Eduardo Padilla
- poesiaon

- 7 may
- 13 Min. de lectura
Antología de Santiago Astrobbi Echavarri
De Mausoleo y áreas colindantes (Ediciones La Rana, 2012)
Un tal Heimlich
Un piojo despierta inquieto una mañana y se decide por la filosofía. Hace sus maletas -su bulto atado a un palo- y elabora un mapa, basado en el recuento de otros piojos. Su plan es emigrar a la región del ojo, la única a la altura de sus nuevas ambiciones. El ojo no es sólo una capilla astrofísica sino que también hace las veces de bunker y de planta nuclear al servicio de la imagen. Qué mejor modo para hundir la probóscide en las vetas de la existencia. Siendo pragmático, el piojo anticipa que el ojo, siendo rotundo, será difícil de defender. Hablar de amurallarlo comprometería sus funciones… Ya estando en eso mejor extirparlo y usar la cuenca para el cultivo. No, habrá que dejarlo intacto, piensa el piojo. Pros y contras, y unido al gran contra de su estúpida vulnerabilidad viene el gran pro de su lacrimosa súper-abundancia. Cada vez que lo pinche me dará recursos… Caray, hasta podría poner una hidroeléctrica y venderle el sobrante de luz a los chinos (el piojo naif calcula que sus ojos rasgados son una gran desventaja).
Un piojo despierta de un sueño donde se reinventaba de filósofo aficionado y luego pagaba caro por su audacia. El piojo mete los pies en las pantuflas y encuentra el depósito que su mascota (un ácaro atigrado) le ha dejado en la pantufla izquierda. La vieja cadena de repulsión-atracción se echa a andar en la sinapsis del piojo. Le resulta un hallazgo penoso, pero la consistencia de aquella materia le remite al sueño y al ojo en el que había construido su Reichstag. “El amor entra por el ojo” entona el piojo “junto con todas las otras enfermedades”. Feliz de saberse tan ingenioso aún antes de tomar su primera taza de café, el piojo va al armario normando y saca su gabardina y su Stetson. Es hora de proseguir con la investigación. Mete en la funda su revólver, con cariño, bajo la axila. Baja al garaje y enciende el auto; luego espera, como todas las mañanas, a que la temperatura del motor suba un par de grados. Mientras espera tras el volante, da sorbitos al café y traza un plan sobrio y detallado para el resto de su vida. La investigación no podrá tomarle menos tiempo que eso; calcula que incluso podría llegar a necesitar una prórroga. Su cliente -un consorcio hermético del que sólo conoce las siglas y esa cripta vertical/oficina central a la que sus colegas le han puesto el afectuoso mote de La Colmena- le ha encomendado la solución de algunas grandes preguntas. Es verdad que no son muchas preguntas, le confiesa el piojo a su futura exesposa en un raro momento de debilidad, pero Dios, sí que son grandes. Mientras el piojo traza y elucubra, sentado ahí, tras el volante, el garaje se hunde en una impenetrable niebla de monóxidos.
Un hombre despierta como náufrago arrojado a una playa rocosa.
Un hombre despierta casi ahogado, como si acabara de salvarse de las heladas aguas de un pozo. Considera que aunque en ningún momento vio su imagen reflejarse en ninguna superficie o espejo, todo parecía sugerirle que en el sueño el hombre en realidad era varias clases de piojo. A pesar de esto, en el sueño sus hijos lo llamaban por su nombre, y su esposa no oponía resistencia ni hacía ningún intento por echarlo de la cama.
De Zwicky (Cinosargo Ediciones, 2021)
Zwicky
a Luis E. García
Te han pillado saliendo del motel vestido de mosca. Te han oído cantar sobre una rama que no era tuya. Tal vez te han visto andar al ras del bosque sin uniforme, arrastrando el fusil en dirección opuesta al frente. Como sea, algo has de haber roto. Ahora debes mentir.
Vas a necesitar una buena atmósfera.
Escoge tu duración
Si eres un hablador imparable, la novela te espera con sus planicies. Eres libre de elevar montañas y fraccionar ciudades hasta que engordes.
