Virginia Caramés.
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Antología poética
De Aves, moscas y otras máquinas (Barnacle, 2023)
Desfloración
El traspié [Un desastre]
Los reflejos se fraccionan, la luz enloquece
-para acá-para allá-
El plano inmaculado se macula, se rompe.
La mosca embustera engaña al pez.
Picó.
La mosca falsa, la estúpida mosca
y el cuerpecito frío y brillante se contonea furioso
-te engañaron-
Fue la mosca que rompió el plano de la superficie
Los círculos concéntricos / el embuste / la confusión.
La mosca liviana y burda, la no mosca,
ni cerca de una mosca,
eso,
apenas del peso de una mosca, que toca el plano,
el punto sobre el plano y
ahí la hecatombe confunde al pez
que pica, que se sacude,
que salpica, que.
La luz ociosa se descompone ahora
en tantas partes como fragmentos de agua se disparan
sin reglas. El agua ya está rota.
Habrá que esperar /
esperar a que muera el pez /
a que jalen del cordel /
a que salga. Que salga el pez,
la mosca,
el cordel
/ que al fin tiren
/ que termine.
Habrá que esperar que se calme / que no llueva.
Corderos
Ahí los tenés
Son los que fueron feroces
El solcito invernal los dulcifica
/ los amansa
Ahí los tenés
Corderos entre corderos
una avenida de espumosos corderos
Cuántos entre los corderos habrán
rasgado lo intocable
Cuántos habrán cascado las tinajas, derramado
el agua
Cuántos en el barro mezclado con furia
andan hoy abrazados
Ahí van
/ mansos
pisando hojas secas
La duda
Si te digo retazos
Arrugados
Guardados en los pliegues
Si te digo ayer ayer
Ayer más o menos
Anteayer
Anoche
Si te digo ante todo
Hoy
Si la evocación me dibuja sentada
Tres cuartos perfil derecho
De pie
Decúbito dorsal
Abrazada a una idea como a un hijo
Acurrucada en un hueco
A paso firme y en una esquina
dudando.
Hormiga no
No hay hormiga
No hay afán
de rumorosas piedras que se chocan
avieso leñador que tala el hilo
del astro
hasta cortarlo hasta
verlo caer
al camino de
la tierra yerma
Inevitable es el estruendo el fogonazo la extinción
Se aplaca el polvo
Se apaga el coloso se
pudre como un queso
torvo
Fue todo noche es decir nada
Es decir espíritu
Miró la intemperie la sal
Solo él y su hacha
Me pregunto por el leñador
Por la hormiga es decir
Por el mundo
La Niña
I (Teatro griego)
Y la niña
La niña
Vuelve una, otra vez
Di tu ditirambo
¡Dilo!
—Pasado, abstente ya de lo mío.
II
¿Cuál es la niña?
La Niña es todas las niñas
Como todas las vírgenes, la misma virgen
La expectante
La abandonada
La chispeante
La zonza
La cuchi cuchi
La amorosa
La hija de la pavota
La inteligente
La mosca de letrina
La bienamada
La.
III
El barro que modelo
queda pegado a mis manos.
Junto las manos abiertas
enfrento las palmas -las junto
Manos para orar
-la oración no se produce-
No hay oración porque entre las palmas de mis manos hay barro
Si tuviera las letras,
las del mensajero
¿las escribiría en el barro?
…
pasaría la lengua sobre la tiza,
sobre las letras de tiza que escribiera el mensajero
hasta hacer una pasta áspera de tiza en mi boca
¡La consustanciación de las letras! -las divinas-
¿Sería entonces yo el Golem?
¿Volvería al polvo pero antes sería barro?
Los trazos mezclados, humedecidos
vueltos materia informe, digeridos.
El santo nombre
Uno de los santos nombres dispersado en mi cuerpo…
¿Desearía entonces perderme en ociosos pensamientos
/tanto como ahora quiero apartarme de ellos?
IV
Las rezadoras seglares
Las mujeres de negro
Las sincronizadas
Un engranaje que impulsa la punta de sus pulgares/
que hace circular bola a bola,
la cadena que norma el rezo
Toco tus cuentas, toco.
Toco tus vértebras, toco.
El rosario de tu espalda.
Toco.
De Bloque de hueso (Del Dock, 2025)
Cibeles
Pudiendo convertir todo
elegir todo ¿Por qué no otra especie?
caballo… toro…
en vez de generar el daño
de guiar su mano hacia el afilado destino
Él, el sujeto del daño
que se vuelve nada
simulando nada
“Que los dioses detengan mi mano
que hagan mi mano errática
Que los dioses hagan que llegue, mi mano
confundida,
al pecho.
