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Viviana Gonzales

  • Foto del escritor: poesiaon
    poesiaon
  • 5 jun
  • 8 min de lectura

Antología poética


De Taxúma en el Monte de los Olivos (Editorial Pampanegra. Chile, 2025)

 

 

En Palestina la muerte es súbita,

instantánea,

constante,

ocurre entre respiros.

Mohammed El-Kurd

 

 

 

En la llama tierna de este fuego

la tarde es un pabellón mesopotámico

de luz entre las aguas del tigris.

 

Negra agua en que converge la noche

mi silencio es el nombre de dios.

 

Desde el nudo ciego de mi garganta

excavo la vergüenza porque la tierra arde

hoy

entre los 2 cabos                                y un golfo

esa extensión de mar que ahoga el rezo

de mis silencios

mientras la costa es una masa terrestre

enlutecida por cuerpos

de mujeres y niños.

 

Me he quedado en silencio.

En silencio ante los verdugos del Miedo.

La U grandísima de un fiordo

me invita a ocultar mi cabeza

que no merece perdón del dios padre

ni del dios hijo.

El espíritu santo pasa convertido en ardilla

en el jardín de mi casa

en texas.

 

Los han acusado de crímenes de guerra

mientras preparo el desayuno

con huevos panes y mermelada.

 

Señor mío colócame entre los justos;

les dimos el Libro explícito                           y

ellos eligieron el camino

de laverguenza y lasmentiras

señorperdónanosporquesísabíamosloquehacíamos.

 

El café está servido

khatam Allah ealaa qulubihim waealaa sameihim[1]

en esta mesa no hay lugar para los insensatos, ¡SEÑOR!

voy a levantarme

dejo tu alimento al lado de mi vergüenza.

 

 

De Te doy el tiempo de un zapato (Dogma Editorial, México, 2023)

 

I

dos niños esta tarde se desnudan

ante sus madres y acarician un cielo

que nunca más será

igual de celeste

 

especies de hombres en miniatura

carentes de ropaje

brindan manzanas a dos mujeres

no vírgenes

que luego reptarán sobre la tierra

 

encuentran su corazón en medio de la espuma

pecadoras en el delirio

se auto infringen castigos

–lo que hicieron                                 a quienes se negaron–

el placer

la carne

EL PECADO

los gemidos

y las sábanas rasgadas.

 

Golpean con sus manos la tierra

que se sacude con la marca del Séptimo Día.

 

Concluida la labor de parto

cualquier mujer se convierte

en hierba de campo

donde emigran las bestias.

Y así fue. Hizo Dios

las alimañas terrestres según su especie,

las bestias según su especie

 

tarde de invierno donde los corderos

en otros lugares del mundo buscan su rebaño

 

pecadoras redimidas

vuelven la vista y encuentran

–en medio del infierno–

a dos niños que

se desnudan esta tarde

 

“Porque tanto amó una madre al mundo

que no entregó jamás a su unigénito hijo”.

 

III

Con los pechos colgando desde la casa de Caifás

he tirado la primera piedra

y con mi lengua de serpiente                        

he dicho tu nombre

jactándome de mi inocencia.

 

Condéname dios                                            hijo de Hombre

 

desvirgada una y otra vez

mujer adúltera.

 

Juan,

Nadie puede recibir nada

si no se le ha dado del cielo.

 

Claudico

–tras varias caídas–

ante las puertas de Salomón

vestida de puta.

 

Hijo de Hombre o

dios

clava en mi tu lanza

para que emanen sangre y agua.

 

Yo oprimo la herida

y la lamo como un cordero HEMBRA

a sus crías.

Desierta

costilla vacía.

 

Maestro, vengo de Samaria

¿acaso tiene un minúsculo espacio

entre Sus brazos

para tomar mis culpas?

 

Meretriz en Palestina

vengo a buscar al Mesías

para que se procree conmigo

y dejemos una señal al mundo.

 

Me confieso

Yo, mujer de Samaria.

Hembra adúltera.

 

De Canto de un pájaro de fuego (Buenos Aires Poetry. Argentina, 2021)

 

Que alguien me diga cómo alcanzar a los dioses

 

 

Oh Dios de la mañana

de la tarde y de la noche

persigo tu olor a selva alta…

Mikeas Sánchez

 

 

 

Hay dioses que respiran madrugadas

ávidos de alzar en sus hombros mercancías humanas

elevar a los seglares

hijos del trueno

y curarlos de espanto.

 

 

Hay dioses sempiternos

que alcanzan menguantes por las noches

las jacarandas de lluvia

en sus mantos.