Si prefieres algo más compacto, el cuento ofrece los altos picos de la novela sin la necesidad de sufrir el tedio del viaje. Sigue la regla de oro y no hagas a otros lo que no quieres que otros te hagan a ti. Ahórrate las filas y pasa directo a la caja.
Ahora bien, si lo tuyo es el relámpago en la sien, o el alud de bolsillo, ahí está el poema.
¿Qué es una atmósfera?
Si respiras, es una atmósfera. Si quieres que tu texto respire, vas a necesitar de una buena atmósfera. De abstracción no vive el hombre. Es bueno que tengas argumentos, pero no olvides mencionar el color de la luz que se filtra por la apertura de la cámara oscura y que le da a tu sesuda reflexión cierto aire de drama y misterio (checa bien a Rembrandt, memoriza a Caravaggio).
¿Soy yo una atmósfera?
Tú eres, en efecto, una atmósfera, en el mismo sentido en que una ramita es un bosque. Eres la excreción de una atmósfera. La infinitesimal excreción de una atmósfera. Ahora sal y demuéstrale al mundo de lo que estás hecho.
¿De qué está hecha una atmósfera?
La atmósfera está hecha de partes, como si fuera esto una carnicería y la atmósfera una res abierta en canal. Éste es el hígado, estas son las mollejas. Digamos que esto es un taller mecánico y que para componer primero hay que saber descomponer. Descomponer atmósferas es como salir de pesca. Requiere un culo estoico o un buen par de piernas. Requiere paz interna. ¿Sabes observar? Ve y observa. No tienes que ir al polo norte para hallar una atmósfera. El armario donde guardan la aspiradora de tu escuela es más que suficiente. Quiero que vayas y te encierres en él. Prende tu linterna. Nada de hacer juicios. Nada de “Huele mal aquí” o “No hay suficiente espacio”. Éste no es momento de gazmoñería estética. Esto es la descomposición de una atmósfera. Texturas, sensaciones, materia prima. No salgas de ahí hasta que tu cabeza esté llena.
He aprendido a descomponer. ¿Ahora qué?
Ahora viene lo bueno. Quiero que te relajes y que compongas una buena atmósfera como si tu salud mental dependiera de ello.
¿Cómo se sabe si es una buena atmósfera?
Te dirán que en el arte todo es subjetivo. Que la verdad ha muerto aplastada bajo los neumáticos de un Dios cafre. Que todos tenemos distintas potencias y que lo importante ya no es el resultado sino el intento. Ya no hay buenas y malas atmósferas, dirán, sólo hay atmósferas, múltiples, diversas, todas bellas, todas válidas.
Tú aprenderás a burlarte de estas personas porque así es como hablan los aficionados, y los aficionados merecen ser humillados por aquellos que han aprendido a componer una buena atmósfera.
Es que a veces no entiendo nada y me siento perdido.
Si no lo intuyes, si realmente no tienes idea, imita a los grandes. Ve con Poe, Conrad, Rulfo. Imítalos hasta que se te entuma la mano. Imítalos sin piedad. Si practicas diario, con el tiempo, algo vas a aprender.
Creo que quiero escribir una buena atmósfera.
Dilo con convicción.
¡Quiero escribir una buena atmósfera!
Bien. Ahora ve y tírate a un pozo. Cae de cabeza en un balde de materia oscura. Déjate ahogar y sal preñado. Sé un recién nacido y que la falta de luz sea tu guía. Berrea de miedo y arroja tus colores insólitos contra los muros de una buena atmósfera.
Manitas calientes
Dijo el Diablo a los esquimales:
La nieve no es nieve.
Ellos lo miraron sin decir nada.
La nieve es más que nieve.
O bueno, dijo, al leer sus caras,
la nieve no es una,
es mil y una.
Algunos ya daban señales,
de incredulidad
o aburrimiento
así que el Diablo
comenzó a bailar tap
y a cantar que:
La nieve es
la caspa del Diablo
en el smoking
de un albino.
La nieve es
la sal apelmazada
en el polo sur
de un salero.
La nieve es
la cal que Dios
arroja con una pala
sobre la tumba del mundo.
La nieve es el esperma que deja el mar
en las sábanas de un motel
donde la mucama se harta
y renuncia.
La nieve es la huelga de los colores
que se rehúsan
a salir de la cama
hasta que mejore el tiempo.
