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Federico de la Riva

  • Foto del escritor: poesiaon
    poesiaon
  • hace 6 días
  • 5 Min. de lectura

Poemas de los libros siestario (salta el pez 2019) y La persistencia de las moscas (salta el pez 2023)

1-

no le tenés miedo a la muerte

que es lo que siempre avanza

al moho en las cosas

la vida en el moho

si pudiéramos verlo de cerca

una manta de hilos verde se teje lentamente

en la galletita mordida

en la mesa de luz

 

5-

este silencio

de saber el lugar preciso

donde va cada cosa sin tener que preguntarnos

como arqueólogos que arman el esqueleto de un animal

no inventamos nada

aprendimos a seguir el orden 

 

8-

en esta oscuridad

donde nos reina

el menor de los destellos

 

9-

la luz de las persianas

cae sobre las sábanas

crecen escamas de luz en tu piel

brasas de sol que podés tocar

sin quemarte podés

de acá no irte nunca

 

animal de pelaje resplandeciente

el nido es la penumbra donde cerrar los ojos

12-

se va derritiendo la vela que me regalaste

como tripas blancas en la mesa

si pudiera decirte que veo otra cosa

te diría

mirá

un animal de pelo blanco dormido a la luz del fuego

en la tibieza

poder señalarte su piel de nieve que no se derrite

pero se derrite

y me voy quedando a oscuras

 

en el parpadeo de la llama

veo sus venas

 

 

13-

abro los ojos en la oscuridad

empiezo a reconocer las formas

lo que amenaza también tiene puntas redondas

la luz

podría doler la luz de un soldador en su tarea

de hacer coincidir la unión de las cosas

con tus cosas sin poder ver de cerca eso que funde

y como todo

se va enfriando

 

14-

tus párpados caen hojas que no levantan los vientos

vamos a dormir peregrinos de toda luz


Poemas inéditos de Los hombres y yo


1.

Señores,

hemos perdido la elegancia, sí

pero

con qué gozo recogemos la diminuta metáfora

esa que nace con fuerza animal

la lengua de la madre lamiendo esa fina capa que envuelve la placenta

también es una desesperación carnívora

y nos envuelve

porque todo está hecho del mismo músculo

lo que nos diferencia de los animales es esto tan específico

que buscamos descomponer en partes

hasta volverlas inútiles de lo pequeñas

nombrar el movimiento de las alas de una mariposa

es un verbo tan intrascendente

pero también nos hemos ocupado de él: aleteo

decimos con la ternura necesaria de quien está a punto de abandonar un lugar

mejor es concentrarnos en desviar la atención al decir

habrá que inventar nuevas formas de ver

en vez de

seguiremos diseccionando la parte de la parte

porque de eso se trata descubrir

llegar al punto justo del cansancio

y seguir

 

3.

Puedo sospechar

(es esa mi prerrogativa ¿no?)

que veré siempre de lejos el brillo de los hombres

la amalgama de escamas plateadas de ese cardumen sigiloso que avanza

dando escupitajos

porque ellos son bravos en la hora de la guerra

que es siempre cualquier hora

cualquier acercamiento a la pregunta

¿este planeta nos queda chico, verdad?

yo pienso que sí pero ustedes

a qué galaxia tan lejana e inalcanzable dirigiremos la nave

sin corregir el rumbo

nunca

porque de equivocarnos hemos aprendido

a distinguir esa luminosidad artificial tan radioactiva

tan eléctrica es nuestra excitación

cuando todo vuelve a funcionar

eso que hemos fabricado

retoma su melodía de cajita musical

y nos adormece

y no nos distrae, en el fondo,

de nada

 

4.

Hombre envidioso de la máquina, eres tan blando por dentro

tu resistencia encuentra siempre el límite

y tú lo llamas:

umbral del dolor

como si una puerta ricamente adornada se abriera paso a tu debilidad

y fuese una elección pasar del otro lado

hombre de la calculadora,

por más preciso que sea tu dedo presionando la tecla, llevas la semilla del error

en tí

y en mí

eso que llamas con belleza error estadístico

esa piedra en tu zapato que molesta tu andar

soy

quien señala con dulzura el contorno de tu cuerpo

soy quien te susurra

tu estado será siempre un intermedio

ni máquina ni árbol capaz de arder estoico en tu lugar

hombre de la huella débil sobre el cemento,

nada se marca a tu paso

mejor,

vuelve pronto a casa

 

5.

Y pensar que sí: hay una cantidad imprecisa

(pero contabilizable)

en cada hombre

en mí

un porcentaje de polvo de estrellas se suspende en cada célula viva

el espacio es infinito

pero

¿dónde empieza su alma? podría iniciar un interrogatorio

frenar a ese hombre que camina desprevenido por la calle y ver su fe teñirse del color de la tierra

polvo somos le diría con una voz muy grave

con un ademán que implique

/microorganismos se encargarán de desmantelar nuestro cuerpo con un cuidado biológico/

¿ha visto usted desmantelar un edificio alguna vez?

no hablo de llenarlo de explosivos y verlo reventar

hablo de cuidadosamente aflojar

ladrillo por ladrillo

tomarse el tiempo y la prolijidad necesaria

para construir

un vacío

 

 

7.

Todo en la naturaleza es de una lucidez tan simple

y superior al hombre

del libre albedrío hemos aprendido esto:

la corriente me arrastra hacia una obediencia natural, sí, pero desmedida

en mí que soy capaz de aferrarme a la piedra que permite un descanso del río

¿a dónde me he llevado?

a no reconocer esta demostración de entereza

las hormigas caminan y su objetivo importa más que la idea de que un leve soplido pueda borrarlas

así de insignificante es el lugar que ocupa en su diminuta cabeza

la muerte es algo tan simple, sí

pero

el regir de su conducta coordinada

se ve tan rigurosa su fuerza

tan prolija

 

 

9.

Y ahí está

el llamado del hombre corriendo en libertad

como el animal salvaje que es pero

claro,

ahora domesticado

ahora es un pájaro prolijo en su melodía

no escarba buscando lombrices en el suelo

en su jaula que está alta y segura

su voz se derrama

y dice algo tan irrelevante

pero ya no

ya no es capaz de enfurecerme

he perdido ese brillo en la mirada

me recuerdo: los hombres nunca han sido el faro

no fueron el mar

ni la tierra en el horizonte

los hombres son la fatiga del barco

el crujido de la madera al que se acostumbran nuestros oídos

así

tan paulatinamente

 

10.

Será un final de ciclo maravilloso

ver el ocaso del conocimiento

como todo lo que puede medirse,

un poco menos

todos los días

un poco más este depositar silencio de nuestra confianza en las máquinas

como una comunión donde la fina lámina de pan

es pasarle la posta al fin

(con los animales no hemos podido)

una antorcha de fuego transparente que incendia

estas ganas de que alguien más se haga cargo pero no en algún momento

sino ahora

dejar en suspenso nuestra inteligencia

un merecido descanso

y

tal vez

obnubilarnos nuevamente por el ritmo biológico

de nuestras respiraciones

sin empañar estos vidrios que nos contienen

escuchar

la suficiente prueba de vida

que nos deje

en paz


Federico de la Riva: 5 de noviembre de 1984, Buenos Aires. Criado en La Panpa. En 2012 empezó una clínica de obra con el escritor Bruno Petroni, clínica en la que escribió todos sus libros. Obra: Diccionario Poético Rural (2017, Ed. El Ojo del Mármol); Siestario (2019, Ed. Salta el Pez); maleza (2020, Ed. El Vendedor de Tierra) y La persistencia de las moscas (2023, Ed. Salta el Pez).



 
 
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