Kril x Boccardo
- poesiaon

- 21 ago
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Selección de poemas de María Kril por Catalina Boccardo
Mi padre se congeló sentado a la mesa.
Mi madre se tambaleaba trayendo
la cena contra el viento que toca
sus párpados.
La mano entumecida de mi padre
intenta pasar el poder antes de cubrirse
de escarcha.
Lech Majewsky
(Epígrafe de “El Cuarto” (2013) de María Kril)
III
Padre, te creía. Poderoso en el silencio de los clavos, suelto y oscuro, pero sellado en las paredes. Difícil tu riesgo, encadenado al cuarto creciente de las ventanas. A lo lejos un país extraño, tu cara en la escarcha, como un sello previo a la muerte. Saltar por encima de los techos, desatado de todas las conciencias, único en la ceguera. El invierno ha puesto su estaca, ¿y tus ojos? Sólo movías el tiempo si despertabas. Árbol en el medio de la casa, dividiendo en dos, siempre en dos. ¿Te habremos seguido, descuartizando el dolor en la madera podrida de los techos, tus manos limpias en el barro que soltaba la noche? ¿Y qué he de hablar? La lengua endurecida adentro de los ladrillos, ese pilar que sostuvo, silencio por silencio, la única manera de decir ¨siempre es tarde¨. Astillas en tus pesadas vértebras, el paso en la cautela y sus concesiones. Andar y desandar, el juego de buscar la llave entre los pastos, y la puerta cerrada. ¿De dónde se soltó tu cuerpo, ahora inerte, el pelo marchito? Sonreías, a veces sonreías donde apoyabas el desgarro. Sé que volvés a clavarme los ojos donde se depuró un espacio, ¿guardado para quién? A vos te esperaba, poderoso, apuntalando la mesa en equilibrio de cuatro. Y ahora que todos se han ido sin abrir la puerta, apago la luz, doblo el cuerpo y cuido el embrión que cayó sobre la cama.
V
No hay lugar en la casa, ha crecido la maleza en cada cuarto. En los ojos del animal se levanta tu sombra. ¿Quién será la presa? Él esconde sus viejas cicatrices en cámaras de fuego. Te persigue astuto, muerde tus libros, lame indefenso la corrupción de los roles. Él no está donde debe, como vos, llamado y distinguido por efectos sonoros. Voces extrañas, personajes que juzgarán el líquido viscoso de tu cuerpo. La maleza es pezuña y hace estragos. ¿Quién, sino vos, podrá vencer la trampa? ¿Quién retornará a la tierra descompuesta? Flores óseas encontrarás, sucias de excrementos, espasmos y piedras. No habrá rincón sin ese fluido pegajoso, sin tu cuerpo con patas de animal. El equilibrio resbala. La tentación es origen en la respuesta: ojos de venado en tu propia cacería. Trepás por las cortinas, escapás con los dientes, soportás el peso de las falanges asidas como arañas en las grietas de los muros. La garganta es un embudo. Limpiar, eso, limpiar. Cortar de raíz la invasión inesperada. Demasiado espeso, demasiado caído y tarde. La trampa sos vos jugando con ellos. No los ves. La maleza. Ventanas con espinas, el piso seco, los huesos plantados en el jardín que brota. ¿Quién huirá del territorio, tapiz de pieles que crujen y expulsan ramas de cansancio? Te diría: en cada cuarto animal te espera. Escaparás al lugar equivocado. Olfato y vigor son las consignas. El olvido ahora profundiza un silencio de aire. Descartarás la almohada donde el sueño decanta. Alerta. Siempre alerta, custodiado por tu propio excremento.
VIII
Mi madre se cubre con hojas y me muestra su diente. ¨Fueron las madres las monjas…¨, le pido otra vez que cante, que encuentre los secretos por los que ha muerto. ¨Todos los niños irán al colegio con globitos de leche¨, me dice. Yo deshojo sobre la cama perfumes de la sombra que se despierta carnal. Lejana del renacer. Intento acomodar las piezas que vuelan sueltas entre paredes y techos familiares, sobre patios, en escaleras misteriosas, en cañerías fantasmales. (Piedad para la niña que habita una foto solamente). Túneles nuevos me llevan a su garganta donde palabras, gustos y tierra se comparten. Túneles nuevos por el camino inverso hasta su vientre. Lloro en esa oscuridad, lejana del renacer, en noches fértiles donde se acurruca una mujer desdoblada. ¨Fueron las madres las monjas…¨, le pido que cante, y me chupa el pelo hasta dormirse.
XI
Habíamos estado en cuclillas frente al espejo. Ese era el castigo. Una postura incómoda, denigrante, con olor.
Mientras aguantábamos el peso de la noche, ellos festejaban en el jardín el nuevo año.
Por habernos anticipado a las respuestas, nuestra penitencia desandaba preguntas que debíamos olvidar.
Después de tanto tiempo es difícil encarar esas palabras: todo cuanto callamos y la fantasía de lo dicho.
Vení _ le pido a mi hermano_ juguemos como cuando éramos niños.
Él quiere huir, pero no puede.
En cuchillas espero el perdón.
XIII
Casi busco el cuchillo. Ellos, en la otra habitación, parpadeaban. La ceguera es inútil cuando el olfato apunta, cuando el silencio es una bala que aturde en la noche, y estallan los vidrios. El aleteo de los cuerpos ensordece. Revienta una polilla debajo de la almohada.
Ellos me invitaron a su fiesta. Pero la muerte con antifaz buscaba un cadáver en mi mano. Yo sólo era una gota de sangre, perdida. Y no podía permitir que cayera.
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María Kril (Olivos, Pcía. De Buenos Aires, 1952). Publicó en diarios de distintas provincias y participó de diferentes grupos literarios. Invitada a ciclos y programas radiales de poesía. Obtuvo una Mención de Honor de SADE, 1981 por su libro Palabras del pozo celeste. Fue integrante de la Clínica de escritura poética de la Biblioteca Nacional, coordinada por Liliana Lukin. Publicó en las Antologías 2008/2009 y 2010/2011, Ediciones La Biblioteca. Y, también, El Cuarto (La Biblioteca, miliuna, 2013).
Catalina Boccardo, nació y reside en CABA. Ha publicado en poesía, entre otros libros, "El Jardín Santo", "Formosa", "Collage", "El Pico de los Pájaros", "Tiempo de Mandarinas", la trilogía "Partidas", "Lugares sin calma". También sus poemas se encuentran publicados en antologías, páginas web y suplementos literarios dedicados a la difusión de poetas. Así como sus textos narrativos y reseñas literarias. Participó de distintos Festivales, Encuentros y Jornadas de poesía en Argentina, Uruguay, México y Perú.
Es editora en Argentina de la columna Periferia Sur para la revista mexicana Poetripiados, y colaboradora de la Revista literaria latinoamericana PoesíaNo. Complemente su actividad escritural con el collage. Pertenece a la SAC, y ha participado de muestras colectivas. Dictó talleres en el cruce de la escritura creativa y las artes visuales. Estudió abogacía (UBA) y la Maestría de Escritura Creativa (UNTREF).