La nieve es la piel
de una nación
fantasma
llamada
anhedonia.
De Blitz (filodecaballos, 2013)
Pereza
Los domingos me visitan las ideas simples,
yo las llevo al jardín donde ellas se sientan
en sillas de mimbre y en hamacas
y sacan sus abanicos orientales
(tigres, aves, ideogramas).
Les pregunto qué hay de nuevo
y ellas gorjean y cantan himnos.
Alaban el diseño hexagonal de las colmenas.
Hablan de círculos
y cosas circulares
(el sol,
los ríos,
el vacío entre los mundos).
Hablan de la pereza con respeto,
dicen que está en todo
y colabora estrechamente con el tiempo
(también circular).
Luego dicen, el mundo es un genio frugal,
una colmena es casi un sol.
Les pido me expliquen eso;
según ellas
la perfección de una colmena es tal
que de seguir creciendo
y acumulando hexágonos
derivaría a la larga
en una esfera.
Pongo cara de asombro
aunque luego recuerdo que eso
ya lo había oído antes.
Las ideas simples continúan
y concluyen—
sin la pereza
no existiría lo redondo.
Piensa en dónde estarías, me dicen,
sin la Pereza y sus frutos.
Marilyn Monroe nunca habría existido,
ni nadie o nada como ella.
Piensa en ello.
Pienso en ello
y siento que estoy en deuda con la Pereza.
(Luego pienso, me gusta más Lauren Bacall,
que es menos redonda,
pero vale, entiendo su argumento.)
A lo largo de su visita
las ideas simples no han dejado de agitar sus abanicos.
Ya es casi noche y esos tigres, esas aves,
esas manchas de tinta
no dejan de debatirse en sus jaulas de papel,
como el ojo se debate detrás del párpado cuando duerme.
Clara Rockmore
“La mente es un cañón”, dice Felicia.
“Un vientre abombado donde el mundo retumba
y los equívocos arman rascacielos
con periódico y engrudo”.
¿Cuál cañón?, le digo, ¿el geológico o el militar?
“Ambos, ambos”.
Luego añade:
“Deja te enseño”.
La vieja casetera se echa a andar
y la imagino como la última carreta
de una caravana perdida en el Dust Bowl,
California or Bust
pintado en el toldo con letras de brea.
La cinta de Felicia
comienza con un gis
(o siseo)
pringoso
que pareciera responder a mi capricho de la gran sequía
con el sonido de una gran ventisca.
Felicia se repite.
“La mente es un cañón,
un vientre abombado
de engrudo y rascacielos”.
De la ventisca negra va saliendo una canción exhausta.
Hay un ir y venir de pequeños accidentes
que viajan en pequeñas lanchas
y con pequeños esquíes
hacen ochos
sobre la superficie de un lago.
“La mente es un pueblo fantasma
que los ingenieros inundaron
para construir una presa hidroeléctrica”.
Glub glub,
me voy hundiendo
en las aguas heladas
de la canción exhausta.
Conmigo descienden más objetos,
todos envueltos en tela
y atados con hilo
(como aquel Enigma
de Isidore Ducasse,
según lo recuerdo).
“La mente es un ático y las arañas las arquitectas.
En su inventario hay baratijas hechas de tierra
nervio
hilo
y ectoplasma.
Escucha lo que digo:
La mente es un lugar íntimo
sólo en relación directa
a su hermetismo.
Pero
debemos discernir, algunos ataúdes
son más hospitalarios que otros.
La persecución de lo íntimo,
de aquello que es recóndito y privado,
nos obliga a vivir en criptas,
pero he aquí la cuestión:
¿Es preferible
un sepulcro bellamente amueblado
o un cielo abierto
de desolación infinita?”.
La voz de Felicia suena desde una gran distancia,
como perdida en un bosque
guardado en una enciclopedia.
Me siento obligado a responder.
Felicia espera, supongo, que yo diga algo.
Imagino entonces
que mi voz atraviesa el espacio,
radiotransmitida por los conductos de este universo
tan parecido en mi mente
a un diorama escolar.
