top of page

Sergio Leandro

  • Foto del escritor: poesiaon
    poesiaon
  • 2 mar
  • 8 Min. de lectura

Antología poética

1

Descarga su lluvia el cielo,

da los astros, la luna, el sol,

para que aquí

junto a los tuyos

peregrines y alces tus historias

 

como quien deja una flor

al cuidado de los vientos.

 

3

¿Podrán las antiguas almas,

del otro lado de la pared de niebla, recordar,

así como hacemos nosotros aquí,

recordar los nombres que en su tiempo vistieron?

 

¿Sentir en el abrazo de agua,

todos los ríos que sus cuerpos encendidos bañaron?

 

Crepitan amaneceres

en las pupilas de todas las criaturas,

sus finísimas hendijas guardan

partículas de luz

que desde el sol viajan a la tierra

cada día de los días.

 

7

Toda música vive ahí, quietísima,

en el silencio

así la música del mundo.

 

¿Qué es el tiempo sino

una revelación ardiente

sobre la arena?

 

Esta sombra no es más que

un canto que nos recuerda lo fugaz.

 

Oh, con qué fulgores de estrellas

teje su soledad mi alma.

 

Ya se abrazan sobre esta vieja tierra

las nuevas sombras,

obscuras sombras adoradas

no olviden en su gesto sobre el mundo

a quienes aquí vertieron sus lágrimas

y temblaron así, así mismo,

igual que nosotros hoy,

ante la belleza y el asombro.

 

Nadie canta sin la estirpe que le antecede.

 

22

¿Es acaso este halo lunar

que tan profundo y brillante envuelve

el sueño de todas las criaturas?

 

¿Cómo es?

 

Aquí regurgitan las canciones,

los silencios,

las noches en vela.

 

Nos abrazan las muertes y tantos nacimientos.

 

Teje la mano del tiempo todos los destinos.

 

La sangre, cielo mío, nos canta.

 

33

1

Quedan abiertos los designios.

¿Será escrito que mi luz se irá en tus ojos?

 

¿Así como quedamente la tarde deja caer las luces

que cultivó durante el día y luego

retuvo hasta ésta, su más alta hora?

 

¿Será que mi mirada brilla

donde cuidas tu jardín de estrellas?

 

¿He de esperar un siglo más para volverte a ver?

¿En otra luna, igual a esta, que torna en plata hasta

el más mínimo encanto que trae la noche?

¿Hasta dónde mi corazón fundirá las letras de tu

nombre en sus obscuras fraguas?

2

Están cayendo mis últimas visiones.

Oh, mi bien, mi cielo amado,

apenas te distingo entre la implacable niebla

y allá a lo lejos corre la delgadísima línea del alba

siento tus manos acariciar mi rostro

y tus ojos, oh, tus ojos

 

más hondos que todos los abismos y barrancos

en los que ha vivido mi alma

 

palabra alguna logrará abrir mis labios.

ESTE SILENCIO ES LA MÁS SAGRADA MÚSICA

 

Vete ya,

 

el rocío cubrió todas las flores.

 

Hálito (Barnacle, 2022)

 

1

-No hay nadie en estas tumbas.

 

-¿Qué dices?

 

-Es un hecho.

¿o acaso crees que el yo soy,

es los huesos, la descomposición del cuerpo?

 

Observa bien estos espacios de aire

sea la muerte así, un susurro lúcido una música a su tiempo.

 

-¿Entonces qué atrapamos?

 

-¿Qué?, ¿acaso no lo sabes aún?

 

Nubes de sueños

y suceda así

que alguna palabra ilumine

esta caída constante, no hay más.

Mientras:

temblaban en el aire

las hojas desprendidas.

 

5

 

-Cantan una misma canción

estos huesos enterrados.

 

-¿Ah, sí?, ¿y cuál canción es esa?

 

-Cantan que en el río bajo el río

las voces envuelven antiguos azahares,

algo así, una persistencia que se esfuma

 

una delicada ausencia que persiste,

diría, tan levísima que apenas;

aquello que siempre.

 

-¿Te has percatado que tú y yo somos

dos aves trinando

en la rama de este viejo framboyán?

 

-¿Cuándo se romperá esa piedra?

quiero decir: ¿cuándo se abrirá de aire preciso

y se incline el silencio así, a abrir, diría, un poco más este sueño?

