Rocío Medina
- poesiaon

- 19 jun
- 5 min de lectura
Antología poética
campo1. (Del lat. campus ‘terreno llano’, ‘campo de batalla’.) m. Ondea el campo donde no quiero que esté. Me miran y acribillan los espinillos. Me fuerzan a crecer con ellos. Florezco empequeñecida en amarillo, toda torcida por el viento que me arrastró hasta acá.
Hay un campo que no es campo que me rodea. Me mira. Hay bichos extraños, con luces, que parpadean y me miran. Caminos en trilla por donde piso en falso y las baldosas me mojan los pies después que llueve.
Los árboles me enferman. Respiro hondo y no respiro. No florezco en amarillo.
Hay un campo que no es campo donde los bichos corren y se esconden sin saber de qué.
Hay un campo que no es campo donde no escucho a los perros ladrar ni puedo ver el sol salir. Los bichos mugen de una forma rarísima. No les entiendo nada. No me dicen nada.
Hay un campo que no es campo que nos rodea. No nos deja pastar. No nos deja salir.
Poema 5
La piel convertida en camposanto
trabajado con mi boca
y regado por el pelo que llueve
sobre los surcos de tu cuerpo.
Un locus amoenus que recorro
explorando la extensión
del lugar donde quiero morir.
Tus bosques,
tus praderas
y tus frutos.
Césped donde dormitar
hasta convertirme en raíz.
Poema 6
Con un facón me abriste el pecho
se me resquebrajaron las costillas
y descubriste mi interior.
Supiste que mi corazón no es más
que una achura abichada
y me dejaste así
abierta
para que me comieran los bichos y las moscas.
Poema 11
Nosotros,
nuestros propios otros,
que nunca vimos una avalancha
y desconocemos el poder del ombú
nuestro
que cae partido.
Poema 12
El campo arde
porque lo arden los hombres.
No hay bicho que vuele el campo
no hay bicho que coma el campo
porque los hombres lo arden.
El horizonte ennegrece
dicen
para que crezca más fuerte.
Más sano crecerá el campo
si lo quemamos todo
que nazca de nuevo
ese campo yermo
que ya no nos alimenta
que el dolor lo eduque
y que el fuego lo consuma todo.
Poema 17
Mentir
hasta ser un monumento
una gran avenida
cargada de jacarandás.
Malsangrar los pueblos
hacerlos mierda, digo
hasta ser un busto
un cuartel
la calle en la que duermen
mugrientos
los sintecho.
O trabajar la palabra
el afecto
arar la ensoñación
el mimo
la furia.
Hasta ser la salita
de una biblioteca de barrio
el epígrafe de un poema adolescente.
Poema 27
¿Cómo será que existe el mundo y no revienta?
Si yo tengo el cuerpo acalambrado,
las chapas voladas
y los muros caídos.
¿Cómo será que existe el mundo y no se vuela?
¿Qué es esa masa que se atrae a sí misma
y no se vuela?
Si yo tengo la erosión hasta en la sangre
y me desintegro con la lluvia.
¿Cómo será que el mundo se soporta?
A mí se me caen los dientes
y el mundo sigue ahí,
anclado y sublime en su existencia,
mientras,
mi cuerpo acalambrado y desdentado
pregunta y pregunta.
Mamá, ¿cómo será que existe el mundo?
porque yo no entiendo ese gigante
ahí plantado que me mira, mamá.
Y qué mentira querer escribirlo,
si el mundo está ahí
y no le importa que se me pudra la boca.
Qué mentira describir en lo más mínimo
o expresar en lo más profundo
si los dientes se me van a caer igual,
mamá.
De Herrumbrada (2024, Editorial La Coqueta, poemario ganador del Premio Ópera Prima en Poesía de los Premios Nacionales de Literatura INLET / MEC)
Dedos
Sienten la suavidad de mis pies. Mi piel es nueva. Sus manos son cálidas y me agarran con delicadeza. Este dedito compró un huevito. Este dedito lo cocinó. Este dedito lo fue pelando. Este dedito lo fue salando y este gordo tragón se lo comió. Se abalanzan sobre mí y nuestras risas están en cada rincón. Somos tres y somos felices.
La oveja
Rociarás la sangre de ellos sobre el altar
y quemarás la grosura de ellos,
ofrenda encendida de olor grato a Jehová.
Números 18:17
Se cuelga al animal de las patas en algún armazón lo suficientemente fuerte para aguantar su última pelea. Se clava un cuchillo en lo profundo de la garganta y, mientras sigue balando, lengua afuera, se coloca un balde para que drene la sangre con los espasmos finales.
Luego, se le clava otra faca en lo hondo del vientre y en otro balde se dejan caer las primeras tripas. El aire se invade de olor a pasto digerido, regurgitado por la rumia.
Estas son las achuras, me dijeron, mientras apretaban con una mano el intestino de la oveja para que salieran las bolitas de mierda verde. Con esto de acá se hace el choto, dijeron, y toqué la tibieza de las tripas mientras los deditos se me hundían en la viscosidad.
Cuando se llevaron a la oveja yo quedé allí, mirando un cadáver que no estaba, sintiendo en el aire lo ferroso y visceral, con los ojos velados por la muerte.
El ahogado
Si todos los ríos están conectados, mi padre está en el Río de la Plata. Río de la Plata, río Negro, río Tacuarembó a la altura del puente de Ansina. No quiero que esté en el Plata para
darme consejos, saber mi vida o contarle mis problemas mientras honro su memoria. Tampoco escupirle al Plata como si fuera el rostro de mi padre. Si todos los ríos están conectados, mi padre está en el Río de la Plata. Solo para saber que está allí.
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir.
Jorge Manrique
De Estampitas de la hija pródiga (2025, Editorial Pez en el hielo)
Textos inéditos
12)
cuando suenen las campanas sabré que la novia de Dios ha muerto
entonces la protección de su estirpe morirá con ella
Dios abandonará a los que hicieron sangrar su vientre
su furia recaerá sobre sus hijos y nietos
no habrá palabra, símbolo o rito que sirva para proteger de la condena
con su novia muerta, Dios habrá cumplido la promesa
ella vivirá a su lado
y ya nadie podrá velar por su linaje
en la tierra, sus hijos verán abrirse las puertas del infierno
y las fauces del dios cumplirán su palabra
cada pecado tendrá su castigo
cada acción tendrá su consecuencia
no habrá círculo de sal
ni piel llena de santos grabados en huesos ajenos
nada nos protegerá de su ira
o será acaso que cuando suenen las campanas
–porque la novia de Dios habrá de morir–
no suceda nada
ni fuego, ni azufre, ni plagas
la suerte continuará igual
y las cenizas de la novia
serán tierra para siempre
14)
qué muerte silenciará la estampida
o domará lo indómito
qué fuerza cerrará los ojos abiertos de la vida
lejos lejos
el eco
un leve murmullo
de falsas profecías
que oyes desatenta
aquí
cerca muy cerca
guardas tu secreto:
un pulso oscuro
el empuje que te sostiene
temperamento
Rocío Medina (Durazno, Uruguay, 2000). Poeta y profesora de Literatura. En 2024 publicó su primer libro, el poemario Herrumbrada (La Coqueta), con el que obtuvo el Premio Ópera Prima de los Premios a las Letras 2025. En 2025 publicó la novela Estampitas de la hija pródiga (Pez en el hielo). También ha sido antologada en diversas publicaciones, impartido talleres literarios y gestionado actividades culturales.



