

¡Cuánto vivir apenas, con la mano colgada,

Con dios que ya no se oye, como la carcajada,

Y con dios que ya asfixia como humo bastante!...

 

Y está como está Amor, por el último beso.

Somos de carne y hueso, sin fin y sin teoría

Que enseñe a ningún tacto a ser una alegría

Y está como está Amor, con su cuerpo y su peso.

 

Amor es el que está... el beodo en su exceso

O el mendigo, que está con la mano nadía,

O el que hiede a colonia con la mirada mía

O el que estuvo y no está como yo me estoy preso.

 

El instante es eterno. Uno no es otro: es uno.

Yo no soy mi vecino, yo no soy mi ninguno.

De arrabio personal, de acero latente.

 

Acero del vivir el día todavía...

La tierna sinrazón en la que yo me acuno;

¡Temo el hacer que impone la lenta poesía!

 

Es como el Río, que es y que pasa y que toca

Y que se está siempre el mismo, como otra vida mía.

Yo amo al Río, mi padre, el que hizo mi alegría

Y mi desesperanza y a la mía otra boca.

 

Así es mi vida, así es, que corre por la roca

Blanda o dura, como flora de acaso o todavía,

O espejismo tal vez de la carne nadía,

Y todo es, tan todo, a distancia tan poca...

 

El río es como soy, no sé más. Si supiera

Yo me sabría adónde y por qué soy mi sino,

Con mi fondo de real y lampo de quimera.

 

Quien no vivió tragedia, no nació. Y ando quieto,

Contando con los pies mensuras del camino,

Y Callando ‒¡ay. Mi Muerte!‒ de feto de secreto.

 

Y yo soy como soy... sobre el peligro estante.

No hay otro dios que el mío, porque nunca varío.

Porque nada que lo es, lo es sino es lo mío,

Y yo me soy, doquiera, con el ojo distante.

 

Uno me echa el sombrero; otro me hurta el guante

Y yo sigo mi curso como lo sigue el río.

¡Es tan tarde morir entre gana y desvío!...

¡Y yo soy el que soy... mi peligro bastante!

 

Dios existe, sin duda. ¿Por qué soy si yo dudo?

¡Si dudo de existir, con la mano colgada!...

¡Llamar a golondrina, conversar con el mudo!...

 

La poesía es diurna y es clara: es que no sé.

Sólo que es un algo lo que llamamos nada.

Dios existe, sin duda; ay, ¿pero para qué?...

 

Poesía, mano vacía


Poesía, mano vacía...

Poesía, mano empuñada

Por furor para con su nada

Ante atroz tesoro del día...

 

-Poesía, la casa umbría

La defuera de mi pisada...

Poesía la aún no hallada

Casa que asaz busco en la mía...

 

-Poesía se está defuera:

Poesía es una quimera...

¡A la vez a la voz y al dios!...

Poesía, no dice nada:

 

-Poesía se está, callada,

escuchando su propia voz.

 

 

De Aloysius Acker, Lima 1932

 

Aloysius Acker


(fragmento)

 

¡Aloysius Acker está naciendo

llenando de gritos la casa, el cielo!

¡Aloysius Acker está naciendo!

¡Aloysius Acker, hermano mío,

el hermano mayor, el hermano pequeño!

 

-¡Para ti son plumas todas las almohadas,

y con uno que no parece todos los sueños,

y con aire todos los caminos

y con voces todos los versos!

 

[...]

 

Mi identidad hostil, mi hermano verdadero

según seno incapaz de la propia natura!...

¡Ay, echado, nonato, el ternísimo cero

a cenagosa estrella de inmediata ternura!...

 

[...]

 

¿Quemaré la casa paterna?... ¿partiré de la patria?...

¿Seré un monje en un monasterio?...

¿Me echaré a marear, tatuado, barbudo, descalzo,

en el último de los veleros?...

¡Todo me es igual, Aloysius Acker!...

¡Sólo tú me eres idéntico!

 

[...]

Cómo morirá el que nunca ha vivido,

el hermano mayor, el hermano pequeño!...

Y cómo morirá tu hermano Aloysius Acker,

yo, el hermano mayor, el hermano pequeño!...

No más. Es necio.

Hemos de ser vivos.

Nada es más allá de nuestro juego.

Y aquí estamos, en la vida y en la muerte,

entre tanto vivo, sobre tanto muerto.

El que no eres tú, no es nadie.

El que no eres tú, es alguien,

Aloysius Acker.

Me basta andar contigo

en un mismo suelo,

en un mismo paso.

Me basta correr a comer contigo

con el mismo hambre, en el mismo plato.

hasta acariciar al niño

y sentirme con el otro extraño.

El otro nos odia.

El otro no tiene hermano.

El otro es el que se embriaga el sábado.

El otro es el canta misa.

El otro es un muchacho.

El otro es una vieja.

El otro eres tú y soy yo, si nos separamos.

¡Aloysius Acker ha nacido!

¡En todo instante está naciendo!

 

Tú eres el que me es idéntico.

Naces de mí como el desconocido

que tanto amamos en los sueños,

que siempre conocimos en los sueños,

que es uno mismo en los sueños.

 

De mí te apartas y eres como la imagen

en el espejo.

¿Cuándo no eres yo mismo Aloysius Acker?

el esperado, el compañero,

el que me sorprende, el que no conozco,

aquél por quien soy alguno y muero.

 

El que no eres tú es el otro,

el cavador del cementerio,

el taquígrafo, el mecanógrafo,

el que me espanta, el que no temo.

¡Vivir es estar tú cogido de mi mano!

¡Vivir es estar yo cogido de tu mano!

A veces te sueltas;

y andas solo por la ciudad y el campo!


Martín Adán -Rafael de la Fuente Benavides- (Lima, 27 de octubre de 1908-Lima, 29 de enero de 1985). Poeta y narrador peruano. Colaboró en la revista Amauta y formó parte del grupo del mismo nombre liderado por José Carlos Mariátegui.

Tanto en 1946, como en 1961, obtuvo el Premio Nacional de Poesía. En 1976 se le concedió el Premio Nacional de Literatura. Publicó los poemarios La rosa de la espinela (1939), Travesía de extramares. Sonetos a Chopin (1950), Escrito a ciegas (1961), La mano desasida, canto a Machu Picchu (1964), La piedra absoluta (1966), Mi Darío (1967) y Diario de poeta (1975). En prosa publicó La casa de cartón (1928) y De lo barroco en el Perú (1968)

Bajo el cuidado de Ricardo Silva-Santisteban (a cargo de la edición, prólogo y notas) se publicaron dos volúmenes que comprenden casi toda su producción literaria: Obra poética (Ediciones EDUBANCO, Lima, 1980) y Obras en prosa (Ediciones EDUBANCO, Lima, 1982).




 
 
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