top of page

Fernando Molle

  • Foto del escritor: poesiaon
    poesiaon
  • 4 may
  • 7 Min. de lectura

Antología poética


de Borrado para siempre (Barnacle, 2024)

 

Fotos de la tarde fría

 

El fósil es un cuerpo astral

Ezequiel Martínez Estrada

 

(…)

 

El color real de esa tarde lejana         

De esa tarde fría

 

Los pasos duros         entre ramas rotas

 

Cazando en el frío

Caminando

 

 

El frío en los huesos

La temperatura del aire en la boca

 

          El tiempo               aquí                  el día entero      

      

                         Todo lo que dure                    la tarde fría

 

 

(…)

 

La excavación de la tarde

de ese Neardental pelirrojo

 

Sus pasos registrados

en el monte oscurecido

 

La reconstrucción milimétrica

de esas horas heladas

 

Un paso de ese Neardental

Cada huella en la nieve

 

Cada nube y cada nube

duplicada en sus pupilas

 

La conciencia

de esa nube oscura           

 

     El color visto       del cielo congelado

 

(…)

 

El nombre verdadero

de ese Neardental pelirrojo

 

La posibilidad

de mirarlo de frente

 

La cicatriz

por encima de la boca

 

La cantidad de dientes sanos

El espacio oscuro entre los dientes

 

El olor de frente   

                      El aliento  

 

 

  

 de Los contarios (Zindo & Gafuri, 2015) 

 

 El cielorraso

 

Los que duermen habitan mundos separados;

los que están despiertos, el mismo.

Heráclito

 

Despertamos en la casa.

 

 

En la casa edificada y derrumbada

la mañana que no empieza y se termina.

 

En la casa cerrada desde siempre.

En la casa nunca vista.

 

 

Despertamos.

 

 

Con los perros ajenos que nos miran

cuando estábamos dormidos.

 

Los perros que ladraban

cuando abrimos los ojos hacia el techo.

 

 

La mujer desconocida tumbada a nuestro lado.

La niña soviética en su cuarto.

 

La rubia mujer desconocida

La niña en su cuna despertando.

 

 

Despertamos en la casa

diseñada y borrada en cada aliento.

 

Bajo un techo perforado que nos mira

circular por sus pasillos repetidos.

 

 

En la casa levantada con esfuerzo.

En la casa demolida.

 

Durmiendo sobre nada bajo cielo. 

Con el aire.

 

 

La mujer tumbada a nuestro lado.

Los perros dormidos que ladraban.

 

La niña soviética en su cuna.

Despertando.

 

 

Despertamos en un cielo aureolado de galaxias

que nos mira desplazarnos por el suelo.

 

En un fondo extraterrestre y poliforme

a trescientos años luz del cielorraso.

 

 

Sin paredes.

En la cama paralela.

 

Bajo el techo transparente que nos mira seguir vivos.

Sobre el piso vertical inacabable.

 

 

La niña y la mujer desconocidas.

 

Los ojos abiertos hacia el cielo.

 

Los perros dormidos que ladraban.            

     

 

El horizonte

 

Por ese nombre.

Por lo que seas.

 

Con lo de uno

Por lo de todos.

 

Hoy y mañana.

Desde la cuna.

 

Para mis hijos.

En nuestro nombre.

 

Porque ya lo sabías.

De mucho antes.

 

 

 

De lo de uno.

Por lo de todos.

 

Para la vista.

El horizonte.

 

En cada metro.

En cada hectárea.

 

Por ese nombre.

Desde la cuna.

 

Cada minuto más.

Cada segundo.

 

Por todo lo que reste.

Por lo que seas.

 

Mientras crecías.

Hoy y mañana.

 

Sabiendo dónde.

Sabiendo cuándo.

 

 

 

Pude firmarla.

No figuraba.

 

No figuraste.

No consultaron.

 

Sólo a tu nombre.

Firma de antes.

 

Para mi cuna.

Sabiendo cuándo.

 

Dentro del plazo

Por adelantado.

 

Siempre podrías.

Hoy o mañana.

 

Mientras crecimos.

Mientras no supimos.

 

Porque sabías

Sabías cómo.

 

 

 

Por esos alazanes.