 

 

Dioses como hojarascas que hablan como nosotros

que cosen lunares y mejillas,

estrellas condescendientes

se esconden en mandiles y huapangos.

Dioses danzantes saltimbanquis,

reptiles y cucarachas

acaso también piedras luna

resataviados de luciérnagas

y esquites

comalitos diminutos

hongos de niño santo.

Hay hombres como yo

que persiguen la escalinata divina

para alcanzar a esos dioses que a veces

solo a veces

se hacen muy lejanos.

 

 

Una panza redonda como el mundo

Para Juan

 

¿Y conseguiste lo que querías en esta vida?

Raymond Carver

 

 

Establecida mi relación con el pájaro de la noche

anuncio el hallazgo del ojo que mira.

Juntos erigimos el mundo como una montaña para orar

con las voces del viento.

El traspatio no se alumbra con la sombra del ave.

 

 

Sobre el candil

relampaguean las horas con ninfas y tulipanes.

Amor, pon tu mano en mis senos

y alimentemos la yerba de mi sexo

 

 

abierta de pies y manos o

atada a tu miembro erecto

escondo el bulto/hogar con ventanas y portones.

Has de saber lo que se llama felicidad:

 

¡Navega en mis aguas!,

sumérgete como en una feria de pueblo,

dale al océano tu rastro,

luego pasaré

a tu habitación juvenil

para abrir cajones de plumas y cristales

donde guardas imágenes inundadas de espuma

rostros endemoniados que danzan junto a ti.

Recuerda que como hoy no me volverás a ver jamás.

Voy a lamer esta noche tu tintero,

encender la lámpara antes del trabajo.

Desvélate para narrar la historia.

He aquí tu creación:

un hijo.

 

Anuncio un nacimiento

y con él vislumbro

el miedo del agreste lobo adentrándose

en la espesura de un bosque en Ávila.

La hembra me mira exhausta.

Delato y condeno al demonio

devorador de ovejas en Tlalayote.

 

Con este nacimiento reafirmo la rotación de la tierra

y al sol como estrella resplandeciente.

 

Confirmo tu paso por el mundo:

sentí a un hombre entrar como un náufrago

por entre mis piernas

y lo vi salir hacia mis brazos.

 

Ave

 

ese liviano pájaro de luz

que arde y se nos escapa.

Idea Vilariño

 

 

Cae un pájaro y es llama de fuego en la tarde.

Durante el descenso nombra la órbita de su cuerpo,

el accionar de la fuerza de gravedad

y la mirada del último hombre sobre la tierra.

 

Cae y es piedra trazada en azul para acomodarse en el ocaso

y descifrar así a una mujer desnuda sentada a la orilla del mar.

 

En la mente de un pájaro que muere se extingue también la sonrisa

del último sobreviviente.

 

Hablo con esto que queda de él: nada,

salvo el pan que lo alimentaba.

 

De Hay un árbol de piedra en mi memoria (Premio Nacional de Literatura, Santa Cruz, Bolivia, 2019. Publicado en Gobierno Municipal de Santa Cruz, 2019.

 

Maldiciones a primera hora de la mañana

 

Desde una rabia trémula y  remota

sería bueno hacer trastabillar a la esperanza

en el claro de la aurora,

justo cuando toda tu historia pasa por tu versión

no te levantes,

maldícete

convoca las desventuras de tu pueblo

y utiliza su dolor como plegaria.

En el transparente sol de la mañana que atraviesa

la ventana sin cortinas de la habitación primera

no disimules tu egoísmo,

di que esto de vivir no es lo tuyo.

 

A fuerza ciega de nostalgia y arrepentimiento

quema veladoras por entre tus ropas,

lava encajes de porcelanas y vientres,

sacude sudores de pasados menguantes

y contémplate hostil y fatigada.

Agota a los individuos de tu espacio,

oríllales a la muerte tuya

que, aunque incrédulos, levanten

tu sepulcro;

carcajéate en el fondo de ellos,

maldícete de una vez y

cúlpale al miedo.

Maldícete con las cabezas rodantes

de tus enemigos

con el soplido de los cantos de cumpleaños,

con el pastel y la crema podridas,

con los muertos sin perdones

porque, claro está,

tú no perdonas.

 

Culpa entonces a la vejez de lo cotidiano

a las pláticas profanas con las doscientas cincuenta

madres redentoras

escúpeles su idiotez, su banal prosa

sus andrajos de invierno

su estúpida ayuda a los animales

su elocuente falta de sensatez.