Cuando mi voz llega
a una repetidora satelital,
su cabeza de pescado
ulula
y pone a bailar a esa constelación de telarañas
que yo entiendo como el sistema nervioso
de algún tipo de dragón
(por darle alguna forma)
ni del todo vivo
ni del todo muerto.
De entre todos los fantasmas, escojo el de Mesmer
para pintar mi piedad
y ponerlo a los pies de Clara Rockmore,
ángel de carne radiante
que toca el theremín
y flota en el éter.
Siento que la imagen necesita un lema
:
He ido al país solitario. Es un cielo hecho de gasa
donde cuelgan los muertos.
(Suena el siseo de la cinta magnética)
Creo que Felicia dice algo
pero ya me gana el sopor.
Dormito un rato.
Me arrulla el siseo de la gasa
donde cuelgan los muertos.
Despierto, no sé, digamos que
un minuto después.
Felicia espera, supongo, que yo diga algo.
¿Se habrá dado cuenta de que yo dormía?
Creo que ya perdí el hilo.
No quiero ser grosero,
así que me lanzo
casi a ciegas
y entono
:
“La mente es la radiografía de un cielo azul y negro…
…Hoy está despejado”.
El borrador es la victoria del sol
Dijo haberlo perdido en la última mudanza
aquel retrato de familia
anterior a la muerte de su hermano.
Era la canícula y era un día de campo.
Uno blandía una rama de alerce y decía:
“hoy voy a matar un oso”,
pero no había osos a la redonda,
así que puso su atención en los abedules
y preguntó en voz alta:
“¿Por qué estos árboles tienen ojos en el tronco?”.
Su hermana menor le dijo:
“Son espías del diablo. No dejes que te vean sin pantalones”,
así que tomó su rama de alerce
y se puso a golpearlos.
Otro recolectaba piedras y las comparaba.
Decía: “ésta es buena, ésta no”.
Luego se las daba al más chico,
que las lanzaba al estanque con maestría,
logrando múltiples botes y
pegándole a múltiples patos.
La hermana mayor los observaba a todos desde un montículo.
Cuando reía, su risa rodaba hacia abajo
y se metía en los arbustos.
Había un vértigo verde en el oído,
tierra roja,
un pronunciado talud.
Estaba también el sol, que coronaba al gran laurel de la India
bajo el cual se había sentado la familia en círculo.
Dijo que lamentaba haber perdido aquel retrato
pero que lamentaba más irlo olvidando,
que en su mente el sol era un péndulo con un borrador en la punta
y que con cada vaivén
se los iba llevando a todos.
Dijo que a la larga habían muerto unos
y otros se habían ido a vivir lejos;
dijo que en todo caso ya nadie era el mismo.
Ya nada quedaba de aquello
excepto el sol,
que seguía coronando al laurel
y borrando todo lo demás.
En su recuerdo del retrato,
el sol seguía igual que antes.
De Un gran accidente (BongoBooks, 2017/3pies, 2018)
La lección de canto
Hablando del Cangrejo,
querido niño
…¿sabías que sus pinzas
son así
sólo por ti?
Su forma es el fruto que cae de un árbol;
el árbol sale del amor
entre la Gravedad
y las curvas del mundo
por el que hoy resbalas contento.
Pero ese amor es más que
sonrisas
entre una pelota
y una señora invisible.
También hay que tomar en cuenta
el costal cobrizo
donde caben todas las cosas
con las que los amantes
arman al cangrejo.
Podrá parecerte, la envoltura de un molusco,
demasiado brusca
y te preguntarás cómo pueden dormir así.
con la armadura puesta.
Es normal que pienses
que es mejor tener piel de niño
que piel de cangrejo
pero no debes sentir pena por él.
Él es feliz siendo lo que es pues no sabe
que se puede ser otra cosa.
¿Sabes que un cangrejo es como un suéter
tejido por una anciana?
Sólo que no está hecho de estambre sino de
enlaces químicos
que van enredados del cuello unos con otros.
Es una familia de enanos
bailando alrededor del fuego
en un claro del bosque.
Cada uno tiene un nombre
y una opinión sincera
sobre cuál es la mejor manera
de asar malvaviscos.
La forma de la pinza es admirable.
Quiero que aprendas a verla.
No es nada fea, lo que pasa es que tiene
un gran corazón, el cangrejo,
y su amor se le sale por las pinzas.