Por esa huella.

 

Por esas casuarinas.

Por esos benteveos.

 

Por esa galería.

Por esos candelabros.

 

Por esos cuadros.

Por ese padre y madre.

 

Con lo sumado ya.

Cada mañana.

 

Cada minuto más.

Cada segundo.

 

Multiplicado.

De mucho antes.

 

El horizonte.

Desde la cuna.

 

Por lo que seas.

Multiplicado.

 

Porque sabías.

Sabías cómo.

 

 

de Del libro (Vox, 2008)

De la lectura del libro

 

Libro es doble ojo que se inclina

para mirar a pique en mundo plano

vida que la vida no le alquila.

 

Libro es el lector, y si respira

se imprime a lo que lea continuado;

la página que sigue, nuevo día.

 

Libro es el contrato no leído:

cerrado, al otro libro no termina.

 

 

De cómo reemplaza al que lo lee

 

Minuto a su favor se cobra libro

en fijo plazo a página invertida;

postizo por un tiempo da su día,

y alumbra bajo techo en quien lo lea.

 

Sentado, quien se inclina a su aventura,

en rápido renglón consume y mira

su día y otro día que él reúne

en punto ciego, fecha que termina.

 

Leído cada día, menos hora;

vivida cada hora, menos vida.

 

 

De si al libro solamente le incumbe su verdad

 

Si el libro sólo es cierto para el libro,

verdad de vida página no guarda,

ni vara sale de él que tase día.

 

¿Patrón que vida mide en libro aguarda?

¿La vida en él verdad leída entiende?

¿O el libro sólo es cierto para el libro?

 

 

de La revoltija (Vox, 1999)

 

Catálogo de hijos (fragmentos)

 

(…)

 

Soporta las pantuflas la banqueta

con el control en el sillón de caña

de la pantalla a medio metro Madre

que alquila al hijo y lo inserta

en la video sentada en el cuarto

y avanza y retrocede al hijo

que emerge anaranjado

debajo de la letras ascendentes

al comando del descapotable canjeado

-su camperón al viento que agita

la ruta la playa las palmeras-

que aparcará en una sola toma

frente al cartel del Motel Mogambo

 

...............................................................................................................................

 

Paredes cama circular donde las novias

cerraron con llave el cuarto de al lado

para cegar al hijo con los focos

azulados en el cuarto rebotando

en la ropa de cuero rebotando

en las pupilas del hijo y en el iris

de sentada lo mira en la salita

 

Giran la cama

y la bocha bailanté de espejos

baja el gustito de aspirina a la garganta

vuelve de abajo para parar el coso

y ellas que se hamacan en el hijo

pellizca las carnes ofrecidas

por no caer a la moquette y confundirse

con lencería desparramada y el cablerío

de los eléctricos cuidan el foco

y a no perder el encuadre

-los tres culos

combinados con las caras

camufladas por los giratorios

cuadraditos luminosos de la bocha-

donde el afilador paró la bici y timbra

al portero que suspende

la cocción doradita de las tartas

...............................................................................................................................

 

(…)

 

Scones de la Madre

servidos esquivando

los cables curvados en el césped

en el jardín en la mansión del productor

 

A un costado los actores

en elementales batas charlan

para grabar los exteriores sin nada

sin dejar de especular por los efectos

de la brisa otoñal en los prepucios

o de si el pastito dentrará en el surco

 

Y larguen que empezamos a un costado

de la pelopincho de cemento desbichada

-ya que el ganso filial cumplió su parte

de la letra chiquitita del contrato

 

(…)

 

...............................................................................................................................