Que los dioses empujen mi mano errada
Que la estampida de pájaros, que por el grito,
que por el golpe, que por la sangre, huyeron,
se vuelvan viento que borre.”
“Azota a los leones de mi carro”
¡Arre! podría decir que dice
El acero que no se detuvo
el afán de yerro
el acierto
¡Que sean caballos! Que sea hombre completo
Danza al ritmo de la Diosa
Danza con funestos acordes
El brillo,
el acero que lo espeja
que no se reconoce en aquello que lo espeja
Cierro la boca ardiente
(tengo aún la llave)
Todo alrededor solloza
El insoportable presagio torna en vuelo de pájaros
Las luces como perros
ya saben su destino
Él, el verdugo elegido
Él, el acero inclaudicable
Él, ejecutor y víctima
Ya saben su destino,
miran de reojo, los dioses, por los resquicios
de las luces como perros
Debe ser él el verdugo, no un perro enardecido,
él.
El acero preciso emergerá intacto
El filo liso y sin queja
Las luces gruñendo como perros
El filo, liso, emergerá con la mácula evidente
Dejará rodar la gema,
el centro estricto,
lo imborrable.
Quedó en la tierra la jauría que se fue apagando
Quedó en la tierra,
en los fogonazos últimos
que irán secando
la baba sagrada.
La Diosa vencedora
no quiere ver la carne cercenada, no quiere
ver la estúpida venganza
no quiere ver sobre la tierra (no debe)
¿Recogerá la Diosa, la daga?
Él es ya agua mansa
¡Anda, Atis,
sube al carro,
azota a los leones!
Variaciones Storni I
Casta al alba,
en la raíz roída con dientes mellados
Las manos, la corola,
viejos los huesos en tierra mojada
Si en pájaros rojos fueras tornado
Amarga la raíz, negros los engaños y alba la envoltura
Las copas, las mieles, nublarían tus pámpanos
Cómo es que ¿me quieres? Negra en los jardines
Lista en el banquete
¿de labios morados?
Vuelta de los bosques
Saciada en las rosas
Será pretendida
Mi encendida azucena
Negra, negra en la noche
Casta en el alba.
Variaciones Storni II
Dónde, cuando la carne
de los hombres sin arraigo,
correré puños en alto
Debo
con los dedos
Debo
separar los párpados
hasta que las raíces lleguen
del cielo a la casa
Con los dedos
Con sus uñas que crecen
que crecen
Cuando el universo se desmembra
—o no se desmembra—
mis ojos estarán rojos
Mis ojos que ceden
No te duermas,
cuéntame los cabellos.
A W.C.W.
Ella condensa-lleva
la claridad consigo
Como si
de tus ciruelas dependiera
deliciosas, frías
Mientras tanto en el balcón los malvones
van y vienen
Bandada
Del muro de los lamentos
desprendiéronse
por millares
papelitos que un viento levantó.
Una ráfaga descomunal los trajo.
Estorninos blancos,
eso parecían.
Bandadas sincrónicas.
Plegarias convertidas en puntos de una masa danzante.
Mi rezo
se elevaba con dificultad entre los seres-rezos
que se multiplicaban.
Rezos en mitosis.
Cada uno se convertía en dos, en cuatro…
Mi rezo se abría camino.
No era ni tan fuerte
ni tan blanco,
no pudo atravesar semejante coreografía.
Taparon el sol, tantos eran.
Calculo que engulleron mi oración.
Se disiparon hacia el oeste.
Evidencias
Huellas débiles
muros desvencijados
Quiebres sostenidos con grampas
Microscopios, pinceles de pelo de marta
Personas enguantadas
se ocupan de las huellas
Las huellas mórbidas se deshacen
He aquí este pequeño trozo
que prueba que fuimos
que fueron
que de ellos somos
o de ellos son
Y todo se fuga, no obstante,
lento y pertinaz.
La pared y el fantasma
Tan laborioso como necio supo ser el fantasma.
Como no tenía dotes mágicas,
en albañil de su pared devino. Apuró
el enfilado de los ladrillos antes del atardecer.
Su cálculo estrafalario
fue atajar la noche de modo que
su naturaleza trocara en hombre. Invocó
con ímpetu admirable a quién sabe qué deidades.
El obstinado no supo medir su súplica. En todo se equivocó.
