Andrea Marone
- poesiaon

- 12 ago
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Poemas de Mucilaginoso (inédito)
Luminificame
Descascarame, resbalame
un lunmiente en mi runrun
relameme luciente la prístina
salvajisma inmersitud.
Recostame la labia, los pedazos lustrosos
las murientes proselactitas
de mi inmersa pulsación
rementame la piela, la tesitura
substancial exhumancia
apenas marroquismo, apenas culto
apenas alundancia, apenas
inmiscuída, derrochada, placenta
pletorizada. Descamarame
escama a escama, lamerosa
barrancal orquídeo, Amaranta.
Soltame el costarón con la destreza
de un farandal amisorando el marismo.
Amaliname la rótula, la escápula
lustraeme el luto, luminisceme
luminificame, lucero, lacerarme
hasta el agobiamiento, hasta el prístino
día en que yo me apague.
La lengua
En filamentos de ceniza
lianas de una selva subacuática
se fuga nuestra lengua.
Descascarándose al contacto del cardumen
arrastra sus aletas sobre la vegetación.
Mastico el cascarón de una langosta
para agotar el océano.
Gime el crustáceo un destino
de carne magra.
Un dolor inaudible
mi crueldad hambrienta
acribilla su voz.
Un balido de ballena me distrae.
Toda palabra tiene precio.
Si digo langosta,
desanudo el mar.
Toda palabra está percudida.
Si digo ballena,
el peso de un cuerpo cae sobre mi hambre.
Morder el instante.
Apenas me regodeo
en el sabor ácido del lenguaje.
Me asfixio, los bordes ásperos
raspan la garganta
y este desconsuelo, una pincelada más
en la terrosa contextura del océano.
piedad
abreva el tiempo
las manos
un cuenco
los labios
oh ensanchan la sed
Gaza se peina
arbórea corteza
pinza de hierro
oh infecta de hiel
siniestra estira
la gasa se arruma
la niña costilla
oh espinazo de pez
duela si arrasa
ojera de grito
oh destruye su tez
globo de incendio
fósforo chispa
sumisa
oh mutila la res
pulpa cuestiona
Gaza descalza
corre rasga
oh escancia tu piel
arábiga afrenta
sentencia violeta
oh obtura la fe
recusa de cielo
incienso ahúma
infecto oh
por última vez
La ceguera
Mi casa, sin luz; el departamento de al lado, sin luz
la oficina para extranjeros, sin luz; el pasillo, sin luz;
me recuerda una noche
en el desierto de deseos líquidos.
Toda el agua del mar no bastaría
para saciar la sed de un solo hombre.
Hablo del mar por la ceguera de los peces;
nombro el mar por el recuerdo de la sal
infiltrándose en la retina.
El cadáver de la mujer siguió produciendo leche
para el ansia de su hijo que gateaba en la arena.
Por salvarle una vida escarpada, poblada de objetos
que punzan y dejan cicatriz.
Las marcas se estiran
en la superficie de la piel.
Nombro al desierto por la sed infinita;
hablo del desierto por la pincelada de colores
dibujada atrás de los párpados.
Enfilo hacia las escaleras
soy laxa y blanda como una luna
tiendo a ensancharme,
el dolor del mundo pugna por crecer dentro mío
mis pechos vacíos de leche
proyectan espejismos
como un pez de aguas profundas
para no tropezar,
con la espesa oscuridad.
La tersura de la pared descascarada.
Deslizo mis dedos por el barandal
con la devoción de un ciego principiante
que vuelve de una reunión de rehabilitación.
Camino por las escaleras
por si el tiempo se acaba, palpo:
los hilos del suéter de lana
la suavidad del jean, de mis cabellos;
me agacho, cada escalón es nuevo y único.
Hay tanta oscuridad
olvido que existen, por un instante,
las imágenes y muevo mi cuerpo
como una criatura submarina.
La corteza terrestre,
su inmersión acuífera
apenas un mapa que contiene
con la misma crueldad que expulsa
a quienes habitamos este contingente
de relieves que niegan abundancia
a manos que no proponen excesos.