Parece un gran accidente, tal vez.
Una cadena montañosa
en un planeta lejano donde todos se odian.
Pero esto es porque el cangrejo, te digo,
quiere mucho al mundo
y cuando lo coge ya no quiere dejarlo ir.
Es como cuando yo te agarro
y te detengo
y te levanto alto sobre el altar de mármol.
Recuerda la capilla junto al mar:
tenía una cúpula, tenía una bóveda,
y su nervadura era tan bella
como las pinzas de un cangrejo.
Si el cangrejo te levantara sobre el altar,
es verdad,
te cortaría en dos
-¡snip!-
te cortaría en dos aquí, por la cintura.
Pero eso es sólo porque el cangrejo te quiere mucho
y te quiere cerca, para poder admirarte.
Sabes, su amor viene desde un lugar muy lejano.
Viene con demasiada fuerza.
Y sus manos cortan.
Y tu piel es suave.
Por eso hay que darle las gracias.
La forma de sus pinzas es un tributo
a tu propia forma,que es divina.
Y todos queremos coger a Dios
y ya nunca dejarlo ir.
Ahora, mírame bien.Yo también tengo un corazón,
querido niño.
A mí también
podrías aprender a mirarme.
Pues cuando te levanto alto
y te sostengo
mi pulso es firme.
El dorso de mi mano es rugoso
y cuando oscurece
mi puño podría aplastar cualquier pinza.
Pero mis palmas son suaves.
Sí, mi corazón no es tan grande
como el de un cangrejo,
pero mis palmas son suaves.
Mis manos son así
sólo por ti.
La risa de un cascabel
Ya es hora de ponerte guapo,
vamos a la tintorería.
El encargado dice que
la suciedad es el ritornello de todas las cosas.
Hay que preguntarle qué es eso.
No sabe.
La empresa le dijo que se lo aprendiera.
Ya vamos bajando.
Cuánto mide el pozo, a ti qué más te da
cuánto mide el pozo.
Te morirías tres veces de espanto antes de llegar al fondo
si te aventáramos.
Cuánto tiempo llevamos,
llevamos un chingo,
eones llevamos.
A ti qué te importa el tiempo,
hay que bajar
y hay que hacerlo con cuidado.
Estate sosiego.
Tranquilo, hombre,
qué te angustia.
Vale la pena,
claro que vale la pena,
ya verás cuando lleguemos.
Todo está listo,
te van a recibir con gongs y todo eso.
De hecho le están pegando al gong desde que naciste
pero tú no lo escuchas
por el ruido de los motores.
La risa de un cascabel, qué es eso.
Cuál insomnio.
Ah, te daba insomnio.
Escuchabas un cascabel reírse.
Ey, igual era el gong.
O el latir de la sangre en tus oídos.
Mira, ya no falta tanto,
ve por la ventana:
esos son los bárbaros,
esas son las sirenas,
y ese fulgor rojo sobre las montañas,
esas son las bombas.
Eduardo Padilla (1976, Vancouver; radicado en León, Guanajuato) es un poeta que no solo domina el arte de la palabra, y muy bien, claro. Estudió cine en Guadalajara y ha visto tantas películas como es posible. Como guionista, se destaca en Gusano Juicio, un divertido aunque incisivo canal de YouTube; además, hace año y cachito, con Everardo Felipe, estrenaron Gizmo, un policial vintage psicodélico con el gran poeta Julián Herbert como actor principal. En el terreno musical, produce una música casi indescriptible, anticlimática, antimelódica, disonante, chillona, hipnótica; pueden encontrar su alterego musical en SoundCloud como Undiddley & Molloy. ¿Y qué de su poesía entonces? Ninguna obra puede escapar de su creador. O al menos, ninguna puede escaparse tan lejos… Sus versos cautivantes muestran con precisión, nos conminan a reflexionar, a ser piojo, cangrejo, caspa en el smoking de un albino. Nos silban la congoja, pero también nos dan una palmadita en el hombro: ánimo, joven, que todo está jodidamente jodido, pero usted no lo resolverá. Para los lectores de la revista, he preparado una variopinta selección de toda su obra, que espero que disfruten tanto como yo.