 

Un desliz de luna,

un viento:

este paseo entre las tumbas.

 

9

 

-Oye, te voy a decir

qué hay en estas tumbas.

 

Llenas están de mañanas únicas

hasta los bordes

de despedidas, de formas de amar,

de olvido están llenas

de abrazos dados y no,

tonos de voz, formas de caminar,

sueños caídos

y manos, sí,

están llenas de manos

que tocaron el mundo.

Hete aquí que,

todo esto, mi pequeño, es sólo una forma de decir,

ya bien lo sabes. Acaso un arrojo siquiera a inclinarse

ante la fugaz insistencia del tiempo o aquello que nunca.

 

18

 

-¿Has visto? Parecen luces

lo que desde aquí son gotas de olvidos.

 

-Es que la noche habla

en la dureza de la piedra.

 

Un bloque

sobre otro bloque

 

corazón que se parte y ya

no tiene casa.

 

-¿Nadie llama a tu sombra?

 

¿Quién puede ofrecer

agua para tu alta sed y un

cielo para tu sueño?

 

-Sólo hay silencio en esta mano

y sobre la otra,

silencio también

 

cae la noche

sobre los ojos abiertos.

 

35

 

-Todo está roto aquí.

 

-Sí. Cada uno de los cuerpos

y las cosas lo está.

 

¿Cuál es tu asombro?

 

-Oh, no,

sólo se llevan mis ojos

las aguas del río

y la luna que flota su reflejo.

 

¿Dónde caen tus aguas?

 

-Allá, más allá

de la caricia de la luz,

donde los cuervos graznan su canción

a las puertas de la noche,

lejos del olvido

que guardan y sostienen

estas tumbas.

 

El río silencioso

que discurre aquí abajo

da forma a los paisajes del mundo

mas talla sus cuerpos y colores

del otro lado

de la visión que da la luz.

 

Te dije:

 

la mano que trae

los granos de arena

es infinita.

 

-Sí, lo recuerdo.

 

-Y está rodeada

de todo el cielo, el mar

y la tierra.

 

-Sí.

-¿Vas a dejar caer

en el espacio

la lágrima que atraviesa

el centro mismo del dolor?

 

-¿Para eso hacemos las tumbas?

 

-Oh no, las tumbas son para el olvido,

eso ya lo sabes.

 

-Entonces

pondré mi llanto aquí

donde descansan

las luces de la tarde.

 

Un paseo entre las tumbas (edición de autor ,2023)

 

Es en la aurora que

 

Es en la aurora que

un trabajo se desgrana

 

mientras suenan los retazos del sueño

y el cielo

que acumuló de luces en la noche

 

derrama

como cantos en vértices

 

coronas aladas

al descanso de tu pecho, amor mío,

 

duerme, que apenas aclara.

 

 

Si miras desde aquí

 

Si miras desde aquí

cómo es que sube desde los aromas

delicada luz que al alba inicia

 

y sintieras, de ser posible,

 

los millares de lirios 

que la noche,

en su abertura

 

impregnara así tu sueño

 

de este lado de la distancia

sea una abierta canción que se despliega?

 

Si miras desde aquí

nada salva esta distancia que siempre

 

y será

desde entonces

una diversión de lazos infinitos?

 

sea tal vez

una pronunciada música

sobre la fuga

 

y dónde darás tu amor?

 

dónde alcanzarás tu corazón

al alba que se inquieta y se abre

y de tan profunda trae

un encanto que es misterio y amor

y dulce muerte desplegada?

 

Sea, salmista, a tus ojos

toda maravilla y todo horror

 

y sea así en la luz

que derrama tu cántaro.

 

 

Durante toda la mañana

 

Durante toda la mañana discurrieron en la luz,

“pequeñas gracias”

que en correspondencia acaso con las sombras

se hacían como de un milagro

sobre los sueños de los paseantes

entre las calles de la ciudad.

 

La música 

que la noche inclina

descansa

llevada en aires por las “pequeñas gracias”

y en asomos de 

delicadísimos instantes

inaugura sus tonos y encantos

y el salmista

que mirando al cielo pregunta

o discurre sus visiones al aire

mientras más abre su silencio 

a que lo invada

en esa hora

una, algo así, precisión, se diría,

algo cierto tal vez hoy.