Por unos minutos siento alivio
dejando que mis manos recorran
la superficie de las cosas y
unas ganas irracionales de permanecer
arrumada en la oscuridad.
Olvidar el milagro del mar
Olvidar el milagro del desierto
Solo suspenderme en una nada sin tiempo
Hasta que alguna linterna me recuerde:
sigo ofrecida al sacrificio de mirar.
Museo Larco en Lima, Perú
Hace cincomil años en un mundo
virgen de globalización
y todo tipo de viaje temporal
los Mochicas hacían sacrificios humanos
para calmar la ira de los dioses
antropomórficos: serpiente, felino y ave
conjugando la ecuación de la posibilidad
inmolaban a los mejores de los suyos
le cortaban, a uno, la yugular
y esperaban que se desangrase
la piel le quedaba de color verduzco
luego, arrojaban el cuerpo
que caía como un higo seco.
A otros los molían a palos con una porra
expuesta en el museo Larco en Lima, Perú
con sus vetas y hendiduras otrora teñidas de rojo borgoña.
Los Mochicas no eran crueles
su fe en el azar de la justicia divina
justificaba la ritualizacion de la muerte
los Mochicas cuidaban a sus animales
los Mochicas cuidaban a sus familias
una vez cada tanto, nada más,
venían las tormentas
y arruinaban los campos
que necesitaban para alimentarse.
Los Mochicas, entonces, mataban como remedio
para prevenir el hambre.
Los Mochicas cultivaban
el arte del amasado de arcilla
a imagen y semejanza de sus rostros
invisibles a la historia, al proceso civilizatorio occidental. Su cultura
sigue enquistada
sigue expuesta
sigue ofrecida a la curiosidad
de turistas como mínimo europeos
de antropólogos rubios
que se desconocen en ese mestizaje
de narices chatas, curvas pronunciadas
y ojos redondos como huevo frito
esculpidos en las huacos.
Los sociólogos del primer mundo
los artistas del primer mundo
pagan cincuenta soles
para entrar al museo Larco.
Yo también pago mis solcitos
los solcitos de plata
para tener una experiencia
de contacto con aquello que fue
destruido por el orden de la historia
como una profecía autocumplida
primero, morían los enemigos
luego, morían entre ellos
finalmente, morían a mansalva
en manos de los europeos
y no hubo sacrificio divino
que amparara la piel curtida
frente a la acidez de las balas.
No existió dios que auxiliara a los Incas
no hubo tampoco piedad para los Mochicas quienes sanguinarios
sacrificaron a los suyos
por la promesa de la prosperidad
¿habrá consuelo para nosotros?
latinoamericanos de rostros híbridos
colonizados por métodos elegantes
que no podemos anteponer
a la violencia
ninguna especie de fe.
Andrea Marone (Mendoza, 1994) publicó los poemarios: Las cicatrices emulsionan mi piel (Fractura, 2025), Arterias (Ediciones Culturales, 2022), La conspiración de los damascos (Ojo de Golondrina, México, 2019) y Vampirización del ego (Mar Adentro, 2017). Obtuvo el primer premio en poesía en el Certamen Literario Vendimia 2021. Su obra ha sido incluida en diferentes antologías y fanzines. Entre estas publicaciones destaca su participación en el manual escolar de Ciudad de Buenos Aires 2025, la antología Flotar de la Editorial Camalote, en 100 poemas sobre el mar de Albura Ediciones y Lugares que sean nuestros de Somos Centelleantes. Asistió al Slam Federal en la ciudad de Rosario (2015), al Festival APOA-La Juntada en la ciudad de Buenos Aires (2018), al Primer Contrafestival de Literatura y otras Artes en la ciudad de Mendoza (2019), al Festival Letras con Arena en Chile (2020). Fue representante del Slam poético Mendoza en Slam Argentina (2020) y resultó galardonada con el tercer puesto a nivel nacional.
Entusiasta del collage. Colaboradora en revistas de crítica cultural. Es Licenciada en Artes de la Escritura por la Universidad Nacional de las Artes. Estudió Letras en la UNCuyo. Vive en Buenos Aires y actualmente estudia diseño gráfico.