Aún así, sin lógica o razón, le fue concedida
la cristalización de su figura.
Cerrado el salterio y acalladas las Vísperas, el pobre infeliz
se parapetó frente a su pared.
Interpretó como sombra lo que en realidad era noche
y, como a veces pasa,
nada es más vulnerable que el sortilegio mal dirigido.
El que quiso ser un hombre, les pareció a algunos
el niño-momia de Llullaillaco y otros vieron
en el despojo acurrucado y seco al pie de la pared,
al hombre calcinado de Pompeya.
Poseer una sombra, tal vez, le hubiera bastado.
Instrucciones para comer una magdalena
No hay modo de recordar en el vacío
Haga la prueba
Verá
En el vacío todo cae, insensible, a igual velocidad
Los recuerdos se desmoronan sin ton ni son
y hacen unas montañitas en el fondo
que parecen hormigueros
En el vacío no hay fricción
no hay resistencia ni aceleración:
no hay matices
Póngase el guardapolvo, agarre la lupa
vea el tubo vertical por donde se despeñan (sin ton ni son)
los recuerdos blandos
lisos
que se igualan
que bajan como copos
¿Los ve?
¿Los ve amontonarse en el fondo así nomás?
Esos no son recuerdos tonales
No tienen espesor
No tienen masa
No tienen espinas
No pueden modelarse a su antojo (al suyo, digo)
¿Quién querría, dígame, tener esos recuerdos poligrillos?
Inéditos
I
El taxidermista recibe una lengua muerta.
II
con cuál palabra
con cuál exacta perfecta palabra
es menester buscar
palabras perfectas
es menester elegir
la palabra perfecta y
que sea exacta
saber (cómo saber) cómo
se dijo la vez primera y así
lograr la prístina iteración
no aproximar
sólo Un decir
conciliar por la palabra
un Trento de efecto centrífugo
en un mundo polarizado
conciliamos o caemos
en el abismo del cisma
es menester echar un lazo
a las palabras perfectas
amontonarlas
custodiarlas
las palabras como ratas
se escabullen por los agujeros
ruedan por cualquier lado
se aparean
las fornicadoras engendran
palabras mestizas
las palabras-ratas indomables
asolan poblados
entran a las tabernas
comen ruidosamente
comen con la boca abierta
eructan
se esparcen como monedas
en manos de cualquiera
las palabras-ratas-monedas
una moneda mata al cordero blanquísimo
una moneda mata al hijo
otra dicta una sentencia
una cae en manos de un francés que la derrite con sus ácidos
una moneda se posa en la lengua de un pecador
se disuelve
el poder del dinero consustanciado
El Bosco resuelve el tránsito de las monedas y
Judas no llega a usar las suyas
llegan a Trento carromatos
cargados de tragamonedas
los monjes recogen sus sotanas
apuran sus limosneras
accionan las palancas.
VARIACIONES STORNI VI
Cuando altos y bajos cantan
Cuando con flacos y ventrudos
con niños y mujeres, cantan
Cuando hombres de abigarrado aspecto cantan
Cuando en el aire “¡Oh Pureza!” cantan
“¡Oh Sinfonía clara!” cantan ¿quiénes?
Cuando la astuta y el traidor cantan
La hechicera, el ladrón, la ramera, cantan
Cuando entre cartones de oro
Cuando en el escenario cantan
Cuando el coro es uno
y es noble su canto
En el coro ¿quiénes?
Cuando entonan ¿quiénes? “¡Oh Pureza!”
Cuando las notas
¿quiénes?
El arte,
dije,
los ignora.
Virginia Caramés (La Plata, Pcia. de Buenos Aires. Vive en Buenos Aires)
Publicó la novela Las cuerdas de Jacobo (Barnacle, 2024); y los poemarios Aves, moscas y otras máquinas (Barnacle, 2023); Bloque de hueso (Del Dock, 2025). Tiene en proceso de edición la novela Elisa Brulet - suite de sus cosas diversas y emparentadas-.
También se desempeña en artes visuales: escultura (monumento a Pappo en CABA), trabajos de talla de piedra, arcilla, orfebrería, joyería, escenografía, trabajos de arte textil que forman parte de los catálogos y salones del Centro Argentino de Arte Textil, participó en muestras colectivas de escultura y fue ayudante en el curso de extensión universitaria en la Escuela de Posgrado en arte “E. de la Cárcova”.
Actualmente coordina el grupo de lectura de poesía El Aparejo.