 

Y en la ducha

con el control remoto por el agua tibiecito

Madre que se toca con la esponja

ahí donde el botón congela al hijo

ahí en el medio donde el hijo cumple

la letra chiquitita del contrato

 

Madre con la esponja

que hacia la entrepierna araña

y llega hasta el gustito vibrante del tembleque

hasta la pausa del recuerdo congelado:

del hijo que toma (en la video)

su Primera Comunión donde los libros

con esfuerzo del primer día de clases

donde la esponja sube por la pierna

y toca las tres cuadras de la mano hasta el colegio

la estufa quemando a la mañana

las bufandas los inviernos de Larrea

 

Todas las tardes

solo en el cuarto de al lado

sobre la cama matrimonial las migas

frente al sonido del blanco y negro

de las vainillas del Suncutrule

la tarde entera esperando

a sus fotos de colegiala

que sonríen apoyadas (en la tele)

a esperarla volver del ministerio

 

Y al apagar la luz  todas las noches

el rumor de su cuarto que ilumina

en el pasillo al acostarnos el perfume

de sus mejillas en la almohada (en la video)

para apagar y dormirnos con un beso

con el clic desde el control bajo la ducha

y rebobinar al hijo y devolverlo

al catálogo

 

antes de cerrar bien con candado el cabarute

y de guardarnos el jardín del productor

y de dormir y despertarnos con un beso

 

 

 

de El despertador y el sordo (Del dock, 1995; Barnacle, 2025)

 

Lluvia delgada de los Hércules

 

 

CONFIRMADO:

llueven capocómicos del cielo, Comandante.

 

Bajan en paracaídas naranjas de los Hércules

del Sindicato de Artistas de Variedades,

que los trajo de los Institutos de Rebaja de Panza

(cerca de la Antártida Peruana),

donde no comieron nada cuatro meses.

 

Tanta seriedad por perforar

hacia atrás y hacia atrás los cinturones

impide la alegría de la gente que no vino:

 

Nicho de los ojos saltones de la risa mortífera

confiada en el propio vientre enorme piensa Polo.

 

Por eso tirarse de los Hércules,

desarmar paracaídas,

y entrar en los subtes,

y tocar charango y soplar moviendo el sikus

para que los pasajeros corroboren el color de su calzado.

 

Por eso las monedas insertas en las gorras

no suman los kilos necesarios

para aumentar el cuerpo de

los capocómicos tocando

para la risa de la gente que no vino.

 

 

Entrada para Mario

 

Todas pero todas las butacas ocupadas

para el V Congreso Sobre Mario.

 

Imposible caballero,

hablar con propiedad del mismo sin entrada.

 

Los revendedores prosperaron en la puerta,

y corren a las sastrerías, discutiendo

a los gritos la influencia de los medios,

para renovar por fin sus guardarropas.

 

Con las pilas confirmadas,

se inician las ponencias:

Buenas noches dice Néstor Astarita,

delante de Mario enorme y plano,

ocupando la pared fuera de foco,

hasta corregir el proyector del Instituto,

 

mientras sastres armenios, con la tiza,

concentrados como el jugo de los micros,

dibujan ambos sobre los cachos de tela

de los revendedores aislados en su espejo.

 

Van a terminar borrachos, de etiqueta,

vomitando en sus palieres compartidos,

ante los alaridos

de sus concubinas,

mencionados en las circulares de consorcio.

 

¡Qué distintos suenan

en el ojo de pescado

de la mirilla de sus vecinos catamarqueños!

 

 

Hacia los kioscos

 

Y vamos a aceitarnos y a entrenar a los kioscos,

adonde el canillita

exhibe sin destreza las revistas de forzudos.

 

Tomados de la mano a las poleas,

las pesas en color cerca del póster de nosotros;

en franco culturismo,

vamos a aceitarnos y a entrenar entre los diarios,

 

dice Molina, más robusto que hace un rato,

guiñando al camarógrafo alfeñique:

 

Somos ballenas humanistas

que reclaman su cachet por lo nadado.


Fernando Molle (Buenos Aires, 1968). Publicó El despertador y el sordo (Ediciones del Dock, 1995, Barnacle, 2025, prólogo de Leónidas Lamborghini), La revoltija (Siesta, 1999), Del libro (Vox, 2008, Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes), Los contrarios (Zindo & Gafuri, 2015) y Borrado para siempre (Barnacle, 2024)

Coordina talleres de lectura y escritura en el C.C. Rojas (UBA) y en forma privada desde hace más de veinte años. Es Diplomado en Bibliotecología y trabaja como bibliotecario en el nivel terciario. Durante la década del 2000 ejerció el periodismo cultural. En la actualidad escribe ocasionalmente sobre literatura en diversos medios digitales.



 
 
bottom of page