 

No, la culpa no es tuya

por eso puedes seguir maldiciendo.

 

Acaba con el aliento

que el cuerpo y la sangre dejen de lado

su divinidad

para que aterricen junto a ti

en la espesura de la mierda

de tu mierda,

tu inconformidad.

 

Ahuyenta cenzontles y manatíes

tira por el baño la mágica llave

de tu descendencia

no perdones ofensas

insúltate después de los libros,

de las lecturas que podrás hacer a los sesenta

de tu predecible soledad.

 

Graba panfletos radicales

en tu modernidad

lleva el verbo tan extendido

de andarse buscando

radicaliza por favor

tu maldición

con espumas por tu boca

con estertores en tu vientre

con la llama hirviente del agua de la mañana.

 

¡Ah el todopoderoso!

rellena en caracolas pequeñas desesperanzas

planta un árbol galácteo en la montaña

no lo alcances nunca

y culpa por eso a tus padres

si acaso te queda venganza

lanza cuchillos en las cabezas

de las amoebas de acrílico.

 

No te levantes hoy

que sea de ti la palabra

y de ellos la desventura

es mejor que te acuestes

y ellos estampen en pasteles

tu espeluznante presencia

 

 

Inmóviles ante tu rabia

recobran su alianza divina y

sacuden al demonio que te habita.

 

Que sea de ti la palabra

que los dioses no se escondan

que hagan lo que tú dices

que te escuchen por esta vez

que Seth sea tu aliado

que la vida no entienda de sonrisas

que este canto te lleve por fin

entre maldiciones nauseabundas

a la muerte que tanto temes.

 

Inéditos, 2026.

 

Hijo, no silencies al olvido

llámalo de alguna forma

Jazmín, Hierba de San Juan,

Gabriela, Anaclara.

Nombra al olvido de alguna

manera

para que otros no la llamen

Historia

y la apelliden oficial.

 

Voleada la memoria

escrita la palabra

cabalga un guante en mi pecho.

 

Un guante a las dos

de la mañana

sobre Lincoln Avenue.

 

Un guante oveja.

Un guante cómplice.

Un guante máquina.

 

Yo lo entierro mientras

jugueteo con el teléfono.

 

Me la paso matando

dioses famélicos.

 

Un guante dios padre

hijo

marea.

 

Un guante policía

me mira

desde el fondo.


[1] 1 El Corán. Que el sello de Dios esté en sus corazones y que Él los perdone.


Viviana Gonzales (La Paz, Bolivia, 1985) es poeta, periodista, dramaturga y gestora cultural boliviana, nacionalizada mexicana. Licenciada en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid y Máster en Comunicación y Arte por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó estudios de especialización en conflictos armados en América Latina en la UNED y el Instituto Universitario Gutiérrez Mellado; además ha complementado su formación con talleres y diplomados en poesía, ensayo, escritura creativa y literatura en lenguas indígenas de México. Cuenta con más de quince años de experiencia en docencia literaria y en la enseñanza de escritura y lengua en distintos contextos culturales y educativos. Ha trabajado en el ámbito cultural y periodístico en instituciones y medios como el Museo Reina Sofía, Televisión Española y el diario El País en Madrid, España. Fue fundadora de Ítaca. Espacio de Arte, un centro cultural independiente en Ciudad de México.

Es autora de libros de poesía, Hay un árbol de piedra en mi memoria, Canto de un pájaro de fuego, Te doy el tiempo de un zapato y Taxúma en el Monte de los Olivos. Su libro Hay un árbol de piedra en mi memoria fue distinguido con el Premio Nacional de Literatura en Poesía Santa Cruz (Bolivia, 2019) y recibió la Medalla de Oro en los International Latino Book Awards (Estados Unidos, 2023).

Ha escrito obras de teatro: Yawarmanta; Las visitantes; Mamá tiene miedo, basada en el manuscrito poético del mismo nombre y presentada en 2024 en The City University of New York, en el marco de la International Multilingual Conference. Este año ha dirigido el proyecto creativo Intemperie, memorias de un viaje, un proceso creativo colectivo que surge de la pregunta ¿qué es un hombre en estos tiempos? Seis actores, bajo la dirección de Viviana, han escrito, montado y producido la obra que se presentó en el Festival Mix-Match en Houston en enero de 2026.

Este año se publicará Mamá tiene miedo en formato de libro álbum junto a la Universidad Autónoma de Monterrey.

Actualmente reside en Houston, Texas, donde continúa su labor creativa y docente.


 

 
 
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