 

Llegan al redil

las “pequeñas gracias”

tocan liras de aire los ojos

cuando se destellan en la luz

 

y algo de lo que siempre ha sido

se revela en este tiempo hoy

 

y entre los intersticios

de la manera en que descansa y se recorta la luz

a lo largo del día

se arrojan de músicas

las “pequeñas gracias”

dispuestas…dispuestas.

 

 

Es en una oración de campanillas

 

Es en una oración de campanillas

o apenas luciérnagas en la noche

que se abre, diríamos así, se abre,

al silencio

el corazón del salmista

mientras hila

y de qué finísimas maneras hila

unas alusiones, unos indicios,

que se derraman silentes

sobre el sueño de todos aquí,

aquí, 

donde la piedra es piedra

y el agua canto.

 

Se inclina al silencio el salmista

y si acaso fuera, a la hoja,

al blanco de la hoja

y se brindaran así como en un vértice

destellos del cielo o apenas recuerdos

que son nubes

lirios que abren sobre un sinfín de amaneceres.

 

Cruzan el cielo

las aves de mi sueño

 

y se figuran de espanto

ante la miseria y el horror

 

mas hilan,

y lo ves,

hilan desde allá

 

unas casi

delicadezas a decir aquí

y es un apremio

que al salmista recoge 

en una zozobra

en una ilación transparente de músicas sobre su nombre

 

dando así

quién sabe qué figuras

o un corro de luces

mas

dando así

unos apuros

unas urgencias

 

de delicada acentuación

de ilusiones precisas

y amores que son

las dichas

que resplandecen

al correr lento de la tarde

y en el descanso también, sí, 

del cielo

sobre los ojos del salmista

y tú

que aquí

abres su nombre

con tanto amor 

que das, en brotes tan tiernos,

unos cariños ciertos

a decir…a decir.

 

 

Cómo has de tender tu alma

 

¿Cómo has de tender tu alma, salmista,

cómo has de brindarte así?

 

No temas la muerte

cuando canta frente a ti

el río inmenso de la vida

 

mas todo se abre

y se cierra

 

y muere

y vive

 

y se vuelve sobre sí

como una canción

sobre la música del inicio

 

sería acaso una insistencia de amor sobre la flor?

 

o el golpe de agua sobre la piedra en el río?

 

Ha de ser de esta distancia

toda la música del mundo

 

y ha de ser, también,

cada una de tus palabras, salmista,

 

y ha de ser esta, tu inclinación a las letras

 

en la distancia

sobre la distancia…siempre

 

… mas quien aquí se brinde así

de amor y de muerte

a decir todo este paso fugaz 

que se inclina de lluvias

 

ya tú lo sabes

y tu corazón lo sabe

 

de tu palabra, salmista,

un canto,

un canto que al aire fuera

como el río informa la tierra de su amor.

 

 

Dentro del sueño

 

Dentro del sueño

el salmista

dentro del salmista

el sueño

 

río de la noche que descansa su cariño

río de la noche que abre de músicas

tonalidades casi que indecibles del todo

 

y una apertura será

que llene de gracias el día?

 

Dentro del sueño

el salmista

dentro del salmista

el sueño

 

y fuera entonces en la “vigilia”

que se diera en un tono de brillo silente

la crecida del río de la noche

 

su música 

su amor

 

y dónde tu corazón se abriera de músicas

frente al paso de la luz?

 

cómo es que vives

entre un “aquí” y un “allá”?

 

dónde descansan los ríos de la noche

cuando recorres las calles de tu ciudad y ves

el desamparo, la miseria y el hambre?

 

dónde será entonces

una apertura

que entre músicas traiga

un cariño cierto sobre esta distancia?

 

mas toma nota, salmista,

que el pez dorado

brinca y se desliza

 

en la corriente

en la corriente…

Sueño y vigilia del salmista, (Barnacle, 2025)


Sergio Leandro nació en la ciudad de Cienfuegos, Cuba, en 1981. Poeta. Ha publicado los siguientes libros: Hálito (Barnacle, 2022); Un paseo entre las tumbas (2023 edición de autor); y Sueño y vigilia del salmista, (Barnacle, 2025)



 
 

Entradas recientes

Ver todo
bottom of page